El Reflejo estaba en calma por un momento, como si la ciudad misma les concediera un respiro. Las luces líquidas de las farolas brillaban suavemente, proyectando reflejos sobre las paredes de cristal que formaban callejones imposibles y avenidas que se retorcían entre dimensiones. Cada sonido parecía amplificado, cada susurro, cada eco, recordándoles que aquí, los recuerdos y las emociones se convertían en fuerza tangible.
Adrián y Seraphine caminaron lado a lado, disfrutando del silencio momentáneo, pero ambos sentían que este respiro era un regalo del Reflejo para enfrentar su vínculo con honestidad. Adrián rompió el silencio con voz suave:
—Hace tiempo que no… compartimos de verdad lo que llevamos dentro. —Su mirada se encontró con la de ella, cargada de curiosidad y confianza.
Seraphine asintió, respirando hondo.
—Sí… creo que siempre hemos estado tan concentrados en sobrevivir, en las pruebas, que olvidamos detenernos un instante para… hablar de nosotros.
Se detuvieron bajo un farol líquido que iluminaba sus rostros con un resplandor cálido. La luz danzaba suavemente sobre sus manos entrelazadas y sobre sus ojos que buscaban sinceridad. Adrián respiró hondo y comenzó a abrir su corazón:
—Hay cosas que no le he contado a nadie… miedo, inseguridades… incluso sobre ti. —Se inclinó ligeramente hacia ella, transmitiendo vulnerabilidad y confianza al mismo tiempo—. Pero contigo… siento que puedo ser yo mismo, sin máscaras.
Seraphine sonrió con ternura, tocando suavemente su mejilla, un gesto que hablaba más que mil palabras.
—Yo también —susurró—. Hay momentos en que siento que todo podría derrumbarse y… tú eres la única razón por la que puedo seguir adelante.
El Reflejo parecía escuchar, proyectando sobre las paredes destellos de sus recuerdos: pequeños fragmentos de infancia, decisiones difíciles, pruebas y victorias compartidas. Cada recuerdo se entrelazaba con la luz, mostrando que lo que eran individualmente se fortalecía en la unión.
—Prométeme algo —dijo Adrián, con voz cargada de emoción—. No importa lo que venga… que siempre estaremos sinceros el uno con el otro. Que nunca dejaremos que el miedo nos separe.
Seraphine lo miró con los ojos brillantes, y por primera vez en semanas, permitió que una lágrima silenciosa resbalara por su mejilla.
—Te lo prometo —susurró—. Y yo también te protegeré, incluso si significa enfrentar mis propios miedos.
Ambos se quedaron en silencio un instante, disfrutando de la calma que precede a la tormenta. El Reflejo no necesitaba palabras para entender que dos corazones que se elegían constantemente podían desafiar cualquier obstáculo. La ciudad parecía asentir con un murmullo de luces que iluminaba suavemente cada rincón, mostrando senderos ocultos y puertas que solo se abrían con confianza y valentía.
—¿Sabes? —dijo Adrián, tomando sus manos entre las suyas y entrelazando los dedos—. Nunca pensé que encontraría alguien con quien compartir tanto… y sentir que cada recuerdo, incluso los más dolorosos, valen la pena porque estás tú.
Seraphine sonrió con calidez, apoyando su frente contra la de él.
—Y yo nunca pensé que alguien pudiera comprenderme así… hasta que apareciste tú.
Un silencio cómodo los envolvió, solo interrumpido por los susurros del Reflejo, que ahora parecían suaves y respetuosos, como si la ciudad reconociera la fuerza de su vínculo. Cada promesa, cada recuerdo compartido, cada emoción expresada silenciosamente, fortalecía la conexión entre ellos y les daba nuevas fuerzas para enfrentar lo que vendría.
Mientras continuaban su camino, Adrián pensó que el verdadero poder del Reflejo no era solo su magia, sino cómo lograba sacar lo mejor de ellos, revelando emociones profundas y fortaleciendo un amor silencioso que podía resistir cualquier sombra, cualquier desafío y cualquier distancia entre mundos.
Editado: 04.01.2026