—Adrián… ¿sientes eso? —preguntó Seraphine, su voz apenas un susurro mientras avanzaban por un callejón que parecía más profundo que antes.
Él miró alrededor, desconcertado. La ciudad seguía iluminada por farolas, pero había algo extraño en la luz: parecía vibrar, como si el aire mismo estuviera vivo. Cada sombra proyectaba formas que no coincidían con los edificios, y un escalofrío recorrió su espalda.
—Sí… —respondió—. Es como si… el mundo hubiera cambiado de repente.
Seraphine asintió y se detuvo frente a un muro que parecía sólido, pero que emitía un leve brillo azulado.
—Esto… es la entrada —dijo—. Aquí comienza el Reflejo.
Adrián tragó saliva. Las historias que había leído sobre mundos paralelos y magia le parecían ahora mucho más reales, mucho más cercanas de lo que había imaginado. Su mente intentaba racionalizarlo, pero cada fibra de su cuerpo le decía que estaba cruzando algo que no podía comprender del todo.
—¿Y si… si no puedo volver? —preguntó con voz temblorosa.
Seraphine lo miró con suavidad, como si entendiera cada miedo que él intentaba ocultar.
—Entonces nunca habrás querido de verdad descubrirlo —dijo—. A veces, para encontrar lo que buscas, hay que arriesgarse a perderse.
Adrián inspiró hondo y dio un paso hacia el muro brillante. La luz lo envolvió, cálida y helada al mismo tiempo, y por un instante la ciudad desapareció. Los faroles, los adoquines, los edificios: todo se disolvió en un remolino de sombras y luz.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en la ciudad que conocía. El aire olía diferente, a madera vieja, piedra húmeda y un aroma que parecía mezclarse con recuerdos que no eran suyos. A su alrededor, torres y murallas surgían en lugares imposibles, puentes colgantes cruzaban el cielo y luces flotantes danzaban como si tuvieran vida propia.
—Esto… —susurró, incapaz de articular palabras más complejas—. Esto es increíble.
Seraphine sonrió, pero su expresión mostraba también cautela.
—El Reflejo no es solo belleza, Adrián. Es un lugar de pruebas, donde cada emoción, cada decisión, tiene consecuencias. Y no todo lo que ves puede ser confiable.
Él asintió, sintiendo una mezcla de miedo y fascinación. Cada paso que daba resonaba de forma extraña, como si el suelo mismo recordara sus movimientos. Su corazón latía con fuerza; no era solo por el miedo, sino porque sentía que estaba descubriendo algo que siempre había buscado sin saberlo.
—No estoy seguro de poder hacerlo —dijo finalmente.
—No se trata de estar seguro —respondió Seraphine, apoyando su mano en su hombro—. Se trata de empezar, y tú ya lo hiciste.
Adrián respiró profundo, dejando que la sensación de asombro y peligro lo inundara. La ciudad moderna que conocía había quedado atrás. Ahora, en el Reflejo, todo era posible… y nada era seguro.
Y mientras caminaban entre las torres iluminadas y los puentes imposibles, Adrián comprendió algo que no podía explicar: su miedo era solo la señal de que estaba vivo, realmente vivo, y que esta noche cambiaría todo para siempre.
Editado: 04.01.2026