Llegó el día de la graduación. Desde la mañana estuvieron ensayando la entrada, pero María no podía ocultar su tristeza. Veía el espacio en el que iría Julián, vacío, y aunque otro compañero ya lo había ocupado, ella no dejaba de recordar que ese había sido su lugar. Ese vacío se sentía inmenso, y la tristeza le pesaba en el pecho. Entonces vinieron a su memoria las palabras que él le había dicho el día antes, suaves y seguras:
— No te preocupes, María. No estoy triste. Recibiré igual mi diploma, y aunque no esté ahí, me siento muy feliz. Hemos hecho lo mejor en todo este proceso y lo hemos culminado. Me estoy recuperando, estoy muy bien, así que nada empañe tu felicidad. Toma muchas fotos, María, y muéstrame lo feliz que estás. Tú debes continuar.
Respiró hondo y trató de poner su mejor cara. Durante todo el acto estuvo junto a su madre, su mayor apoyo y compañía. Recibió su diploma y su medalla de buen estudiante, pero el corazón se le apretó cuando el director tomó la palabra para entregar los honores finales:
— Y la medalla de excelencia al mejor estudiante del grado 11-A… Julián Cortés.
El director pronunció unas palabras que exaltaban su esfuerzo, su dedicación y su brillantez. María no pudo contenerse más y las lágrimas le ganaron. En su lugar, subió la madre de Julián a recibir el certificado y los honores. Ella sonreía con orgullo, feliz por los logros de su hijo. Pero María lloraba, porque para ella, quien debía estar ahí, de pie, recibiendo todo aquello con su propia mano, era él.
Terminó la ceremonia y todos querían celebrar, abrazarse, tomar fotos. Pero María no. Quería volver a casa. Quería hablar con Julián, escribirle, saber que estaba bien, que la ausencia no lo había entristecido. En el camino, con la voz entrecortada, le envió una nota de voz:
— Julián… ¿cómo estás? He pensado mucho en ti. Quiero felicitarte porque, como siempre, has sido de los mejores. Te destacas en todo, y eso me hace sentir tan orgullosa… Pero te extraño. Quiero verte, quiero estar contigo, quiero abrazarte.
La respuesta llegó casi de inmediato, una nota de voz llena de calidez:
— Estoy muy bien, María, muy bien. Ya vi las fotos y los videos del grupo. Te buscaba entre todos, y estabas preciosa… tan radiante. Estás hermosa, María, también quiero verte que tal si nos vemos hoy, ven a mi casa ...
Continuara ...
Editado: 29.08.2026