Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 21 – El primer sacrificio

La ciudad reflejada parecía más silenciosa que nunca, aunque el aire vibraba con una presión casi tangible, como si el Reflejo mismo esperara una decisión dolorosa. Adrián y Seraphine caminaban hombro con hombro por un pasillo de piedra que se alargaba infinitamente, los muros cubiertos de relojes diminutos cuyos engranajes giraban en direcciones contradictorias.

—Siento que… algo se aproxima —susurró Seraphine, su voz temblando apenas, pero con determinación—. No será fácil… y alguno de los dos tendrá que renunciar a algo que nos importa.

Adrián inhaló profundamente, sintiendo el peso de la responsabilidad. Sabía que cada elección en el Reflejo tenía consecuencias, y que el sacrificio no siempre se medía en vidas, sino en momentos, recuerdos o posibilidades que debían dejar atrás.

Un brillo intenso surgió de un reloj gigante frente a ellos. La luz envolvió a Seraphine y Adrián, y en el aire comenzaron a aparecer visiones de lo que podrían perder: recuerdos de su infancia, momentos de seguridad que jamás podrían recuperar, incluso fragmentos de su relación, porque el Reflejo no toleraba la complacencia.

—No puedo… —dijo Adrián, con la voz entrecortada—. No puedo perder eso… pero… si es lo único que nos mantiene avanzando…

Seraphine lo miró, y por primera vez en mucho tiempo, Adrián vio una vulnerabilidad profunda en ella, un miedo que no había compartido con nadie:
—Yo también tengo algo que debo dejar atrás —susurró—. No es un objeto, ni un recuerdo… es algo dentro de mí que me ata al pasado. Y debo liberarlo si queremos sobrevivir.

Adrián asintió, con los ojos húmedos. Sabía que el sacrificio no debía ser doloroso solo físicamente, sino también emocionalmente. Y en ese instante, comprendió que la fuerza del vínculo entre ellos no se medía en lo que tenían, sino en lo que estaban dispuestos a renunciar por el otro.

Seraphine cerró los ojos, respirando hondo, y dejó ir un recuerdo doloroso de su infancia en el Reflejo, un miedo que había guardado como escudo durante años. La ciudad pareció susurrar con aprobación, y los relojes giraron en sincronía perfecta, como si reconocieran la valentía de quien se sacrifica por los demás.

Adrián, a su vez, soltó una parte de su temor más profundo: la inseguridad que lo hacía dudar de sí mismo y de su capacidad para proteger a Seraphine. Al hacerlo, sintió un vacío temporal en el corazón, reemplazado inmediatamente por una conexión más profunda y silenciosa con Seraphine, que entendía cada gesto sin necesidad de palabras.

—Lo hiciste… y yo también —dijo ella, tocando suavemente su mano—. No necesitamos hablarlo, porque lo sentimos. Y eso nos hace más fuertes.

Mientras avanzaban por el corredor de relojes que giraban y se contorsionaban a su alrededor, Adrián comprendió algo esencial: el primer sacrificio no solo fortalecía la misión, sino también el vínculo que los unía, y que el amor verdadero podía crecer a través de la entrega, la confianza y la acción, no de palabras románticas o gestos físicos.

En ese instante, el Reflejo no parecía tan hostil. Parecía reconocer que, a pesar del miedo, la tensión y las pérdidas, Adrián y Seraphine habían demostrado la fuerza que nace de la valentía y del cuidado mutuo.

—Juntos —susurró Adrián, entre las sombras líquidas—. Siempre juntos, aunque tengamos que sacrificar partes de nosotros mismos.

Seraphine lo miró con una mezcla de alivio y emoción contenida, y ambos siguieron adelante, conscientes de que los desafíos mayores aún estaban por venir, pero que nada podría romper el lazo que habían confirmado con su primer sacrificio.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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