Cuando las Estrellas cerraron los Ojos "El último testigo"

Capítulo 6 - La calma antes del miedo

Cada vez la ciudad se sentía más desolada. El silencio reinaba entre las calles destruidas. La lluvia que al principio había sido apenas un puñado de gotas se había convertido en una nueva tormenta, una tormenta silenciosa. No había truenos ni relámpagos; solo el incesante sonido del agua golpeando el concreto, los vehículos abandonados y los edificios vacíos.

Aquel silencio incómodo era interrumpido únicamente por el ruido que provenía del interior del supermercado. Los jóvenes soldados trabajaban sin descanso, cubriendo las ventanas con todo lo que encontraban: muebles, estanterías, papeles, libros... cualquier cosa servía con la esperanza de impedir que el frío y la lluvia se filtraran al interior.

Poco a poco, el ambiente comenzaba a sentirse menos helado. Mientras trabajaban, se escuchaban pequeños murmullos entre ellos — conversaciones simples, casi susurros, que rompían por unos instantes la pesada atmósfera que los rodeaba.

Sin darse cuenta, la oscuridad comenzaba a cubrir la ciudad.

—¡Tenemos que conseguir algún tipo de luz! —gritó uno de los muchachos.

Azrael levantó la mirada y observó los pasillos del supermercado. Comenzó a caminar entre los estantes buscando algo que pudiera servir para encender una fogata y mantener el calor durante la noche. Mientras revisaba los pasillos, una idea no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

¿De verdad nos quedaremos aquí esperando ayuda?

Antes de que pudiera seguir pensando, una voz lo sacó de sus pensamientos.

—Tal vez estos papeles nos sirvan.

Era Iván. Azrael se acercó y observó el pequeño montón de hojas que llevaba en las manos. Asintió con la cabeza.

—Debemos buscar más papel... y también algunos libros. Todo lo que pueda servir para mantener el fuego.

Iván bajó un poco la cabeza mientras observaba lo que llevaba.

—Sí... con esto no será suficiente.

En ese momento, Azrael vio a uno de los muchachos observando cómo los demás terminaban de cubrir las ventanas. Le habló con tranquilidad.

—¡Oye! Ven a ayudarnos a buscar más papel.

El joven giró la cabeza. Miró a Azrael. Después observó a los demás soldados trabajando y, finalmente, volvió la vista hacia ellos.

—Está bien...

Su voz era tranquila, casi tímida. Azrael sonrió levemente.

Al menos parece que el grupo ha recuperado un poco la calma..., pensó. Eso es bueno.

—Bien... vamos.

Los tres comenzaron a recorrer nuevamente los pasillos del supermercado, mirando cada rincón en busca de cualquier cosa que pudiera alimentar una fogata. Mientras caminaban, Azrael decidió romper el silencio.

—¿Cómo te llamas?

El muchacho levantó la vista.

—¿Yo?... Umm... Me llamo Marco.

Hizo una pequeña pausa antes de extender la mano.

—¿Y tú?

Azrael estrechó su mano.

—Azrael.

Marco respondió con una leve sonrisa. Después volvió a concentrarse en buscar entre los estantes. No pasó mucho tiempo antes de que Iván hablara desde unos metros más adelante.

—¡Encontré más papel!

Azrael levantó una ceja.

—¿Cómo es posible? Nosotros llevamos rato buscando y no encontramos casi nada.

Iván sonrió con orgullo.

—Jajaja... es que ustedes son demasiado lentos.

Marco soltó una pequeña risa. Iván entonces se acercó a él. Durante un segundo pareció no saber qué decir, pero terminó hablando primero.

—Hola... Me llamo Iván.

Marco le devolvió el saludo con una sonrisa.

—Mucho gusto.

Azrael observó el pequeño montón de papel que ya habían reunido.

—Creo que ya tenemos suficiente. Vamos a la sala principal.

Los dos asintieron. Los tres emprendieron el camino de regreso. Mientras caminaban, podían notar cómo cada vez más ventanas quedaban completamente cubiertas por muebles y estanterías. La oscuridad del exterior apenas lograba filtrarse entre los pequeños espacios que habían dejado libres.

Al llegar, Iván dejó todas las cosas en el suelo y comenzó a acomodarlas como si estuviera preparando una gran fogata. Azrael lo observó unos segundos. Después no pudo evitar preguntar.

—¿Y cómo se supone que vas a hacer fuego con eso?

Marco soltó una carcajada. Iván sonrió con total seguridad.

—Cállense... y observen cómo trabaja un maestro.

Azrael y Marco cruzaron los brazos mientras lo observaban con atención. Iván tomó unas hojas de papel, algunos pedazos de madera y un par de lápices que había encontrado. Comenzó a hacer fricción intentando prender fuego. Lo intentó una vez. Y otra. Y otra más.

Hasta que...

—¡Au!

El papel se rompió y el filo de una astilla le hizo un pequeño corte en un dedo. Azrael y Marco no pudieron contener la risa.

—¿Tú de verdad sobrevivirías solo? —preguntó Azrael entre risas.

Antes de que Iván respondiera, una voz adulta interrumpió el momento.

—Déjame ayudarte, muchacho.

Era el oficial San. Los tres levantaron la mirada. San se agachó junto a Iván y observó todo lo que había intentado hacer. Después sacó del bolsillo un pequeño cubo de color naranja. Sin decir una palabra, lo frotó contra el suelo. Los tres jóvenes permanecieron completamente en silencio, observando cada uno de sus movimientos.

Un segundo después...

El pequeño cubo comenzó a arder. San lo colocó cuidadosamente entre la madera y el papel. Poco a poco, una cálida fogata comenzó a iluminar la sala. Los tres muchachos no pudieron ocultar su sorpresa.

Al mismo tiempo, los demás jóvenes que terminaban de asegurar el supermercado dirigieron la mirada hacia la luz. Muchos dejaron escapar un suspiro de alivio.

Por primera vez desde que habían llegado, el lugar dejaba de sentirse completamente oscuro.

Azrael también terminó sentándose frente a la pequeña fogata. Marco hizo lo mismo. Los tres permanecieron unos segundos observando las llamas mientras el calor comenzaba a extenderse lentamente por la sala.

Fue Azrael quien rompió el silencio.



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En el texto hay: dioses, cazador, guerra de poder

Editado: 25.10.2026

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