Cuando las estrellas caen

Capítulo XIX El ultimo primer día Parte 1

A veces no nos damos cuenta de que estamos viviendo un recuerdo hasta que el tiempo lo convierte en uno."

Había momentos que no parecían importantes cuando los estabas viviendo.

Hasta que años después descubrías que lo eran todo.

El primer día de nuestro último año escolar fue uno de esos momentos.

—No quiero entrar.

Declaró Axel mientras permanecíamos frente a la entrada del colegio.

—Tenemos que entrar.

—No.

—Sí.

—Tomatito.

—Estrella Fugaz.

—Podemos huir.

—¿A dónde?

—Turquía.

—Hace dos semanas estabas diciendo Rusia.

—Puedo tener varias opciones.

—No puedes.

—Observa cómo lo hago.

Solté una carcajada.

Y por unos segundos todo volvió a sentirse igual.

Como siempre.

Como si nada pudiera cambiar.

Pero antes de entrar al edificio principal, nos encontramos con un grupo de estudiantes reunidos frente a un tablero.

—¿Qué pasa ahí?

Pregunté.

—Las listas.

Respondió Axel.

Mi estómago dio un pequeño vuelco.

Las listas de los grupos.

Las listas del último año.

Nos acercamos entre empujones, maletas y conversaciones nerviosas.

Todos buscaban sus nombres.

Algunos celebraban.

Otros se quejaban.

Y algunos parecían estar convencidos de que aquello definiría el resto de sus vidas.

—Becker Devereaux Samantha Alessia.

Leí en voz alta.

Recorrí la lista con el dedo.

Y encontré mi nombre.

—Aquí estoy.

—¿Y yo?

—No lo sé.

—Tomatito.

—¿Qué?

—Encuéntrame.

—Eres perfectamente capaz de leer.

—Pero tú eres mejor.

Puse los ojos en blanco.

Y seguí buscando.

Hasta que lo encontré.

—Fischer Whitmore Axel Matteo.

—¿Y?

—Estás conmigo.

Durante un segundo permanecimos inmóviles.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque ambos sonreímos al mismo tiempo.

Como si acabáramos de recibir una buena noticia.

Como si hubiéramos estado preocupados sin admitirlo.

—Perfecto.

Dijo Axel.

—¿Perfecto?

—Sí.

—¿Por qué?

Él se encogió de hombros.

—Porque eres la única persona que soporta mis comentarios durante ocho horas seguidas.

—Eso no es cierto.

—Tienes razón.

Sonrió.

—Eres la única que los soporta durante más de cinco minutos.

Le di un pequeño golpe en el brazo.

Y él comenzó a reír.

Cuando finalmente entramos al salón descubrimos algo.

Los pupitres.

Las paredes.

Los profesores.

Todo era igual.

Y sin embargo no lo era.

Porque ahora sabíamos que era la última vez.

La última vez que ocuparíamos esos asientos.

La última vez que tendríamos esas clases.

La última vez que seríamos simplemente estudiantes.

Y aquella idea era extrañamente triste.

Axel dejó caer la mochila sobre una silla.

—No me gusta.

—¿Qué cosa?

—Que esto sea el último primer día.

Lo miré sorprendida.

Porque normalmente era yo quien decía ese tipo de cosas.

No él.

—Aún queda todo un año.

—Lo sé.

Observó el salón.

Las ventanas.

Las paredes llenas de carteles.

Las mesas marcadas por generaciones enteras de estudiantes.

Y sonrió ligeramente.

—Solo quiero asegurarme de recordarlo.

No respondí.

Porque entendía exactamente lo que quería decir.

Y porque, sin saberlo, yo también estaba intentando hacer lo mismo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.