Cuando los ojos hablan sobran las palabras

Un amor que no calla ante el dolor

Las instrucciones habían sido precisas: en cuanto regresaran los excursionistas, el grupo volvería de inmediato a la ciudad. Momentos después, los jóvenes empezaron a asomar uno a uno… hasta que llegó la confirmación que María tanto temía: Julián no estaba entre ellos.
María no pudo contener más las lágrimas. Por mucho tiempo había guardado silencio sobre lo que sentía, pero hoy el dolor era tan fuerte que casi le arrancaba el grito del pecho: lo amaba. Lo amaba desde aquel día en que se presentó por primera vez en el colegio; lo amaba con un amor capaz de respetar sus silencios y soportar sus miradas frías… pero que jamás podría resignarse a verlo sufrir o estar en peligro.
Corrió a recoger sus cosas y también el equipaje de Julián. Fue directamente hasta donde se encontraba el profesor director y le solicitó los contactos de los padres de él, explicándole que se encargaría de llevarle sus pertenencias. El profesor, al notar la cercanía y la preocupación sincera de la joven, accedió y le entregó el número telefónico de la madre de Julián.
Durante el viaje de regreso, María no logró calmarse; sollozaba en su asiento y cada minuto le parecía una eternidad. Su único deseo era llegar a su lado.
Apenas el autobús se detuvo en el colegio, marcó el número que le habían dado. Al otro lado de la línea, una voz apagada respondió:
—Soy María, compañera de Julián… ¿podría saber en qué clínica se encuentra? —preguntó ella con voz temblorosa.
La señora respondió:
—Estamos en la Clínica Valle de Marfil. En estos momentos él está en cirugía. Si lo desea, puede venir a verlo mañana.
Pero María insistió con tanta sinceridad y angustia que la señora terminó accediendo y le pidió que se acercara.
María tomó un transporte y, en apenas veinte minutos, llegó a la clínica. Justo en ese instante, Julián salía de la sala de operaciones. Sus miradas se cruzaron en el pasillo mientras el personal trasladaba la camilla hasta una habitación contigua. Él aún estaba adormecido por la anestesia y, entre la bruma de la medicación, creyó que estaba soñando… que la imagen de María allí no era más que una ilusión de su mente cansada.

Continuara..




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