Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 17 – La traición de Kael

Acto 3 – Los relojes del destino

El cielo del Reflejo se tornaba gris y líquido, como si cada nube estuviera hecha de recuerdos y advertencias. Adrián caminaba junto a Seraphine, aún con el eco de los susurros de la ciudad que recordaba sus pasos y emociones. Cada movimiento parecía observado, cada decisión pesaba como una losa sobre sus hombros.

—Adrián… siento algo extraño —murmuró Seraphine, su voz cargada de preocupación—. Hay alguien más aquí.

Antes de que él pudiera responder, una figura emergió de la neblina. Kael. Su presencia irradiaba autoridad y un frío control que hacía temblar la ciudad misma. No había advertencia en su llegada; simplemente apareció, como si el Reflejo lo hubiera aceptado como parte de su paisaje oscuro.

—Kael… —dijo Adrián, con una mezcla de sorpresa y desconfianza—. ¿Qué haces aquí?

Kael sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era calculadora, afilada como cuchillo.
—Observar, guiar… y recordarles que cada frontera tiene reglas —dijo, su voz un eco que parecía multiplicarse entre los muros del Reflejo—. Pero algunas reglas están hechas para romperse.

Seraphine se adelantó, firme y valiente.
—No permitiré que manipules este lugar ni a nadie aquí —dijo—. Adrián, prepárate.

Kael alzó la mano, y las sombras alrededor de ellos comenzaron a contorsionarse. No eran simples sombras: eran fragmentos del miedo y la duda que Adrián había sentido desde que entró al Reflejo, materializados y obedeciendo a Kael.

—Veo que los dos han crecido —dijo Kael, evaluando a Adrián con mirada fría—. Pero este lugar… y sus corazones… son más fáciles de romper de lo que creen.

Adrián sintió un nudo en el pecho, no por el peligro físico, sino por la sensación de traición y manipulación que emanaba Kael. Sabía que no podía confiar en él ni un segundo, y que cada paso debía ser calculado.

—No nos controlarás —murmuró Adrián, con decisión—. No mientras estemos juntos.

Seraphine tomó su mano, un gesto breve pero cargado de confianza y cercanía. No necesitaban palabras románticas; sus acciones hablaban por ellos: Adrián protegería a Seraphine, Seraphine confiaba en él, y juntos podían desafiar incluso a Kael.

Kael rió suavemente, una risa que parecía surgir de las piedras mismas.
—Ah, la confianza del corazón… tan frágil y tan útil a la vez. Veremos cuánto dura —dijo, mientras desaparecía entre las sombras, dejando tras de sí un rastro de inquietud y peligro latente.

Adrián respiró hondo.
—Tenemos que estar preparados —dijo—. Kael no solo manipula este mundo… manipula los miedos de quienes entramos en él.

Seraphine asintió, apretando suavemente su mano.
—Y si confiamos el uno en el otro, su poder no nos quebrará.

Mientras avanzaban por la ciudad que recordaba todo, Adrián comprendió que el verdadero desafío no era solo sobrevivir al Reflejo, sino mantener su vínculo intacto frente a manipulaciones, traiciones y secretos oscuros.

Y en ese instante, supo que su primer encuentro con Kael no sería el último, pero también supo que la fuerza del corazón podía superar cualquier sombra, mientras se mantuvieran juntos.



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En el texto hay: fantasia, mundos, romance

Editado: 04.01.2026

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