Cuando las Estrellas cerraron los Ojos "El último testigo"

Capítulo 3 - El camino hacia las ruinas

Se escuchaban los vehículos a lo lejos. Con cada segundo, el ruido de los motores se volvía más intenso, hasta que, entre la arena que se levantaba sobre el camino, emergieron los vehículos blindados avanzando con total determinación.

Mientras la caravana continuaba su recorrido, el sol comenzó a descender lentamente en el horizonte.

—¿Cuánto falta para llegar a la ciudad? Llevamos tres horas de recorrido y aún no llegamos —preguntó un oficial.

—Aún nos falta bastante para llegar —respondió uno de los conductores.

Once vehículos marchaban en fila, cada uno atento a sus alrededores. Azrael seguía pensando en su hogar. Miraba por la ventana a su lado y solo encontraba un paisaje desolador. ¿Cuánto faltará para llegar?, se preguntó.

Luego observó a sus compañeros y volvió a cuestionarse: ¿De verdad esto es lo que quiero?

Desde que perdió a sus padres ya no sabía qué hacer. Entró a las Fuerzas Félix para convertirse en alguien y vengar su muerte. Pero... ¿de verdad este es mi destino? Siento que mi propósito es otro... ¿Cuál es mi verdadero destino?

Mientras permanecía sumido en sus pensamientos, alguien lo interrumpió.

—¡Oye, Azrael, mira! —dijo Iván.

Azrael se levantó lentamente, caminó hasta donde estaba Iván y observó por la ventana.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—¿Esa no es la estatua de los Monarcas?

Azrael fijó la vista en la enorme figura, examinándola con detenimiento. Es idéntica al Monarca del Fuego..., pensó.

—Sí... es una estatua de los Monarcas. —*Pero hay algo que no me cuadra...*

De pronto, Shirsley interrumpió la conversación.

—¿Qué están viendo, chicos? —preguntó.

Azrael guardó silencio unos segundos. Levantó la mirada y observó los ojos de Shirsley — parecían completamente normales.

—Estamos viendo una estatua de los Monarcas.

Shirsley dirigió su vista hacia la gigantesca estructura y quedó impresionado. La estatua medía al menos cincuenta metros de altura; su cuerpo era de un brillante color plateado y llevaba una enorme corona con forma de llamas, adornada con un intenso color rojo. Sin embargo, también notó algo extraño: la estatua lucía abandonada, sin vida, como si aquella figura ya no representara nada para el mundo.

De pronto...

¡Pum!

Iván le dio un ligero golpe en el hombro.

—¿A que es grandiosa la estatua, Shirsley? —preguntó con evidente admiración por los Monarcas.

En lugar de responder, Shirsley le devolvió un pequeño empujón.

—Oye, no me pegues.

Iván simplemente comenzó a reír.

—Eres demasiado confiado, Iván. Es nuestra primera misión. ¿No sientes preocupación?

—¡Qué va! Los dioses y los Monarcas están conmigo.

Shirsley guardó silencio. ¿Los dioses... y los Monarcas?

Antes de que continuaran hablando, Azrael los interrumpió.

—Ya dejen el relajo. Hablo en serio. Es nuestra primera misión y no podemos quedar mal.

Lo dijo con una mirada firme. Los dos dejaron de jugar y cada uno volvió a mirar por su lado.

Azrael dirigió la vista hacia el fondo del vehículo, donde se encontraba el general Roz sentado junto al conductor. Respiró hondo, reunió el valor suficiente y decidió acercarse a él. Dio unos cuantos pasos en silencio...

Pero antes de que pudiera hablar, el general rompió el silencio.

—Entiendo tu preocupación, Azrael. He pasado por esto muchas veces en mi vida.

Azrael se sorprendió. ¿Cómo supo que quería hablar con él?

El general asintió lentamente y tomó aire antes de continuar.

—Es la primera vez que los monstruos atacan una ciudad con semejante magnitud. Pero ¿sabes? Tengo la sensación de que esto es mucho más que un simple ataque…

—

Azrael tomó asiento junto al general.

—¿Qué le hace pensar eso? —preguntó.

El general permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

—Es extraño que ataquen de esta manera. Normalmente, los monstruos solo aparecen en momentos específicos o cuando existe una razón para hacerlo. Pero esta vez atacaron una ciudad con una fuerza inusual. En todas las batallas que he librado, jamás había visto algo como esto.

Azrael reflexionó unos instantes.

—Un oficial me dijo que los derrotan utilizando magia. Pero mi pregunta es... ¿por qué no podemos vencerlos con armas normales?

El general respondió con calma.

—Los monstruos están cubiertos por una gruesa capa que funciona como un blindaje natural. Sin embargo, esa protección no es tan efectiva contra la magia. —Hizo una breve pausa—. Además, la magia supera por mucho a nuestras armas convencionales.

Azrael bajó la mirada. Así que nuestras armas no sirven de nada contra esas criaturas..., pensó.

El general interrumpió sus pensamientos.

—Eres diferente a los demás, aunque muchos aún no lo noten. En tu mirada puedo ver una gran determinación. —Luego preguntó—: Dime, soldado... ¿quiénes eran tus padres?

Azrael quedó inmóvil.

—¿Mis... padres? —Bajó la mirada por unos segundos—. Ellos... ya no están con nosotros.

La expresión del general cambió de inmediato.

—Lamento escuchar eso. Como tú, muchos han perdido a sus seres queridos, y otros viven con el temor de recibir esa misma noticia algún día. —Hizo una pequeña pausa—. Pero no permitas que eso te destruya.

Azrael levantó la vista.

—¿Eh...? ¿A qué se refiere, general?

Roz respondió con serenidad.

—Pasar por algo así no es fácil. Una experiencia como esa puede destruirte mentalmente... o convertirte en alguien mucho más fuerte de lo que jamás imaginaste. —Lo miró directamente a los ojos—. Esa decisión está en tus manos, soldado.

Después sonrió levemente.

—Espero que algún día cumplas tu sueño de convertirte en un Monarca. —Hizo una breve pausa—. ...¿O acaso ese no es realmente tu sueño?

Azrael permaneció pensativo antes de responder.

—No... En realidad, nunca ha sido un sueño que desee cumplir. —Respiró profundamente—. Lo único que deseo ahora mismo es vengar a mis padres por haber muerto a manos de esos monstruos. —Apretó ligeramente los puños—. Ellos no tenían nada que ver con esta guerra... y aun así murieron, al igual que muchas otras personas inocentes.



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En el texto hay: dioses, cazador, guerra de poder

Editado: 25.10.2026

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