En medio de numerosos pueblos se alzaba una gran ciudad — inmensa, llena de majestuosos edificios donde las personas vivían en paz. Aquella ciudad era conocida como La Ciudad de Plata. Venirmehs, de enorme importancia para el comercio y reconocida por la abundancia de sus recursos.
Sus parques rebosaban de vida y de una exuberante vegetación. Personas paseaban junto a sus hijos; otras caminaban con sus mascotas, mientras una cálida brisa recorría cada rincón de la ciudad. Un lugar así parecía imposible de encontrar en el mundo actual — tan solo contemplarla transmitía la sensación de estar viviendo la vida perfecta para cualquier ser humano.
Todo parecía tan tranquilo como cualquier otro día. Los automóviles recorrían sus elegantes avenidas y los rascacielos se alzaban tan imponentes como siempre.
Entre aquellas calles caminaba Azrael, un joven alegre, lleno de tranquilidad y sin ninguna preocupación. Regresaba a casa acompañado por sus compañeros de escuela. Para él era un día completamente normal. Caminaba feliz, sabiendo que su madre lo esperaba en casa.
Mientras avanzaban por las calles de Venirmehs, él y sus amigos decidieron tomar un autobús para llegar más rápido a sus hogares.
Todo era completamente normal…
¿O no?
—
Después de un corto recorrido, Azrael finalmente llegó a casa. Se despidió de sus amigos con una sonrisa.
—Nos vemos mañana, brothers.
Sus compañeros le respondieron con el mismo entusiasmo.
—¡Por supuesto, Azrael! ¡Y no olvides hacer las tareas!
Azrael sonrió y caminó hasta la puerta de su hogar. La abrió lentamente.
—¡Mamá, ya llegué!
—¡Azraeel! —exclamó su madre con una enorme sonrisa al verlo regresar de la escuela. La alegría se reflejaba claramente en su rostro—. Qué bueno que ya llegaste, hijo.
Su madre, una mujer de cabello negro y piel clara llamada Lizbeth, le mostró que el almuerzo ya estaba listo.
—Ven a comer.
Azrael dejó su mochila y se acercó a la mesa.
—¿Y mi padre, mamá?
—Está en el estadio viendo los juegos.
Azrael asintió y comió rápidamente, pero con la tranquilidad de quien disfrutaba un día más junto a su familia. Al terminar, se levantó de la mesa.
—Iré a buscar a papá.
Lizbeth sonrió.
—Está bien, hijo. Ten mucho cuidado al cruzar la calle.
—Sí, mamá. Lo tendré.
Respondió sin imaginar que aquella sería la última vez que volvería a verla con vida.
—
Mientras Azrael caminaba alegremente en busca de su padre, muy lejos de la ciudad, en lo alto de unas montañas, una figura de enorme estatura permanecía inmóvil bajo una larga capucha que ocultaba por completo su rostro.
El silencio a su alrededor era absoluto — ni el viento se atrevía a moverse. Entonces habló, con una voz profunda que pareció hundirse en la piedra misma de la montaña.
—Esto no puede estar pasando... Aunque aún no este al mismo nivel... no permitiré que actúen primero.
Lentamente levantó ambas manos hacia el cielo. Desde el interior de su capucha comenzaron a brillar unos ojos de un intenso color celeste, tan luminosos como una estrella.
En ese mismo instante, sobre la gran ciudad comenzó a formarse una inmensa tormenta.
En el centro de Venirmehs, donde las personas caminaban tranquilamente y los automóviles seguían su curso habitual, todos sintieron cómo la suave brisa cambiaba repentinamente. Lo que antes era un viento cálido se convirtió en una violenta corriente de aire. Las hojas de los árboles comenzaron a elevarse. Las ventanas de las casas y de los edificios empezaron a vibrar bajo una presión desconocida.
Entonces...
Una enorme alarma resonó por toda la ciudad. Las personas se sobresaltaron; el pánico comenzó a extenderse rápidamente. Uno tras otro, todos abandonaban lo que estaban haciendo para buscar refugio.
Azrael observó el caos con miedo. Sin pensarlo dos veces, decidió regresar corriendo a casa. Mientras avanzaba desesperadamente por las calles, veía cómo muchas personas abandonaban sus automóviles al quedar atrapadas en un enorme embotellamiento.
Lo que hacía apenas unos minutos era un día lleno de paz, ahora se había convertido en un completo caos.
—
Mientras tanto, en una base de las Fuerzas Félix ubicada dentro de la ciudad, las alarmas también comenzaron a sonar. Los soldados dejaron inmediatamente todo lo que estaban haciendo y comenzaron a equiparse.
Uno de los oficiales observó por la ventana.
—Parece solo una gran tormenta... Debemos poner a los ciudadanos a salvo.
Las órdenes comenzaron a transmitirse por radio a todas las unidades. Cuando el oficial estaba a punto de retirarse, su superior lo detuvo.
—Espera... Esto no parece una tormenta común. Algo no está bien.
El oficial lo miró confundido.
—Ordena a la fuerza de élite preparar sus armas.
—¿Pero, señor? No parece algo tan grave...
—Solo haga lo que le digo.
El oficial obedeció inmediatamente y tomó la radio.
—Unidad de élite, prepárense para salir.
Los soldados de élite, que ya observaban desde la distancia el extraño fenómeno sobre la ciudad, recibieron la orden. Sin embargo, solicitaron comunicarse directamente con el comandante.
El superior tomó la radio de inmediato. Su voz reflejaba una preocupación que rara vez mostraba.
—Esto no es una tormenta normal. Algo... o alguien... está provocando todo esto. Encuentren al responsable... y elimínenlo.
Los soldados permanecieron completamente serios.
—Sí, señor.
Pero antes de que pudieran iniciar la misión, la tormenta se intensificó de forma brutal. Las ventanas de los edificios comenzaron a estallar. Los automóviles empezaron a elevarse del suelo. La tierra se agrietó violentamente. Los soldados observaron incrédulos cómo enormes fisuras recorrían las calles.
Entonces...
Un gigantesco estallido sacudió el suelo. La explosión lanzó escombros por todas partes. Los soldados apenas tuvieron tiempo de cubrirse.