—¿Sí?
Axel asintió.
—Lo he pensado muchas veces.
—¿Y?
Tomó aire.
Como si realmente necesitara reunir valor.
—Me enamoré de ti porque escuchas.
Levanté la mirada.
—¿Escucho?
—Sí.
—Eso es lo primero que se te ocurre.
—Déjame terminar.
Sonreí.
—Está bien.
Axel continuó.
—Escuchas de verdad.
No solo esperas tu turno para hablar.
Cuando alguien te cuenta algo, lo recuerdas.
Aunque parezca una tontería.
Aunque haya pasado mucho tiempo.
Hizo una pequeña pausa.
—Te preocupas por las personas.
Incluso cuando nadie está mirando.
Incluso cuando no tienes ninguna razón para hacerlo.
—También eres demasiado curiosa.
—Eso no suena como algo bueno.
—Lo es.
Sonrió.
—Haces preguntas que nadie más se atreve a hacer.
—Eso sí es verdad.
—Y cuando hablas de psicología...
Su expresión cambió.
—Es como si todo lo demás desapareciera.
Sentí un pequeño nudo en la garganta.
Axel bajó la mirada durante unos segundos.
—Me gusta verte soñar.
—Axel...
—Todavía no termino.
—Está bien.
Sonrió.
—Me gusta cómo te ríes.
Me gusta cuando intentas fingir que estás enojada conmigo.
Me gusta cuando dices que no quieres algo y cinco minutos después terminas haciéndolo.
Me gusta cuando te emocionas por cosas pequeñas.
Y...
Se detuvo.
—¿Y?
—Me gusta que seas tú.
No pude evitar sonreír.
—Eso fue cursi.
—Te dije que no te rieras.
—No me estoy riendo.
—Sí te estás riendo.
—Porque me gustó.
Axel sonrió.
—Bien.
Durante unos segundos ninguno habló.
Hasta que él volvió a mirarme.
—Ahora tú.
—¿Qué?
—Tu turno.
—No.
—Sí.
—Axel.
—Tomatito.
—No puedo.
—Claro que puedes.
—No sé qué decir.
—La verdad.
Aquella palabra me hizo pensar.
La verdad.
Quizás por eso aquella noche se sentía diferente.
Porque había cosas que nunca decíamos en voz alta.
Cosas que ambos sabíamos.
Pero que decirlas las hacía mucho más reales.
Respiré profundamente.
—Te amo porque me haces sentir valiente.
La sonrisa de Axel desapareció lentamente.
Ahora era él quien escuchaba.
—Porque contigo no tengo miedo de ser yo misma.
Porque me haces reír cuando todo sale mal.
Porque nunca te rindes fácilmente con las personas que quieres.
Porque tienes sueños enormes...
Sonreí.
—Tan enormes que a veces consigues que yo también quiera soñar más.
Axel bajó la mirada.
Y entonces continué.
—Pero sobre todo...
Me quedé callada.
—¿Sobre todo qué?
—Que contigo siento que puedo respirar.
Axel levantó la vista.
—¿Respirar?
Asentí.
—Sí.
—Eso es extraño.
—Lo sé.
Sonreí.
—Pero es verdad.
Hice una pausa.
—Y porque cuando imagino mi futuro...
Mi voz se volvió más baja.
—Siempre apareces tú.
Axel permaneció completamente inmóvil.
Por unos segundos no dijo nada.
Entonces sonrió.
Y aquella sonrisa...
Era diferente.
Parecía contener toda la felicidad del mundo.
—Creo que acabas de ganar.
—¿Ganar qué?
—La competencia de quién dice la cosa más romántica.
Solté una carcajada.
—¿Había una competencia?
—Ahora sí.
—Eres imposible.
—Pero me amas.
—Desafortunadamente.
—Eso cuenta como un sí.