Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 18 – Ecos del pasado

El Reflejo parecía respirar con ellos. Cada calle, cada muro y cada farola líquida vibraba suavemente, como si quisiera contarles historias que no habían escuchado antes. Adrián caminaba junto a Seraphine, con el corazón pesado, consciente de que el peligro de Kael aún flotaba sobre ellos.

—A veces… —comenzó Seraphine, su voz apenas un susurro entre el murmullo de la ciudad—. Siento que los recuerdos nos persiguen aquí, que incluso los momentos que creemos olvidados vuelven a nosotros.

Adrián asintió, curioso y preocupado al mismo tiempo.
—A mí me pasa lo mismo. Hay cosas que no entiendo de mí, cosas que temo recordar.

La ciudad reflejada respondió a sus emociones: los adoquines brillaron tenuemente y un murmullo surgió, como un eco de sus miedos y recuerdos. En un instante, ambos se encontraron rodeados por imágenes translúcidas, recuerdos que no estaban en el presente, pero que eran imposibles de ignorar.

Flashback de Adrián

Se vio a sí mismo, años atrás, caminando solo por calles modernas bajo la lluvia. La soledad era casi tangible, y la sensación de no pertenecer a ningún lugar lo marcaba profundamente. Recordó la primera vez que sus emociones parecían demasiado intensas, cuando la música de un piano lejano lo conmovió hasta las lágrimas.

—No puedo ser como los demás… —susurró aquel joven Adrián a la oscuridad—. No encajo.

Ese miedo, esa sensación de vulnerabilidad, había viajado con él hasta el Reflejo, y ahora cobraba forma en las sombras que Kael podía manipular. Adrián comprendió que enfrentar esas sombras era también enfrentar su propio pasado y aceptar su sensibilidad.

Flashback de Seraphine

Al mismo tiempo, Seraphine recordó un instante de su infancia en el Reflejo: una noche en la que había perdido a alguien cercano y había tenido que aprender a protegerse y a confiar solo en sí misma. La tristeza y la determinación habían marcado su alma, y esa experiencia la había convertido en la persona fuerte y reservada que Adrián conocía ahora.

—No debo mostrar debilidad… pero tampoco puedo olvidar lo que perdí —susurró, recordando cómo cada elección futura estaba influenciada por aquel miedo y aquel dolor—. Cada paso que doy aquí es un equilibrio entre protegerme y abrirme a los demás.

Cuando los ecos del pasado se desvanecieron, Adrián y Seraphine se miraron, conscientes de lo que acababan de compartir sin decirlo en voz alta.
—Ahora entiendo un poco más —dijo Adrián, tomando suavemente la mano de Seraphine—. Tus miedos no te hacen débil… te hacen humana.

Ella apretó su mano con un gesto lleno de confianza y emoción contenida.
—Y los tuyos también —dijo—. Nadie puede manipularnos si comprendemos de dónde venimos y lo que sentimos.

El Reflejo parecía asentir con un pulso silencioso, reconociendo la fuerza nacida de sus recuerdos, sus miedos y su confianza mutua. Cada eco del pasado no era solo un recordatorio de lo que habían perdido, sino también una brújula para lo que podían construir juntos.

Mientras avanzaban, Adrián comprendió algo esencial: conocer los miedos y motivaciones del otro era la base de un vínculo que ninguna traición ni manipulación podría romper.



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En el texto hay: fantasia, mundos, romance

Editado: 04.01.2026

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