Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 27 – El portal cerrado

El aire del Reflejo se volvió denso y eléctrico. Cada paso que Adrián y Seraphine daban hacia el portal que conectaba la ciudad moderna con las profundidades del Reflejo estaba cargado de una tensión que parecía presionar el pecho. No era solo miedo al peligro; era la sensación de que cada decisión pasada, cada acto de confianza, los había traído hasta este momento exacto, y que ahora todo pendía de un hilo.

El portal, una enorme estructura suspendida entre dimensiones, estaba cerrado. Su superficie parecía hecha de un cristal líquido y vibrante, pero ahora reflejaba sombras distorsionadas, como si el propio Reflejo intentara mostrarles que no estaban listos.

—No… no puede ser —susurró Seraphine, con la voz cargada de incredulidad—. Todo el camino hasta aquí, y… está cerrado.

Adrián se inclinó sobre el cristal líquido, observando cómo las sombras se retorcían y emitían un murmullo casi humano, susurrando dudas y temores.
—Debe haber una manera —dijo, tratando de contener la ansiedad que amenazaba con romper la calma que habían mantenido durante semanas—. Solo necesitamos encontrarla.

A su alrededor, la ciudad reflejada parecía susurrar en ecos de luz y sombra, mostrando fragmentos de caminos que podrían ser seguros o trampas, mezclando recuerdos de decisiones pasadas con visiones de futuros posibles. Cada farola líquida iluminaba de manera diferente, proyectando rostros que no existían y gestos que solo ellos podían sentir, como si la ciudad misma les recordara que el Reflejo juzgaba su vínculo y su determinación.

Eldric apareció detrás de ellos, su figura imponente pero cansada. Sus ojos mostraban la lucha de un mentor dividido entre imponer reglas y permitirles crecer con autonomía.
—No será fácil —dijo, su voz resonando en la quietud del lugar—. Este portal no se abre para quienes dudan de sí mismos o del otro. Deben demostrar que confían plenamente, no solo en sus habilidades, sino en su vínculo.

Adrián miró a Seraphine, y en ese instante comprendió que la prueba del portal no era física, sino emocional y silenciosa. Cada latido de su corazón estaba en sincronía con el de ella. Cada duda que sentían debía ser superada con confianza mutua y cercanía silenciosa.

—Podemos hacerlo —susurró él, tomando su mano y apretándola con fuerza—. Juntos.

Ella le devolvió la presión con una sonrisa tenue pero cargada de emoción:
—Juntos. Siempre.

Entonces, algo comenzó a cambiar. Las sombras distorsionadas que cubrían el portal comenzaron a replegarse lentamente, mostrando fragmentos de luz que formaban senderos y símbolos que solo podían interpretarse si confiaban plenamente el uno en el otro. Cada símbolo parecía hablar de lealtad, sacrificio y la fuerza de lo que habían construido.

—Recuerden —dijo Eldric—. No se trata de fuerza ni de magia. Se trata de corazón y confianza.

Adrián respiró hondo, cerrando los ojos un instante y dejando que la serenidad y la certeza de estar junto a Seraphine llenaran cada rincón de miedo. Cuando abrió los ojos, los símbolos de luz se alinearon, formando una llave intangible que solo podía ser activada por su vínculo inquebrantable.

—Ahí… lo ves —dijo Seraphine, señalando cómo las luces dibujaban un patrón que se abría paso hacia el centro del portal—. Solo debemos creer en nosotros.

Adrián asintió, y juntos dieron un paso hacia adelante, dejando que la ciudad reflejada los guiara. El portal se abrió lentamente, emitiendo un sonido suave, como un suspiro liberador, y el aire alrededor se llenó de un brillo cálido que envolvió sus cuerpos y sus corazones.

—Lo logramos —susurró Seraphine, apoyando su frente contra la de él—. Gracias por confiar en mí.

—Y yo en ti —respondió Adrián, sintiendo cómo cada miedo, cada duda y cada susurro del Reflejo se disolvía en la luz que los rodeaba—. Siempre.

El portal estaba abierto, pero no como un simple camino físico: era la prueba más profunda de su vínculo, del amor silencioso que compartían y de la confianza que los mantenía unidos frente a cualquier oscuridad del Reflejo. Mientras cruzaban, la ciudad los observaba en silencio, reconociendo que el verdadero poder no residía en la magia del mundo, sino en la fortaleza de dos corazones que se habían elegido sin palabras, solo con acciones y cercanía emocional.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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