Cuando las estrellas caen

Capitulo XVI El partido del siglo Parte 1

"Hay personas que se ganan un lugar en una familia sin darse cuenta. Solo necesitan tiempo, risas... y un partido de fútbol."

Si alguien me hubiera dicho que Axel y mi papá terminarían llevándose tan bien, probablemente me habría reído.

Porque la primera vez que se conocieron, Axel parecía estar a punto de sufrir un infarto.

Sin embargo, los meses pasaron.

Las cenas se volvieron frecuentes.

Las conversaciones también.

Y poco a poco dejaron de ser "el novio de mi hija" y "el papá de mi novia".

Ahora eran simplemente Axel y mi papá.

Lo cual, sinceramente, era un poco aterrador.

Todo comenzó un domingo por la mañana.

Yo estaba desayunando cuando escuché la voz de mi papá desde la sala.

—¡Axel!

Levanté la vista.

Él acababa de entrar por la puerta con esa sonrisa tranquila que siempre llevaba cuando venía a casa.

—Buenos días, señor Jackson

Mi papá dejó el periódico sobre la mesa.

—Después de tantos meses ya puedes dejar de decirme "señor".

Axel dudó unos segundos.

—¿Está seguro?

—Claro.

Hizo una pausa.

—Aunque tampoco me llames don Jack. Me sentiría demasiado viejo.

Axel soltó una risa.

—Entonces... ¿cómo le digo?

Mi papá se quedó pensándolo unos segundos.

—Mejor sigue diciéndome señor Becker.

—Sabía que terminaríamos aquí.

Mi mamá, comenzó a reír desde la cocina.

—Los dos son igual de tercos.

—No es cierto.

Respondieron exactamente al mismo tiempo.

Ella me miró.

—¿Ves?

Asentí resignada.

—Cada día se parecen más.

Mi papá observó a Axel durante unos segundos.

Después preguntó:

—¿Todavía juegas fútbol?

Los ojos de Axel brillaron inmediatamente.

—Siempre que puedo.

Mi papá sonrió.

Y esa sonrisa me dio muy mala espina.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

—Vamos a la cancha.

Axel aceptó demasiado rápido.

Demasiado.

—Claro.

—¡Axel!

Ambos giraron para mirarme.

—¿Qué?

—No hagan nada raro.

Mi papá cruzó los brazos.

—Confía en nosotros.

Axel asintió.

—Sí.

Confiar es importante.

Suspiré.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

Mi mamá soltó una carcajada.

—A mí también.




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