Cuando las estrellas caen

Capitulo VII La peor y mejor pregunta del mundo Parte 3

—¿Entrando en pánico? —pregunté entre risas.

Axel dejó escapar un suspiro exagerado.

—Muchísimo.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía no saber qué hacer con las manos.

Se las pasaba por el cabello, las escondía en los bolsillos y volvía a sacarlas unos segundos después.

Era imposible no encontrarlo adorable.

Bajé nuevamente la vista hacia el examen.

—Pero... ¿por qué escribiste esto precisamente aquí?

Él soltó una risa nerviosa.

—Porque reprobé esa evaluación por tu culpa.

Levanté la cabeza de golpe.

—¿Mi culpa?

Asintió.

—Sí.

—Explícate porque eso sonó muy feo.

Axel respiró hondo.

—Cada vez que intentaba resolver un ejercicio...

Hizo una pausa y sonrió con vergüenza.

—...terminaba mirándote a ti.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

Él continuó hablando, ahora incapaz de detenerse.

—No podía concentrarme.

Solo pensaba en buscar cualquier excusa para hablar contigo.

En si te ibas a sentar a mi lado durante el descanso.

En si ibas a reírte de mis chistes.

En si volverías a llamarme insoportable.

Suspiró.

—Y, bueno...

Se encogió de hombros.

—Así terminé sacando un tres.

Nos quedamos en silencio.

Él abrió mucho los ojos.

Como si acabara de procesar lo que acababa de confesar.

—Bueno...

Lo miré sin poder evitar sonreír.

—Axel...

Se llevó una mano a la frente.

—Ya lo dije.

—Sí.

—No puedo hacer como que nunca pasó.

Negué con una pequeña risa.

—No.

—Fantástico.

Se dejó caer sobre la banca con dramatismo.

—Voy a cambiarme de identidad.

—¿Ah, sí?

—Me iré a vivir a una montaña.

—¿Con Sputnik?

Lo pensó un segundo.

—Con Sputnik.

No pude contener la risa.

Reí tanto que terminé cubriéndome la boca con ambas manos.

Axel negó con la cabeza.

—Definitivamente esto no estaba en mi plan.

—¿Cuál era tu plan?

—Que dijeras que sí antes de que hiciera el ridículo.

—Llegaste un poco tarde para eso.

—Gracias por tu apoyo emocional.

Lo observé unos segundos.

Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

Evitaba mirarme directamente.

Y, por primera vez, el chico que siempre tenía una respuesta para todo parecía completamente indefenso.

Nunca me había parecido tan bonito.

Bajé otra vez la vista hacia el examen.

En la parte inferior seguían esperándome las tres opciones.

◇Sí.

◇ No.

◇Tal vez.

A un lado descansaba un bolígrafo azul.

Lo tomé.

Axel dejó de respirar.

Podía sentir sus ojos sobre mí mientras acercaba lentamente la punta del bolígrafo al papel.

Sin decir una sola palabra...

Marqué una casilla.

Sí.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Axel observó el examen como si necesitara comprobar que aquello era real.

Luego me miró.

Después volvió a mirar el papel.

—Espera...

Su voz apenas fue un susurro.

—¿Eso significa...?

Sonreí.

—¿Tú qué crees?

Sus ojos color miel se iluminaron de una forma que jamás olvidaré.

La sonrisa apareció poco a poco en su rostro.

Primero tímida.

Después enorme.

Tan enorme que parecía incapaz de contenerla.

—¿En serio?

Asentí.

—En serio.

—¿Eres... mi novia?

No pude evitar reír.

—Sí, Axel.

Volvió a preguntar, todavía incrédulo.

—¿De verdad?

—¿Cuántas veces necesitas escucharlo?

—Las que hagan falta para convencerme de que no estoy soñando.

Negué con una sonrisa.

—Entonces sí.

Soy tu novia.

No esperó un segundo más.

Acortó la distancia entre nosotros y me envolvió en un abrazo.

Fue un abrazo cálido.

Sincero.

Uno de esos que hacen que el mundo entero desaparezca durante un instante.

Apoyé la cabeza sobre su hombro.

Podía escuchar el latido acelerado de su corazón.

Y sospechaba que el mío sonaba exactamente igual.

Él apoyó suavemente la barbilla sobre mi cabeza y murmuró, casi en un suspiro:

—Prometo hacer todo lo posible para que nunca te arrepientas de haber marcado ese "sí".

Sonreí sin que pudiera verme.

—Más te vale.

Los dos reímos.

Y mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de los edificios del colegio, comprendí que algunas historias de amor empiezan con flores.

Otras con cartas.

La nuestra comenzó con un examen reprobado de matemáticas.

Y, sinceramente...

No habría querido que fuera de ninguna otra manera.




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