Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 15 – La ciudad que recuerda

El aire estaba cargado de un silencio extraño, como si la ciudad misma respirara y observase a Adrián y Seraphine. Cada calle reflejada parecía un eco de la ciudad moderna, pero distorsionada por los recuerdos que no habían sido olvidados, por los momentos que el mundo exterior había dejado atrás.

—Este lugar… —susurró Adrián, con los ojos recorriendo los edificios que parecían murmurar—. Es como si supiera quiénes somos… incluso antes de que llegáramos.

Seraphine asintió, caminando con cuidado sobre los adoquines que brillaban tenuemente bajo sus pies.
—La ciudad que recuerdas no es la misma que ves ahora. Cada sombra, cada grieta, cada reflejo tiene memoria. Guarda secretos de quienes han pasado por aquí, y de quienes han desaparecido.

Adrián sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Incluso tú…? —preguntó, con voz apenas audible, refiriéndose a Seraphine.

Ella detuvo su paso y lo miró a los ojos. La luz líquida de las farolas reflejaba una mezcla de emoción y advertencia en su rostro.
—Parte de mí también está atrapada en estos recuerdos —confesó—. Es por eso que estoy aquí. Por eso necesito que me ayudes a entender lo que la ciudad esconde.

Mientras caminaban, los reflejos de los edificios comenzaron a moverse de manera sutil. Un balcón que había estado vacío minutos antes mostraba ahora una figura que desaparecía al parpadear. Una farola emitía un murmullo suave, casi humano, que parecía repetir fragmentos de conversaciones que nunca habían tenido lugar.

—Cada rincón de esta ciudad tiene historia —explicó Seraphine—. Si aprendes a escuchar, te mostrará pistas sobre lo que ocurrió… y sobre mí.

Adrián se inclinó, tocando con cuidado el adoquín que brillaba bajo su mano. Sintió un temblor de recuerdos que no eran suyos, imágenes fragmentadas: un niño corriendo entre calles desiertas, una mujer que lloraba bajo la lluvia y luego desaparecía, sombras que parecían buscar algo… o alguien.

—Así que… —dijo Adrián, levantando la vista—. La ciudad recuerda todo. Incluso mi miedo, incluso mis dudas.

Seraphine se acercó, tomando su brazo con un gesto que transmitía protección y cercanía.
—Sí. Y también recuerda la verdad. Lo que debemos hacer es aprender a leerla sin perdernos. Solo así podremos encontrar lo que se ha perdido… y lo que aún podemos salvar.

Adrián respiró hondo, sintiendo que cada paso era un riesgo y una lección. La ciudad reflejada parecía viva, consciente de sus emociones, como si quisiera enseñarles algo importante sobre ellos mismos y sobre su vínculo.

—No puedo dejar de pensar en ti —dijo él, en un susurro que se perdió entre los ecos—. Incluso en medio de todo esto, de este lugar que recuerda, siento que… te necesito aquí.

Seraphine lo miró fijamente, con los ojos húmedos de emoción contenida.
—Y yo necesito que confíes en mí —susurró—. No solo en este lugar, sino en lo que somos capaces de enfrentar juntos.

Por un instante, la ciudad pareció inclinarse hacia ellos, como si aprobara el vínculo que nacía entre ambos, mientras sombras y reflejos seguían murmurando secretos que solo Adrián podía percibir. Cada recuerdo y cada murmullo parecía acercarlos más a la verdad sobre la desaparición de Seraphine, pero también fortalecer la chispa silenciosa que crecía entre ellos.

Avanzaron, paso a paso, conscientes de que la ciudad que recordaba todo podía enseñarles, desafiarles y unirlos de maneras que todavía no podían comprender.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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