Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 1 – Voces entre farolas 

ACTO 1 – El susurro de la noche

La noche caía lentamente sobre la ciudad, como si el cielo quisiera envolverla en un manto silencioso. Adrián Liria caminaba por las calles empedradas, siguiendo el ritmo de sus pasos y el zumbido lejano de los autos que apenas perturbaban el aire. Había algo en la noche que siempre lo había hecho sentir diferente: la ciudad parecía hablarle.
Mientras avanzaba, notó los primeros susurros. Al principio pensó que eran imaginaciones suyas, ecos de un día largo o sus nervios jugando trucos. Pero los sonidos se hicieron más claros, más insistentes. Susurraban palabras que él no entendía del todo, como si la ciudad guardara secretos antiguos y quisiera compartirlos solo con quien supiera escuchar.
Adrián se detuvo bajo una farola amarilla que titilaba. Su luz proyectaba sombras largas que parecían moverse con vida propia. Miró alrededor y, por un instante, tuvo la sensación de que cada edificio, cada callejón y cada rincón lo observaba. No estaba solo, aunque nadie más caminaba allí.
—¿Hola? —murmuró, casi sin aliento—. ¿Hay alguien ahí?
El silencio fue su única respuesta. Pero en lo profundo de su pecho, una sensación eléctrica creció: miedo y curiosidad entrelazados. La ciudad no solo lo observaba; parecía esperarlo, evaluarlo.
Adrián continuó, dejando que los susurros lo guiaran. Había aprendido a prestar atención a lo que otros ignoraban: el viento que cambiaba de dirección, una sombra que no coincidía con ningún objeto, la vibración leve de la piedra bajo sus pies. Todo tenía un significado que él empezaba a comprender.
Fue entonces cuando la vio: una figura femenina al fondo del callejón. La luz de las farolas apenas iluminaba su silueta, pero algo en ella lo llamó, como un hilo invisible que lo conectaba a un mundo que él no entendía del todo. Sus ojos brillaban con un misterio antiguo, y Adrián sintió, por primera vez en mucho tiempo, que la noche le ofrecía algo más que silencio: una promesa de secretos por descubrir y de emociones que nunca había permitido sentir.
La ciudad respiraba a su alrededor. Las farolas parpadeaban. Los susurros crecían, suaves pero persistentes. Y Adrián comprendió, con un estremecimiento, que su vida ya no sería la misma. La noche había decidido hablarle, y él estaba listo para escuchar.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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