Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 12 – Laberintos de piedra

El aire se volvió más denso a medida que Adrián y Seraphine avanzaban. El pasillo se abrió en un amplio corredor de piedra, y pronto comprendió que no estaba caminando sobre un suelo común: cada losa parecía reaccionar a su peso, vibrando levemente como si midiera su decisión de avanzar.

—Este es uno de los laberintos antiguos —dijo Seraphine, su voz calmada pero seria—. Está lleno de pruebas: físicas, mentales y, a veces, emocionales. Cada error aquí puede cambiarte… y no siempre para mejor.

Adrián miró a su alrededor. Pasillos que se retorcían sobre sí mismos, escaleras que subían y bajaban sin lógica aparente, paredes de piedra que susurraban nombres de personas que nunca había conocido. El Reflejo parecía probar su intuición y su coraje, y cada paso lo hacía sentir pequeño y grande a la vez.

—¿Qué tipo de pruebas? —preguntó, respirando hondo.

Seraphine lo observó, evaluando su reacción.
—Algunas son físicas —dijo—. Otras, mágicas. Pero todas buscan lo mismo: enseñarte que no puedes avanzar sin confiar en tus propios sentidos… y en quienes caminan contigo.

Adrián tragó saliva. Sabía que debía aprender rápido, porque cada error podía afectar no solo su destino, sino también el de Seraphine.

La primera prueba apareció ante ellos: un pasillo dividido por columnas de piedra que giraban lentamente. Cada giro creaba caminos nuevos, pero algunos llevaban a callejones sin salida o a trampas que absorbían la luz y el sonido. Adrián respiró hondo y avanzó, recordando las palabras de Eldric: todo lo que toques tiene consecuencias, todo lo que escuches te cambia.

—Debemos movernos juntos —susurró Seraphine—. Confía en mí.

Sus manos se rozaron levemente al cruzar, y un calor inesperado recorrió a Adrián. No era miedo ni peligro; era una chispa de cercanía, un recordatorio silencioso de que no estaban solos.

Mientras avanzaban, la piedra parecía reaccionar a sus emociones: cuando Adrián dudaba, los pasillos se cerraban ligeramente; cuando confiaba en Seraphine, se abrían, guiándolos hacia la salida. Cada decisión era una mezcla de lógica, intuición y corazón.

Lyra apareció en un recodo, señalando un espejo de piedra que reflejaba no sus cuerpos, sino sus pensamientos: Adrián vio su miedo y su deseo, su indecisión y su valentía. Seraphine vio lo mismo, y ambos comprendieron que el laberinto no solo probaba sus cuerpos, sino su vínculo creciente.

—Esto no termina aquí —dijo Seraphine, mientras avanzaban—. Cada prueba te enseñará algo sobre ti… y sobre nosotros.

Adrián asintió, consciente de que cada paso en aquel laberinto era también un paso hacia el corazón del Reflejo… y hacia el suyo propio.
La piedra vibraba bajo sus pies, y aunque el camino parecía interminable, sentía que avanzar juntos hacía que el peligro fuera más soportable… y más emocionante.

El laberinto de piedra no solo era un desafío físico: era una prueba de confianza, valor y conexión silenciosa, donde cada paso podía fortalecer o quebrar el vínculo que apenas comenzaba a formarse entre ellos.

Y mientras Adrián seguía a Seraphine por el sinuoso corredor, comprendió algo esencial: el Reflejo enseñaba a sentir, a decidir y a amar… incluso cuando todo parecía imposible.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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