A veces creo que empieza el mejor día de mi vida y termina siendo el peor de todos los tiempos.
Corro, mis pies se mueven veloces en cuanto bajo del auto. Ni siquiera me doy tiempo en despedirme de Clau y su madre, solo veo a lo que tengo frente a mí.
No digo nada, mi mente no puede hacerlo, así que dejo caer mi cuerpo sobre ella. Rodeo mis brazos a su alrededor mientras siento mis ojos arder.
—Estás aquí. —mi voz sale casi en un atropello—. De verdad estás aquí. Te extrañé, mucho, mucho, mucho.
La carcajada que escapa de su boca suena como música para mis oídos. En cuanto doy un paso atrás para observar su rostro la sonrisa crece en ella.
—Hola, June.
—Hola, mamá.
Su cabellera roja está recogida en un moño, sus mejillas se ven más pálidas de lo que las recordaba, pero sus ojos me miran de la misma manera como lo hicieron la última vez.
—Oigan, yo también quiero. ¡Abrazo familiar!
No me había dado cuenta de quién tenía a mis espaldas cuando unos brazos grandes nos rodean.
Mamá ríe, August parece muy feliz de tenernos a las dos bajo sus brazos porque no se despega de nosotras en mucho tiempo, uno en que empiezo a sacudirme para encontrar algo de libertad.
—Siempre lo arruinas todo —me quejo—. Tú ya tuviste tiempo de abrazarla, ¡es mi turno!
—Es un abrazo familiar, June —contraataca—. Necesitamos estar todos.
—No pedí uno.
—No necesitabas hacerlo.
—Bueno, ya —mamá levanta las manos, mandándonos a hacer silencio. Niega con la cabeza una y otra vez, pero la sonrisa que se va formando poco a poco en su rostro la delata—. Vamos, entremos antes de que se maten aquí mismo.
Eso hacemos, August y yo peleamos por estar al lado de mamá, sabiendo perfectamente que cada uno puede tener un puesto a ambos costados, creo que solo lo hacemos por costumbre.
¿Cuánto había pasado desde la última vez que la tuve tan cerca? Meses, de eso estoy segura.
Entramos todos a casa, August y yo nos seguimos mandando pequeñas miradas de "enojo" a pesar de nuestras apenas sonrisas salientes. Mamá nos observa de reojo, las comisuras de sus labios se elevan.
—Dios, cómo los extrañé.
Paramos nuestra pequeña pelea para volver a caer sobre ella. Nuestros brazos a su alrededor no la dejan avanzar, pero poco nos importa a ninguno de los tres porque no hacemos ademán de querer movernos.
—¿Quieres comida? He aprendido a cocinar desde la última vez que nos vimos. —suelta mi hermano con mucha emoción al caminar los tres a la cocina.
—No mientas, tu comida es horrible. —me quejo.
—Eso es porque tú no sabes apreciar del arte, June. —vuelve a hablar él.
La risa de mamá nos hace tomar silencio, él se va a la cocina, supongo que a preparar su "asombrosa" comida mientras que yo la acompaño a la mesa.
—No tienes que fingir que te gusta, yo jamás lo he hecho. —hablo, refiriéndome a lo que sea que va a prepararle August.
—Todo lo que ustedes hacen me gusta. —contraataca ella.
—Aquí está. —llega mi hermano casi enseguida, por lo que no me toma por sorpresa ver un sándwich apenas cocinado en un plato.
—¿Eso es toda tu comida de bienvenida?
—Llegó de sorpresa, tuve que improvisar.
—Basta. —vuelve a interrumpirnos, tomando un bocado de el pan seguidamente—. Está muy bueno, cariño. —le felicita, y August no tarda en sonreír satisfecho.
—Es pan con jamón, cualquiera puede hacerlo. —vuelvo a quejarme.
—Solo está celosa porque no pudo prepararte nada —le dice mi hermano a mamá.
Bufo. Pero prefiero tomar silencio antes de que mamá vuelva a llamarnos la atención. No quiero que empiece a regañarnos con tan poco tiempo de haber llegado.
—En fin. —me dejo caer en la silla a su lado—. ¿Cuánto tiempo te quedarás?
Veo de reojo a mi hermano tomar asiento también, esperando por su respuesta.
Estamos acostumbrados a estas visitas pasajeras, por lo general suele estar con nosotros una semana, mucho es si llega a dos.
—Bueno, lo pensé bastante y… —come otro bocado y se prepara para pronunciar sus próximas palabras—. He decidido quedarme aquí, con ustedes.
Silencio, es lo que hay a continuación. Ni August ni yo decimos nada mientras la observamos, ambos sin poder creer lo que ha dicho.
Va a… quedarse.
Y…
—¡Eso es grandioso, mamá! —exclama August, lanzándose nuevamente sobre ella.
Yo sigo consternada por su declaración, sin saber exactamente qué decir.
No sé si esto que estoy sintiendo es emoción o nervios.
Desde hace muchísimo habíamos sido solo August y yo… ya ni siquiera recuerdo cómo es vivir con mamá por más de una semana.
—¿Has renunciado a tu trabajo? —es lo primero que sale de mi boca, logrando arrepentirme de inmediato.
Ambos dejan caer su vista sobre mí, logrando querer darme unos cuantos golpes por tonta.
Pero mamá no parece haberle afectado mis palabras.
—Bueno… me he dado cuenta que vivir tan alejada de ustedes no es nada bueno.
—Pero así lo has hecho por más de siete años. —suelto, de nuevo sin medir mis palabras.
Ahora la expresión de mamá sí cambia un poco. August hunde el entrecejo, desconcertada por mis palabras… y yo… ni siquiera sé por qué estoy diciendo todo esto.
—June… —este ha sido August. Llamando mi atención, pero ni siquiera le observo, mis ojos están al tanto de la expresión ilegible de mamá.
No digo nada, solo espero a que ella lo haga.
Pero ni siquiera abre la boca.
Me trago todo lo que mi mente y mi boca quieren decir, sé que este no es el momento para eso, pero se me hace imposible el no pensarlo.
Me levanto lentamente de mi silla sin quitarle la vista a la mujer frente a mí.
—Me alegra que hayas venido. —termino diciendo—. Ahora… voy a mi habitación. Mañana tengo clases temprano y… —dudo, un pequeño nudo se forma en mi garganta, pero me obligo a decir algo más—. Buenas noches.
Me alejo tan rápido como puedo, pude ver el momento en que August abre la boca pero mamá lo detiene, dejándome ir.