La noche del Reflejo tenía un peso especial. No era solo la oscuridad líquida ni los ecos de los relojes flotantes; era la sensación de que cada decisión podía alterar destinos, cada palabra podía herir o unir, cada silencio tenía un significado oculto.
Adrián caminaba junto a Seraphine, Lyra y Eldric. Las calles parecían más estrechas, y las sombras se movían de manera extraña, casi como si sus emociones personales las alimentaran.
—Siento que algo no encaja —dijo Adrián, deteniéndose para mirar a los demás—. No es Kael, no aún… es… nosotros.
Lyra cruzó los brazos, con la mirada penetrante.
—Siempre hay sombras entre aliados —dijo—. A veces surgen por miedo, otras por secretos que no hemos compartido. Debemos ser honestos si queremos avanzar.
Eldric bajó la vista, apretando los puños.
—No todos estamos libres de culpa —susurró—. Algunos secretos son más peligrosos que cualquier enemigo externo.
Seraphine tomó la mano de Adrián, un gesto sutil pero cargado de fuerza emocional.
—Lo importante es que no permitamos que las sombras nos separen —dijo—. Confío en ti, y sé que tú confías en mí.
Adrián asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad. No solo debía proteger a Seraphine, sino también mantener la cohesión del grupo y discernir cuándo un aliado podía convertirse en amenaza.
Un instante después, una luz líquida surgió del suelo, proyectando imágenes de decisiones pasadas del grupo: errores, dudas y promesas incumplidas. Cada figura parecía susurrarles: “¿A quién puedes confiar realmente?”
—Es como si la ciudad… nos estuviera probando —dijo Adrián, con voz firme—. Cada uno de nosotros debe enfrentar sus sombras, y nuestras decisiones afectarán a todos.
Lyra dio un paso adelante, su rostro iluminado por la luz líquida:
—Sí. Y algunos de nosotros ya hemos cometido errores que podrían costarnos caro. Debemos decidir qué nos define: nuestros miedos o nuestras acciones.
Seraphine se acercó a Adrián, apoyando su frente contra la suya, sin palabras, solo transmitiendo apoyo y cercanía. Adrián sintió que el vínculo entre ellos se fortalecía con cada prueba, que el romance implícito no necesitaba gestos sexuales: la fuerza residía en la protección mutua y la confianza compartida.
—Hagamos esto juntos —susurró él—. No importa lo que venga, enfrentaremos nuestras sombras como equipo.
Eldric y Lyra asintieron, y por un momento, la tensión pareció disiparse. Pero Adrián sabía que las decisiones morales más difíciles aún estaban por venir, y que cada acción del grupo podía tener consecuencias imprevisibles.
Mientras avanzaban por las calles que recordaban todo, Adrián comprendió que las verdaderas pruebas no siempre venían de enemigos visibles, sino de la interacción entre aliados: decisiones que podían salvar o condenar, palabras que podían unir o romper, y silencios que podían construir confianza o desconfianza.
Y en medio de esa tensión, Adrián volvió a mirar a Seraphine:
—Juntos, incluso en la sombra… encontraremos la luz —dijo, con la certeza que solo el corazón podía dar.
Seraphine le sonrió, sus ojos brillando con emoción contenida, y ambos supieron que las sombras internas podían ser igual de peligrosas que cualquier enemigo externo, pero también podían acercarlos más que nunca.
Editado: 04.01.2026