Cuando las estrellas caen

Capitulo XXII El mejor regalo era conocerlo Parte 2

Los días pasaron demasiado rápido.

O quizá era yo la que estaba demasiado ansiosa.

Cada mañana despertaba pensando en lo mismo.

El aniversario.

Y cada noche, antes de dormir, revisaba una última vez que las entradas siguieran exactamente donde las había escondido.

No porque creyera que Axel pudiera encontrarlas.

Bueno…

Tal vez un poquito.

Después de todo, era bastante curioso.

Y si descubría algo antes de tiempo, mi sorpresa se arruinaría por completo.

Así que había desarrollado una estrategia.

Mentir.

Bueno…

Mentir no.

Evitar preguntas.

Que era prácticamente lo mismo.

—¿Qué haces?

La voz de Axel me sacó de mis pensamientos.

Estábamos hablando por llamada y yo llevaba varios segundos mirando fijamente un punto de la pared.

—Nada.

Axel entrecerró los ojos.

—Otra vez esa palabra.

—¿Qué tiene?

—Cada vez que dices “nada”, estoy más seguro de que pasa algo.

Sonreí.

—Quizá solo estoy pensando en ti.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Ah.

—¿Qué?

—Nada.

—Ahora tú dices “nada”.

—Porque me puse nervioso.

Me reí.

—¿Te puse nervioso?

—Sí.

—¿Cómo?

Axel se encogió de hombros.

—No sé.

—Dime.

—No.

—Axel.

—Samantha.

—Dime.

Sonrió.

—Porque cuando dices que estás pensando en mí, me dan ganas de tenerte aquí.

Mi sonrisa se volvió más pequeña.

Más sincera.

—A mí también me gustaría.

—Entonces ven.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque tengo algo que hacer.

—¿Qué cosa?

Lo miré.

—Una cosa.

—¿Qué cosa?

—Una cosa secreta.

Axel se quedó en silencio.

—Sabía que escondías algo.

Me reí.

—No escondo nada.

—Samantha.

—¿Sí?

—Te conozco.

—Y yo a ti.

—Entonces sabes que voy a descubrirlo.

—Inténtalo.

Axel sonrió.

—Lo haré.

El día de nuestro aniversario llegó.

Y yo sentía que tenía mariposas en el estómago.

Había preparado todo.

Mi ropa.

Mi bolso.

Las entradas.

Incluso había revisado tres veces la dirección.

No quería equivocarme.

Cuando finalmente llegó el momento de encontrarnos, lo vi a lo lejos.

Axel caminaba hacia mí.

Y por unos segundos olvidé completamente la sorpresa.

Porque se veía tan bonito que solo pude sonreír.

Cuando estuvo frente a mí, me abrazó.

Un abrazo cálido.

De esos que hacían que todo pareciera estar exactamente en su lugar.

—Feliz aniversario, Tomatito.

Cerré los ojos.

—Feliz aniversario, Estrella Fugaz.

Axel dejó un beso suave sobre mi frente.

—Te extrañé.

—Nos vimos hace dos días.

—Igual te extrañé.

—Qué exagerado.

—No es exageración.

Me tomó de la mano.

—Es amor.

Sentí que mi corazón daba un pequeño salto.

—Te amo.

Axel me miró unos segundos.

—Yo también te amo.

Después se inclinó y me dio un beso.

Suave.

Lento.

De esos que no necesitaban decir nada.

Cuando nos separamos, sonreí.

—¿Eso era parte del regalo?

—No.

—Entonces quiero más.

Axel soltó una pequeña risa.

—Eso sí puedo dártelo.

Me abrazó otra vez y dejó otro beso en mi mejilla.

—Ahora sí.

—Mucho mejor.

Seguimos caminando juntos.

Y durante todo el camino Axel intentó descubrir a dónde íbamos.

—¿Falta mucho?

—Sí.

—¿Es un restaurante?

—No.

—¿Una película?

—No.

—¿Una cena?

—No.

—¿Me vas a secuestrar?

Lo miré.

—Quizá.

—Sabía que algo raro pasaba.

Me reí.

—Confía en mí.

Axel suspiró.

—Otra vez esa frase.

—¿Qué tiene?

—Nada bueno empieza con “confía en mí”.

—Pues hoy tendrás que hacerlo.

Él apretó mi mano.

—Confío en ti.

Y esas cuatro palabras hicieron que mi sonrisa creciera.

Porque eso era exactamente lo que necesitaba.

Cuando finalmente llegamos, Axel dejó de caminar.

Yo seguí unos pasos más antes de darme cuenta de que ya no estaba a mi lado.

Me giré.

—¿Qué pasa?

No respondió.

Estaba mirando hacia el frente.

Y entonces vi cómo sus ojos se abrían lentamente.

Frente a nosotros había una enorme pantalla.

Las luces iluminaban el lugar.

Y en ella aparecía el anuncio que había estado esperando durante meses.

BILLIE EILISH.

Axel no se movió.

Ni siquiera parpadeó.

—Axel…

Nada.

—Estrella Fugaz.

Finalmente me miró.

—No.

Sonreí.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Samantha…

—Feliz aniversario.

Saqué las entradas de mi bolso.

Las sostuve frente a él.

Axel bajó la mirada.

Las vio.

Y durante unos segundos pareció incapaz de entender lo que estaba viendo.

—¿Qué…?

Su voz salió apenas como un susurro.

—Son nuestras.

Levantó la mirada.

—¿Compraste entradas?

—Sí.

—¿Para Billie Eilish?

—Sí.

—¿De verdad?

Asentí.

Axel volvió a mirar los boletos.

Después a mí.

Y otra vez a los boletos.

—¿Desde cuándo sabes que iba a venir?

—Desde hace meses.

—¿Meses?

—Meses.

—¿Y nunca me dijiste nada?

—Era una sorpresa.

Axel soltó una pequeña risa nerviosa.

—Por eso estabas tan rara.

—¿Rara?

—Sí.

—No estaba rara.

—Tomatito…

—Bueno, un poquito.

Axel volvió a mirarme.

Y entonces lo vi.

Sus ojos estaban llenándose de lágrimas.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—¿Estás llorando?

—No.

—Axel…

—No estoy llorando.

—Tus ojos dicen otra cosa.

Se pasó rápidamente una mano por el rostro.




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