Cuando las estrellas caen

Capítulo XXV La noche de las estrellas Parte 2

El viento se volvió un poco más frío.

Sin decir nada, Axel acomodó mejor la manta sobre nosotros y me acercó todavía más a él.

—¿Tienes frío?

—Un poquito.

—Ven acá.

Me abrazó con más fuerza.

Sonreí contra su pecho.

—Así sí.

—Sabía que mis abrazos eran útiles.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Levanté la cabeza para mirarlo.

La luz de la luna apenas iluminaba su rostro.

Y por unos segundos simplemente nos quedamos mirándonos.

No había nadie alrededor.

Ningún ruido que nos interrumpiera.

Solo nosotros dos.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Me estás mirando mucho.

—Es que quiero recordarte así.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Así cómo?

Axel acarició suavemente mi cabello.

—Tranquila.

—¿Y por qué quieres recordarme?

Sonrió.

—Porque siento que todo está pasando demasiado rápido.

Sus palabras hicieron que mi sonrisa desapareciera lentamente.

—¿Por el colegio?

—Por todo.

Miró hacia el cielo.

—Hace unos años solo pensábamos en el siguiente día. Ahora todos preguntan qué vamos a hacer después.

Se quedó callado unos segundos.

—Universidad. Trabajo. Mudarnos. Conocer gente nueva...

Volvió a mirarme.

—A veces siento que la vida está esperando que crezcamos de golpe.

Tomé su mano.

—No tienes que crecer de golpe.

Axel entrelazó sus dedos con los míos.

—Lo sé.

—Podemos ir despacio.

Sonrió.

—¿Juntos?

La pregunta salió tan bajito que casi parecía un susurro.

Lo miré.

—Juntos.

Axel acercó mi mano a sus labios y dejó un beso sobre mis dedos.

—Me gusta esa respuesta.

Nos quedamos hablando durante mucho tiempo.

De cosas importantes.

De cosas tontas.

De nuestros sueños.

De los lugares que queríamos conocer.

De las cosas que algún día queríamos hacer.

Hasta que Axel se quedó mirándome con esa expresión que ya conocía.

—¿Qué?

—Estoy pensando.

—Eso sí es preocupante.

Se rio.

—Tengo una pregunta.

—Hazla.

—Si pudieras irte mañana mismo a cualquier lugar conmigo, ¿a dónde irías?

Pensé unos segundos.

—A cualquier lugar, si es contigo.

Axel sonrió.

—Esa no vale.

—Claro que vale.

—No. Tienes que elegir un lugar.

—Entonces...

Miré las estrellas.

—A un lugar donde podamos verlas así todas las noches.

Axel me observó en silencio.

—Eso tampoco es un lugar.

—Entonces tendrás que encontrarlo.

—Trato hecho.

Sonreí.

—¿Y tú?

Axel pensó un momento.

—A Turquía.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque quiero volver contigo.

Sentí una pequeña emoción en el pecho.

—¿Y qué haríamos?

—Caminaríamos sin saber dónde estamos.

—Eso suena peligroso.

—Tú te perderías conmigo.

—¿Y si no encontramos el camino de regreso?

Axel sonrió.

—Entonces inventamos otro camino.

Me quedé mirándolo.

Había algo especial en la forma en que hablaba del futuro.

No parecía tener todas las respuestas.

Pero siempre encontraba una manera de hacerme sentir que no tenía que conocerlas todavía.

Después de un rato, Axel volvió a mirar el cielo.

—Mira.

—¿Qué?

—Creo que vi una.

—¿Una estrella fugaz?

—Sí.

Me incorporé rápidamente.

—¿Dónde?

—Ya pasó.

—¡Axel!

Se rio.

—Te la perdiste.

—Eso no es gracioso.

—Un poco.

—Espero que no hayas pedido un deseo.

—Sí lo hice.

Lo miré con curiosidad.

—¿Qué pediste?

Axel negó con la cabeza.

—No se puede decir.

—¿Por qué?

—Porque entonces no se cumple.

—Eso es una superstición.

—No me importa.

Me acerqué un poco.

—Dime.

—No.

—Axel.

—No.

—Estrella Fugaz.

Sonrió.

—Esa manipulación emocional no funciona.

Le di un pequeño golpe en el brazo.

—Dime.

Axel soltó una risa y luego me miró fijamente.

—Está bien.

Hizo una pausa.

—Pedí que, cuando volvamos a mirar este mismo cielo dentro de muchos años, sigamos estando juntos.

Mi corazón se aceleró.

—Eso es muy romántico.

—Lo sé.

—Y un poquito cursi.

—También lo sé.

Sonreí.

Y antes de que pudiera decir algo más, Axel se inclinó y me besó.

Fue un beso suave.

Lento.

De esos que no necesitan prisa.

Cuando nos separamos, apoyó su frente contra la mía.

—Ese era mi verdadero deseo.

Lo miré a los ojos.

—¿Cuál?

—Tú.

Y esta vez fui yo quien no encontró ninguna respuesta.

Solo pude abrazarlo.

Fuerte.

Mientras las estrellas seguían brillando sobre nosotros.




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