Cuando las Estrellas cerraron los Ojos "El último testigo"

Capítulo 2 - Hojas verdes

Había pasado una noche desde aquel discurso.

Los largos pasillos del gran cuartel permanecían sumidos en la penumbra cuando unos pasos firmes comenzaron a resonar, cada vez más cerca, hasta que un golpe seco contra el metal rompió el silencio.

—¡Despierten! ¡Despierten! —la voz de un oficial retumbó por todo el corredor mientras golpeaba las puertas de los dormitorios con la muleta que llevaba consigo—. ¡Muévanse, niñas! ¡Ya es hora de levantarse!

Dentro de una de las habitaciones, Azrael abrió lentamente los ojos. A su lado, Iván también despertó; ambos bostezaron al mismo tiempo, todavía vencidos por el sueño.

—Ya levántate, Shirsley.

El muchacho comenzó a incorporarse con lentitud, se frotó los ojos y dejó escapar un bostezo.

—¿Ya es de día?

—Eso parece ---expreso Azrael aún con los ojos casi cerrados.

—Anda, levántate.

Los tres se vistieron rápidamente y salieron de la habitación. Mientras caminaban por el pasillo, el oficial seguía despertando al resto de los reclutas a golpes sobre las puertas, y poco a poco decenas de jóvenes comenzaron a reunirse en el corredor, todavía con el sueño pegado a los párpados.

Los oficiales, vestidos con impecables uniformes negros, transmitían una presencia imponente — cada detalle de su vestimenta reflejaba disciplina, respeto y autoridad. Shirsley los observó con admiración.

—Me gustaría vestir así algún día.

A diferencia de él, Iván y Azrael apenas prestaban atención a los uniformes. Sus pensamientos seguían atrapados en la tragedia que había destruido sus hogares.

No quiero pensar lo peor..., se repetía Iván una y otra vez, aferrándose a la esperanza de que sus padres siguieran con vida.

Shirsley los miró en silencio. No sé qué decir... Soy un inútil para animar a alguien.

—Oye, ¿en qué tanto piensas? —preguntó Iván.

—¿Eh?... ¿Iván?

Un incómodo silencio se apoderó de ambos, roto de golpe por una voz autoritaria que atravesó el ambiente.

—¡Todos formen una fila, ahora mismo!

Los reclutas comenzaron a acomodarse entre murmullos. De pronto, el sonido de unos pasos hizo que el lugar entero enmudeciera, y todos agacharon la cabeza en señal de respeto.

Era el general Roz.

Vestía un elegante uniforme negro adornado con medallas de honor; una cadena dorada descendía desde su hombro derecho hasta la cintura, otorgándole una presencia aún más imponente. No hacía falta que hablara para inspirar autoridad. Finalmente, levantó la voz.

—¡Atención!

Todos los presentes obedecieron al instante. Azrael observó cómo incluso los oficiales mostraban un profundo respeto hacia aquel hombre. Vaya... para ser el general de las Fuerzas Félix, pensó. ¿Qué tan fuerte tendrá que ser? Con solo verlo sé que no es alguien común.

Roz recorrió con la mirada a todos los reclutas antes de comenzar su discurso.

—Hoy será su primer día como miembros de esta fuerza de élite. Siéntanse orgullosos de formar parte de ella. —Hizo una breve pausa—. Porque hoy tendrán su primera misión.

El anuncio provocó un murmullo inmediato entre los jóvenes.

—¿Nuestra primera misión?

—¿Qué será?

Las preguntas se extendieron por toda la formación. El general respiró profundamente antes de responder.

—Su misión será viajar a Venirmehs para buscar sobrevivientes.

El ambiente volvió a quedarse en silencio.

—Aunque nuestras fuerzas de rescate continúan trabajando sin descanso, necesitan apoyo y protección. Ustedes serán esa fuerza de apoyo. —Una pausa breve—. ¿Quedó claro?

—¡Sí, señor! —respondieron los reclutas casi al unísono.

Mientras todos comentaban la noticia con nerviosismo, Azrael permaneció inmóvil. Su pecho comenzó a doler.

Venirmehs. La ciudad donde había nacido. La ciudad donde había crecido. La ciudad donde aún permanecían todos los recuerdos de su infancia. Toda mi vida estuvo allí... y ahora tendré que verla destruida.

Las imágenes de su madre aparecieron en su mente — su sonrisa, su voz, los días felices que jamás volverían. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Apretó el puño con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la palma de su mano.

—Todo fue por esos malditos monstruos... —su voz apenas era un susurro—. Yo... yo...

Iván notó inmediatamente que algo ocurría y se acercó despacio.

—¿Sucede algo, Azrael?

Azrael respiró hondo antes de responder.

—No... Solo estaba pensando en mi hogar.

Iván bajó la mirada.

—Entiendo cómo te sientes. Yo también estoy preocupado... pero todavía tengo la esperanza de que mis padres siguen vivos en algún lugar.

Azrael levantó la vista y esbozó una leve sonrisa.

—Yo también deseo que sea así. No quisiera que pasaras por lo mismo que estoy viviendo.

Iván sonrió con gratitud.

—Gracias, Azrael.

—

Iván permaneció pensativo unos instantes. Sin darse cuenta, dirigió la mirada hacia Shirsley, y algo llamó inmediatamente su atención: sus ojos.

Ya no eran negros como el día en que lo habían conocido. Tampoco brillaban con aquella extraña apariencia semejante a una galaxia que ambos habían visto durante el recorrido con el general Roz. Ahora eran los ojos de un muchacho completamente normal.

Iván frunció el ceño.

—Oye, Azrael... ¿te diste cuenta de los ojos de Shirsley?

Azrael volteó a verlo y, por un momento, quedó sorprendido.

—Es cierto...

Iván cruzó los brazos sin apartar la vista de su amigo.

—¿Qué piensas de él?

—¿A qué te refieres?

—No lo sé... Hay algo en Shirsley que no logro entender. —Hizo una breve pausa—. ¿No te parece extraño? Cuando lo conocimos tenía los ojos completamente negros. Después, mientras caminábamos con el general Roz, parecían un universo lleno de colores... era imposible describirlos. Y ahora vuelven a verse como los de cualquier persona. —Sacudió lentamente la cabeza—. Nada de eso tiene sentido.



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En el texto hay: dioses, cazador, guerra de poder

Editado: 25.10.2026

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