Cuando las estrellas caen

Capitulo XVI El partido del siglo Parte 3

Al final decidieron dar el partido por terminado.

No porque alguno quisiera rendirse.

Sino porque ambos estaban completamente agotados.

Mi papá se dejó caer sobre el césped.

Axel hizo lo mismo unos segundos después.

Los dos respiraban con dificultad.

—Empate.

Dijo mi papá.

Axel sonrió.

—Creo que sí.

—Aunque ese último gol fue discutible.

—Fue un gol legítimo.

—Lo revisaremos en el VAR.

—No hay VAR.

—Por eso digo que fue discutible.

Los dos comenzaron a reír.

Mi mamá apareció con una bandeja y cuatro vasos de limonada.

—Si siguen discutiendo, la limonada se va a calentar.

—Eso sí sería una tragedia.

Respondió Axel.

—Por fin dices algo inteligente.

Comentó mi papá.

—Lo anotaré en el calendario.

Nos sentamos los cuatro bajo la sombra de un árbol.

Durante un buen rato la conversación giró alrededor del partido.

Que si el túnel.

Que si el gol.

Que si una falta inexistente que, según mi papá, Axel había cometido.

—Jamás te empujé.

—Me moviste el aire.

—Eso no cuenta como falta.

—Depende del reglamento.

—¿Cuál reglamento?

—El mío.

Mi mamá negó con la cabeza.

—Nunca había visto a dos personas inventarse tantas reglas.

Yo tampoco podía dejar de reír.

Por momentos parecía que ninguno de los dos pasaba de los diez años.

Y, sinceramente, me encantaba verlos así.

Cuando terminamos la limonada, mi mamá me pidió ayuda para traer unas empanadas que había dejado en la cocina.

Entré con ella a la casa.

Mientras calentábamos la comida, me asomé por la ventana.

Mi papá y Axel seguían sentados en el jardín.

Ya no hablaban del partido.

Conversaban con calma.

Como dos amigos.

No pude escuchar lo que decían.

Pero algo en la expresión de ambos me hizo sonreír.

Más tarde, cuando salimos nuevamente al patio, los encontré sentados uno al lado del otro.

Mi papá sostenía una botella de agua.

Axel jugaba distraídamente con la tapa de la suya.

Habían guardado silencio.

Un silencio tranquilo.

De esos que no necesitan llenarse con palabras.

Fue mi papá quien habló primero.

—Juegas bien.

Axel sonrió.

—Usted también.

Mi papa negó lentamente.

—Ya no tengo veinte años.

—Pero todavía me hizo correr como si los tuviera.

Mi papá soltó una pequeña risa.

—Eso se llama experiencia.

Axel bajó la mirada.

—Y yo todavía tengo mucho que aprender.

Hubo un instante de silencio.

Después mi papá volvió a hablar.

Esta vez con una voz mucho más serena.

—Samantha sonríe diferente desde que llegaste.

Axel levantó la vista.

Sorprendido.

—¿Sí?

—Sí.

No sonreía así desde hacía mucho tiempo.

Axel permaneció completamente callado.

Mi papá respiró hondo antes de continuar.

—Y eso, para un padre, significa mucho.

Vi cómo Axel tragaba saliva.

Como si no encontrara las palabras correctas.

—Gracias...

Fue lo único que consiguió decir.

Mi papá apoyó los codos sobre las rodillas.

—Solo voy a pedirte una cosa.

Axel lo miró con atención.

—La que sea.

Mi papá sonrió apenas.

—Mientras la quieras...

Cuídala.

No porque sea mi hija.

Sino porque un corazón no debería romperse por descuido.

Sentí un nudo en la garganta.

Nunca había escuchado a mi papá hablar así.

Axel tardó unos segundos en responder.

Cuando lo hizo, su voz sonó firme.

—La quiero de verdad.

Y voy a cuidar de ella todo lo que pueda.

Mi papá lo observó durante un largo instante.

Después le dio una palmada en el hombro.

—Eso esperaba escuchar.

No hizo falta decir nada más.

En aquel gesto sencillo había más confianza que en cualquier discurso.

Cuando Axel se despidió esa tarde, mi mamá lo abrazó con cariño.

—Vuelve pronto.

—Lo haré, señora Laura

Mi papá le estrechó la mano.

—La próxima vez hay revancha.

Axel sonrió.

—Y esta vez sí voy a ganar.

—Eso habrá que verlo.

Los dos volvieron a reír.

Mientras lo veía alejarse por la calle, pensé que, sin darme cuenta, ya no era solo mi novio.

También había encontrado un lugar dentro de mi familia.

Y eso hacía que todo se sintiera todavía más bonito.

Aquella noche mi celular vibró.

Estrella Fugaz

"Creo que tu papá me adoptó un poquito."

No pude evitar sonreír.

Tomatito

"Solo un poquito."

"Todavía tienes que ganarle un partido."

Los tres puntos aparecieron en la pantalla.

Después llegó su respuesta.

Estrella Fugaz

"Eso nunca va a pasar."

"Hace demasiadas faltas."

Solté una carcajada.

Tomatito

"No seas mal perdedor."

La respuesta llegó casi al instante.

Estrella Fugaz

"No perdí."

"Fue un empate muy sospechoso."

Negué con la cabeza mientras apagaba el celular.

Porque había personas que llegaban a tu vida poco a poco.

Y, sin darte cuenta, también encontraban un lugar dentro de tu familia.

Axel ya no era solamente mi Estrella Fugaz.

Ya era alguien a quien mis padres esperaban con una taza de café, una conversación... y un balón de fútbol listo para la revancha.

Y creo que eso fue cuando comprendí que el amor no solo une a dos personas.

A veces, también empieza a unir dos familias.




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