Cuando las Estrellas cerraron los Ojos "El último testigo"

Capítulo 5 - Las huellas del silencio

La lluvia no daba tregua. Cada gota golpeaba con fuerza las calles destruidas de la gran ciudad, mientras el viento arrastraba polvo y cenizas entre los edificios derrumbados.

Los pasos del pequeño grupo de soldados rompían el profundo silencio que reinaba en aquel lugar. Avanzaban lentamente, atentos a cualquier movimiento a su alrededor. Las calles que alguna vez estuvieron llenas de vehículos y personas ahora eran un paisaje de completa desolación. Automóviles abandonados, edificios reducidos a escombros y un silencio inquietante daban la sensación de que la vida había desaparecido por completo.

Azrael e Iván caminaban junto al resto de los jóvenes soldados, observando con atención cada rincón de la ciudad.

—Esto se ve mucho peor de lo que imaginaba... —dijo Azrael.

Iván también recorrió el lugar con la mirada antes de responder.

—Claro... y sinceramente no creo que queden sobrevivientes. Todo esto me parece una pérdida de tiempo.

Azrael lo observó con un rostro serio.

—No digas eso. Aún puede haber personas con vida. No debemos perder la esperanza.

Iván volvió a mirar la ciudad. Por primera vez, su voz ya no transmitía seguridad. Solo miedo.

—Por favor, Azrael... Solo mira este lugar. ¿De verdad crees que todavía queda esperanza?

En su expresión era evidente la preocupación por sus padres. Los demás soldados escuchaban en silencio — algunos pensaban que Iván podía tener razón; otros simplemente se negaban a aceptar esa posibilidad.

Antes de que Azrael pudiera responder, uno de los jóvenes rompió el silencio.

—No seas tan negativo. Aunque esto se vea muy mal, no debemos pensar de esa forma.

Iván respondió casi sin pensarlo, la voz filosa.

—¿Y tú quién eres para decirme en qué debo creer?

El joven dio un paso al frente.

—Me llamo Ben... ¿Y tú...?

Antes de que pudiera terminar, Azrael intervino. Respiró profundamente antes de hablar.

—Es mejor dejar esta discusión aquí. Y tú, Iván... deja de actuar por impulso. No podemos empezar a pelear entre nosotros.

Los dos guardaron silencio, sin mirarse. En ese instante, la voz del general Roz interrumpió el momento.

—¿Qué están haciendo? Tenemos que seguir avanzando.

Los jóvenes dejaron atrás la discusión y continuaron caminando.

Después de unos minutos, Iván alcanzó a Azrael, la mirada baja, como si le costara sostenerla.

—Oye... perdón por lo de hace un momento. Es que no me siento bien. Ver todo esto solo hace que me preocupe más por saber si mis padres siguen vivos.

Azrael lo miró con comprensión.

—Lo entiendo. Es difícil mantener la calma después de ver una ciudad en este estado. Llevamos bastante tiempo caminando y todavía no encontramos ninguna señal de vida.

Mientras hablaba, levantó la vista hacia el frente. Roz seguía caminando con paso firme bajo la lluvia, la espalda recta, como si el peso de todos los demás no le tocara los hombros.

¿Qué estará pensando?, se preguntó Azrael.

Iván volvió a hablar.

—También me pregunto cómo estará Shirsley.

Azrael asintió lentamente.

—No lo sé... Solo espero que él y los demás estén bien. Ellos se quedaron cuidando los vehículos.

En ese momento escucharon la voz del general.

—¡Riki! ¡San! Vengan un momento.

Los dos oficiales se acercaron inmediatamente.

—¿Sí, señor?

Roz permanecía observando la lluvia mientras hablaba, sin apartar los ojos de ella, como si buscara algo dentro de su cadencia.

—Debemos buscar un lugar donde descansar. Los muchachos ya deben estar agotados... y también tienen hambre.

Los oficiales observaron al grupo. San señaló un edificio al costado de la calle.

—Señor, el único lugar que parece mantenerse en pie es ese supermercado.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—No parece completamente estable, pero es nuestra mejor opción.

Roz observó el edificio durante unos segundos. No encontró otra alternativa. Finalmente asintió.

—Bien. Avísenle al grupo. Descansaremos allí.

La noticia recorrió rápidamente a los jóvenes. Muchos dejaron escapar un suspiro de alivio.

—Ya era hora... —comentó uno de ellos mientras caminaban hacia el supermercado bajo la intensa lluvia.

Cuando estuvieron cerca de la entrada, Azrael observó cómo Roz y uno de los oficiales ingresaban primero para inspeccionar el lugar. De repente, el oficial lanzó un pequeño objeto que emitió un tenue destello rojizo. La luz recorrió el interior durante unos segundos antes de desaparecer. Azrael observó la escena con curiosidad, conteniendo el aliento sin darse cuenta.

Poco después, el general salió nuevamente.

—Es seguro. Pueden entrar.

Los oficiales comenzaron a contar uno por uno a los soldados para asegurarse de que nadie hubiera quedado atrás. Una vez dentro, muchos se dejaron caer contra las paredes o sobre el suelo, completamente agotados.

—Tengan cuidado con lo que tocan —advirtió el oficial Riki—. El edificio sigue siendo inestable.

Azrael, intrigado por el extraño objeto que había visto, se acercó al general Roz.

—Señor... ¿qué era esa luz roja que lanzó hace un momento?

Roz dirigió la mirada hacia él.

—Es un fragmento detector. Hace visibles los rastros que dejan los monstruos en el ambiente, incluso si ya abandonaron el lugar.

Azrael abrió ligeramente los ojos. Le sorprendía que un objeto tan pequeño pudiera cumplir una función tan importante. Después de un instante, hizo otra pregunta, más despacio esta vez, casi con miedo a la respuesta.

—Entonces... ¿hubo monstruos aquí?

Roz guardó silencio durante unos segundos. Finalmente respondió con absoluta seriedad.

—Sí.

Y aquella única palabra fue suficiente para que el ambiente dentro del supermercado se volviera mucho más pesado.

—

La escena cambió hacia los oficiales, quienes revisaban cuidadosamente las provisiones que aún conservaban.



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En el texto hay: dioses, cazador, guerra de poder

Editado: 25.10.2026

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