Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 26 – La prueba de Eldric

El aire en el Reflejo estaba cargado de tensión, como si cada paso resonara en un eco interminable. Adrián y Seraphine avanzaban junto a Eldric, su mentor, pero algo en su porte había cambiado. Sus ojos reflejaban una lucha interna, y cada gesto parecía medir si debía guiarlos con mano firme o dejar que descubrieran sus propios límites.

—Hay reglas que no se deben romper —dijo Eldric, con voz grave, mientras los faroles líquidos iluminaban sus rostros—. Pero también hay decisiones que solo ustedes pueden tomar.

Seraphine frunció el ceño, percibiendo la tensión de su mentor.
—¿Entonces qué… nos dejas decidir solos? —preguntó, con un hilo de voz que denotaba respeto y curiosidad a partes iguales.

Eldric se detuvo, dejando que la luz líquida bailara sobre sus hombros.
—No es tan simple —respondió—. Cada elección tiene un precio, y mi deber es asegurar que entiendan las consecuencias. Pero… hay algo que debo enseñaros: la fuerza verdadera nace de tomar decisiones con el corazón y no solo con la razón.

Adrián se tensó ligeramente. Sabía que la prueba que Eldric proponía no sería física, sino una prueba del alma y del vínculo que compartían él y Seraphine. Sus ojos buscaron los de ella, y ambos entendieron que la confianza entre ellos sería puesta a prueba.

—No podemos fallar —susurró Adrián, apretando suavemente su mano—. No el uno al otro, ni ante Eldric.

Seraphine le devolvió la presión con una sonrisa contenida.
—Lo sé… y juntos, podemos enfrentarlo.

Eldric los llevó a un espacio abierto, donde el cielo reflejado parecía girar lentamente sobre ellos, mostrando imágenes de sus miedos, dudas y errores pasados. La ciudad reflejada los observaba, pero esta vez la lección no venía de afuera, sino del interior. Cada visión estaba diseñada para que se cuestionaran: ¿podrías arriesgarte por otro, incluso si temes perderlo? ¿Podrías tomar decisiones que desafíen tu propio juicio por proteger a quienes amas?

Adrián cerró los ojos, respirando hondo. Sabía que la prueba de Eldric no estaba en evitar el peligro, sino en confiar plenamente en Seraphine y en sí mismo, dejando que la fortaleza del vínculo que habían construido guiara cada acción.

—Seraphine… confío en ti —dijo, con suavidad, mientras el reflejo de sus propios miedos se desvanecía ante la luz de su determinación—. No importa lo que venga, no dejaré que nada nos separe.

Ella lo miró, con los ojos brillantes y la emoción contenida, y apoyó su frente contra la de él.
—Y yo en ti —susurró—. Siempre.

La ciudad reflejada pareció asentir. Las luces líquidas se agruparon a su alrededor, formando un caminos de seguridad que solo podían seguir aquellos que demostraban confianza verdadera. Eldric observó en silencio, con un pequeño gesto de aprobación. La prueba no había sido de fuerza ni de magia, sino de corazón y lealtad.

—Han aprendido lo esencial —dijo finalmente Eldric—. El Reflejo no es solo un desafío de magia o de tiempo… es un espejo del alma. Y ambos han demostrado que sus corazones laten al mismo ritmo.

Adrián y Seraphine se miraron, sabiendo que la prueba de Eldric los había unido aún más, fortaleciendo un romance silencioso y emocional que no necesitaba gestos explícitos, solo confianza, cercanía y la certeza de estar juntos incluso en las pruebas más difíciles.

Mientras continuaban caminando bajo las luces que guiaban cada paso, Adrián pensó que la magia del Reflejo no residía solo en los portales ni en los relojes suspendidos, sino en cómo los había enseñado a confiar en sí mismos y en su vínculo, el lazo silencioso y profundo que ya no podría romperse.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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