Cuando las estrellas caen

Capitulo XIII La cena mas aterradora de su vida

"Hay personas a las que conquistas con palabras. Otras con gestos. Y algunas… con una conversación sobre fútbol."

Axel decía muchas tonterías.

Era un talento natural.

Pero una tarde descubrí que había algo capaz de asustarlo de verdad.

Conocer a mis padres.

—No voy a sobrevivir.

—Axel.

—Lo digo en serio.

—Solo vamos a cenar.

—Exacto.

—¿Y cuál es el problema?

—Tu papá.

Fruncí el ceño.

—Ni siquiera lo conoces.

—Precisamente.

—No tiene sentido.

—Tiene muchísimo sentido.

—No.

—Sí.

—Estrella Fugaz.

—Tomatito.

Suspiró.

—Estoy nervioso.

Y por primera vez desde que lo conocía, parecía estar diciendo la verdad.

La cena estaba programada para el sábado.

Durante toda la semana Axel actuó como si fuera a presentar el examen más importante de su vida.

—¿Qué le gusta a tu mamá?

—Leer.

—Perfecto.

—¿Por qué?

—Porque yo también leo.

—No.

—Bueno... a veces.

—Axel.

—Los subtítulos de las peliculas cuentan.

—No cuentan.

—Entonces estoy perdido.

Cuando llegó el sábado apareció frente a mi casa exactamente diez minutos antes.

Algo completamente inusual.

Axel nunca llegaba tan temprano.

Nunca.

Vestía una camisa azul oscuro.

Llevaba el cabello cuidadosamente peinado.

Y sostenía una pequeña bolsa de regalo.

—¿Qué es eso?

—Un detalle para tu mamá.

—¿Compraste algo?

—Sí.

—Axel...

—¿Qué?

—Estás entrando en pánico.

—Muchísimo.

No pude evitar reír.

Respiré hondo antes de abrir la puerta.

—Mamá... ya llegamos.

Mi madre apareció con una sonrisa cálida.

—Bienvenidos.

Axel quedó completamente inmóvil.

—Buenas tardes, señora.

—Buenas tardes.

Le sonrió con tanta naturalidad que él pareció relajarse apenas un poco.

—Soy Laura Becker.

—Muchísimo gusto, señora Becker.

Axel extendió la bolsa de regalo.

—Esto es para usted.

Mi mamá la recibió sorprendida.

—No era necesario.

—Quería agradecerle por invitarme.

Mi madre sonrió con ternura.

—Entonces tendré que abrirlo después de la cena.

Giró hacia mí.

—Samantha, ¿nos ayudas a servir?

Antes de que pudiera responder, una voz grave llegó desde el pasillo.

—Así que este es el famoso Axel.

Mi padre acababa de entrar.

Axel volvió a ponerse rígido.

—Buenas tardes, señor.

Mi padre se acercó.

Le extendió la mano.

—Jhon Becker.

Axel la estrechó con firmeza.

—Axel Fisher mucho gusto, señor Becker.

Mi papá lo observó durante unos segundos.

Luego sonrió apenas.

—He escuchado bastante sobre ti.

Axel tragó saliva.

—¿Cosas buenas?

Mi padre tardó un instante en responder.

—Depende de quién cuente la historia.

Quise desaparecer inmediatamente.

Los primeros minutos transcurrieron con tranquilidad.

Mi mamá preguntó por el colegio.

Por las materias favoritas de Axel.

Por su familia.

Y él respondió con educación.

Cada vez parecía sentirse un poco más cómodo.

Hasta que mi padre volvió a intervenir.

—Samantha me contó que juegas fútbol.

Los ojos de Axel brillaron de inmediato.

—Sí, señor.

—¿En qué posición?

—Delantero.

Mi padre sonrió.

—Yo también jugaba de delantero cuando tenía tu edad.

Axel levantó la cabeza.

—¿En serio?

—Aunque ahora solo juego los domingos con unos amigos.

—Eso sigue contando.

—Depende de las rodillas.

Los dos soltaron una pequeña risa.

Los observé sorprendida.

Hacía apenas unos minutos Axel parecía dispuesto a escapar por la ventana.

Ahora hablaba con mi papá como si lo conociera desde hacía años.

—¿Y de qué equipo eres? —preguntó mi padre.

—Del Real Madrid.

Mi papá dejó lentamente los cubiertos sobre la mesa.

—Entonces hoy no vamos a discutir.

Axel sonrió.

—Eso pensé cuando vi el escudo que tiene en la sala.

Mi padre arqueó una ceja.

—¿Te fijaste?

—Claro.

Cuando alguien ama el fútbol esas cosas son imposibles de ignorar.

Mi papá asintió.

—Muy cierto.

Mi mamá negó con la cabeza mientras sonreía.

—Ya empezaron ustedes dos.

—Todavía falta lo importante —dijo mi padre.

Axel lo miró curioso.

—¿Qué cosa?

—Comprobar si realmente juegas tan bien como dices.

Axel llevó una mano al pecho fingiendo indignación.

—Señor Becker...

Eso fue un reto.

—Considéralo una invitación.

—Aceptada.

—Entonces el próximo domingo jugamos un partido.

—Será un honor.

Sentí cómo desaparecía el peso que había llevado encima durante toda la semana.

Los dos hombres más importantes de mi vida acababan de encontrar un idioma que ambos hablaban perfectamente.

El fútbol.

Después de un rato, mi padre dejó el vaso sobre la mesa.

—Y dime, Axel...

Además del fútbol...

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

El ambiente volvió a quedarse en silencio.

Axel respiró hondo.

—Quiero trabajar en Rusia.

Mi mamá parpadeó.

Mi padre también.

Yo cerré los ojos.

Porque sabía exactamente lo que vendría.

—¿Rusia?

—Sí, señor.

—¿Tan lejos?

—Sí.

Axel sonrió con esa mezcla de nervios y convicción que solo aparecía cuando hablaba de ese sueño.

—Desde hace años siento que algún día voy a vivir allí.

Mi padre permaneció unos segundos en silencio.

Finalmente asintió.

—Entonces espero que trabajes muy duro.

Los sueños valen poco si uno no lucha por ellos.

La sorpresa en el rostro de Axel fue evidente.

—Lo haré.

—Y cuando lo consigas, podrás decir que todo empezó con una conversación en esta mesa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.