Capítulo 26
Parte 2 — Las historias que no conocía
Después de aquel primer recibimiento, mis nervios habían desaparecido casi por completo.
Bueno...
Casi.
Porque todavía no sabía qué podía esperar del resto de la tarde.
Y, por la sonrisa que tenía Valeria, sospechaba que ella sí lo sabía.
—¿Qué? —pregunté al notar que me observaba.
—Nada.
—Estás sonriendo demasiado.
—Estoy pensando.
Axel intervino inmediatamente.
—No le hagas caso.
Valeria lo miró.
—¿Por qué?
—Porque te conozco.
—Y yo te conozco mejor.
—Eso no significa nada.
—Significa muchísimo.
Me reí.
Axel negó con la cabeza.
—Tomatito, todavía estás a tiempo de escapar.
—No quiero escapar.
—¿Segura?
Asentí.
—Sí.
Él sonrió y apretó suavemente mi mano.
—Entonces me quedo tranquilo.
Nos sentamos en la sala mientras Emily terminaba de preparar algunas cosas en la cocina.
El señor Fisher estaba sentado en uno de los sillones, observándonos con una expresión tranquila.
—Samantha —dijo.
—¿Sí, señor Fisher?
—Axel nos ha hablado bastante de ti.
Miré inmediatamente a Axel.
Él levantó las manos.
—No fui yo.
—¿Entonces quién? —preguntó Valeria.
—No sé.
—Mentirosito —dije.
Axel me miró con una sonrisa.
—Solo he dicho cosas buenas.
Emily apareció desde la cocina.
—Eso es verdad.
—¿Ven? —dijo Axel.
—Aunque también ha contado algunas cosas graciosas —añadió Emily.
Axel dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Mamá...
Yo comencé a reír.
—Ahora quiero escucharlas.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Valeria se acomodó en el sofá.
—Yo tengo algunas mejores.
Axel la señaló.
—Tú no.
—¿Por qué no?
—Porque tienes demasiada información.
—Precisamente por eso.
Me reí.
—Valeria, creo que vamos a llevarnos muy bien.
Axel me miró con una expresión de traición.
—No puedo creerlo.
—¿Qué?
—Te estás aliando con mi hermana.
—Ella me cae bien.
—Llevas menos de una hora aquí.
—Y ya me conoce.
Valeria levantó la mano.
—Confirmo.
El señor Fisher soltó una pequeña risa.
—Axel, creo que perdiste.
—Gracias por el apoyo, señor Fisher.
—De nada.
Todos nos reímos.
Y Axel terminó sonriendo también.
Durante el almuerzo, la conversación fue todavía más natural.
Emily me preguntó sobre mis estudios.
Le conté sobre mis planes y sobre lo mucho que me gustaba la Psicología.
Ella me escuchó con atención.
—Se nota que te apasiona.
Sonreí.
—Mucho.
—Axel está orgulloso de ti.
Lo miré.
—¿Lo estás?
Axel parecía sorprendido por la pregunta.
—Por supuesto.
—Nunca me lo dices.
—Te lo digo.
—No tanto.
—Entonces tendré que decírtelo más.
—Sí.
—Está bien.
Sonrió.
—Estoy muy orgulloso de ti, Tomatito.
Sentí una pequeña presión en el pecho.
—Gracias, Estrella Fugaz.
Debajo de la mesa, tomó mi mano.
Sus dedos se entrelazaron con los míos.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
Hasta que Valeria carraspeó exageradamente.
—¿Interrumpo algo?
Axel la miró.
—Sí.
—Perfecto.
Volvimos a reír.
La conversación terminó llevando inevitablemente a la infancia de Axel.
—Siempre fue así —dijo Emily.
—¿Así cómo? —pregunté.
—Soñador.
El señor Fisher asintió.
—Desde pequeño tenía una imaginación enorme.
Valeria sonrió.
—Y era muy insistente.
Axel frunció el ceño.
—No era insistente.
Los tres lo miraron.
—Está bien —admitió—. Un poco.
—Muchísimo —corrigió Valeria.
Entonces ella sonrió de una manera que inmediatamente me hizo sospechar.
—¿Les he contado lo de Copito?
Axel dejó de comer.
—Valeria...
Sonreí.
—Yo ya conozco esa historia.
Ella abrió los ojos.
—¿En serio?
—Sí.
Miré a Axel.
—Me contó sobre Copito hace tiempo.
Axel sonrió.
—No sabía que todavía recordabas eso.
—Claro que lo recuerdo.
Valeria negó con la cabeza.
—Entonces seguro no sabes toda la historia.
Miré a Axel.
—¿Hay más?
Él suspiró.
—Siempre hay más.
—Cuéntame.
Valeria comenzó a reír.
—Cuando Axel tenía nueve años, yo le regalé a Copito.
—Eso sí me lo había contado.
—Pero no te contó que llevaba semanas esperando tener un conejo.
—Eso también.
—¿Y que hizo una lista de nombres?
Miré a Axel.
—Eso no.
Él se encogió de hombros.
—Era importante decidir el nombre.
—Tenías nueve años —dijo Valeria.
—Precisamente.
Me reí.
—¿Y por qué Copito?
Axel sonrió.
—Porque era blanco.
—¿Y todavía recuerdas cómo era?
Su expresión se volvió más tranquila.
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Era pequeño. Tenía las orejas largas y siempre se escondía cuando alguien se acercaba.
—Excepto contigo —dijo Valeria.
Axel negó con la cabeza.
—Conmigo no.
—Porque eras su persona favorita.
Lo miré.
—¿En serio?
Axel sonrió.
—Supongo.
—No supongas.
Valeria intervino.
—Era verdad. Axel podía pasar horas con él.
Aquella historia ya la conocía.
Pero escucharla de su familia hacía que se sintiera diferente.
Podía imaginarlo con nueve años, abrazando a Copito y sintiendo que aquel pequeño animal era su mundo entero.
—¿Tienes fotos? —pregunté.
Valeria sonrió.
—Muchas.
Axel la miró inmediatamente.
—No.
—Sí.
—Valeria.
—Tengo un álbum.
—No saques el álbum.
—Voy a sacar el álbum.
—Por favor.
—No.
Me reí.