"Hay sentimientos que no aparecen de repente. Crecen en silencio, hasta que un día alguien más intenta ocupar el lugar que creíamos solo nuestro."
Si alguien me hubiera preguntado en aquel momento qué era Axel para mí, habría respondido sin dudar:
—Mi mejor amigo.
Y habría sido verdad.
Al menos, la verdad que yo conocía.
Porque existía otra que todavía no era capaz de aceptar.
Una verdad que comenzó a revelarse una mañana cualquiera.
Todo empezó cuando llegué al salón y encontré una pequeña nota sobre mi escritorio.
Fruncí el ceño.
No era común que alguien dejara cosas allí.
La tomé entre mis manos y la abrí con curiosidad.
"Me gusta tu sonrisa."
Eso era todo.
Ni nombre.
Ni firma.
Ni ninguna pista.
—¿Qué es eso?
Levanté la vista.
Axel acababa de entrar al salón.
Llevaba el uniforme un poco desordenado, como de costumbre. Su cabello castaño claro seguía empeñado en ignorar cualquier intento de peinarlo y, apenas me vio, sonrió con esa naturalidad que parecía iluminar cualquier lugar.
Hasta que le entregué la nota.
La leyó una vez.
Luego otra.
Y una tercera.
Durante unos segundos no dijo absolutamente nada.
Después dobló el papel con cuidado y me lo devolvió.
—Qué raro.
—Eso dije yo.
—¿Quién la dejó?
—No tengo idea.
Intentó sonreír.
Pero aquella sonrisa fue distinta.
Más pequeña.
Como si hubiera tenido que obligarse a hacerla.
—Probablemente alguien aburrido.
No pude evitar reír.
—O alguien tímido.
—O alguien aburrido y tímido.
Volví a sonreír.
Sin embargo, algo en él había cambiado.
No parecía divertido.
Parecía... incómodo.
Durante toda la mañana lo noté más callado de lo normal.
Y eso era extraño.
Axel nunca estaba callado.
Jamás.
Cuando llegó el descanso caminamos hacia nuestra banca de siempre.
O al menos esa era la intención.
Porque apenas nos acercamos apareció un chico de otro curso.
Era un poco más alto que Axel.
Tenía el cabello oscuro, las manos escondidas en los bolsillos y una expresión tan nerviosa que parecía haber ensayado aquella conversación muchas veces.
—Hola, Samantha.
Lo miré confundida.
—Hola.
Sentí la mirada de Axel a mi lado.
No dijo nada.
Solo cruzó los brazos mientras esperaba.
—Soy Logan.
—Mucho gusto.
Logan respiró profundamente.
Como si estuviera reuniendo el valor suficiente.
—Solo quería decirte que... la nota fue mía.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿Qué nota?
—La que dejé esta mañana.
Ah.
Esa nota.
No supe qué responder.
Logan sonrió con timidez.
—Solo quería decirte que me pareces muy linda.
El tiempo pareció detenerse durante un instante.
Noté cómo un mechón de mi cabello negro caía sobre mi rostro. Lo acomodé detrás de la oreja casi por reflejo, intentando ocultar el calor que empezaba a subir a mis mejillas.
—Gracias...
Fue lo único que conseguí decir.
Logan sonrió otra vez.
—Bueno... nos vemos.
Y prácticamente salió corriendo.
Durante varios segundos permanecí inmóvil.
Sin saber qué pensar.
Hasta que escuché la voz de Axel.
—Bueno.
Giré la cabeza.
Permanecía apoyado contra la banca, con las manos en los bolsillos del pantalón. El viento desordenaba ligeramente su cabello castaño claro, pero él parecía no darse cuenta.
Sus ojos color café claro ya no tenían el brillo despreocupado de hacía unos minutos.
—¿Bueno qué?
—Parece que tienes admiradores.
Intentó sonar despreocupado.
Pero no lo consiguió.
—Axel...
—¿Qué?
—No empieces.
—Yo no estoy haciendo nada.
—Claro que sí.
—¿Ah, sí?
—Estás raro.
Él soltó una pequeña risa.
Demasiado corta.
—No estoy raro.
—Sí lo estás.
—No.
—Te conozco.
Durante unos segundos ninguno habló.
Después suspiró.
—Simplemente... no me cayó bien.
Fruncí el ceño.
—¿Logan?
—Sí.
—Pero si apenas habló contigo.
Se encogió de hombros.
—No importa.
—¿Entonces?
Axel bajó la mirada.
Tomó una pequeña piedra con la punta del zapato y la empujó distraídamente por el suelo.
—No lo sé.
Era evidente que había algo más.
Lo conocía lo suficiente para entenderlo.
Pero también lo conocía lo suficiente para saber que insistir no serviría de nada.
Así que cambié de tema.
Aunque una parte de mí siguió pensando en aquella conversación durante el resto del día.
Esa noche me encontré recordando una y otra vez lo ocurrido.
La nota.
Logan.
La expresión de Axel.
Y aquello fue lo que más me confundió.
Porque cuando Logan me dijo que era linda, apenas me había puesto nerviosa.
Pero cuando Axel parecía molesto...
Eso sí me había importado.
Muchísimo más de lo que debería.
Tomé el celular.
Justo en ese momento vibró.
Axel
¿Estás despierta, Tomatito?
Sonreí sin darme cuenta.
Sí.
La respuesta apareció enseguida.
Bien.
Esperé.
Con Axel siempre había un segundo mensaje.
Siempre.
Pasaron unos segundos.
Después un minuto.
Y finalmente la pantalla volvió a iluminarse.
No me gusta Logan.
Fruncí el ceño.
¿Por qué?
Esta vez tardó bastante más.
Tanto que pensé que ya no respondería.
Hasta que apareció un último mensaje.
No lo sé.
Me quedé observando aquellas tres palabras.
No eran una explicación.
Ni una respuesta.
Y, sin embargo, sentía que escondían algo.
Algo que ninguno de los dos parecía preparado para decir en voz alta.