La ciudad reflejada parecía más viva que nunca, pero con un aire oscuro y amenazante. Cada calle, cada farola líquida, proyectaba sombras que se retorcían y se mezclaban con la luz, como si la ciudad misma advertiera del peligro que se avecinaba. Adrián caminaba junto a Seraphine, su mano entrelazada con la suya, intentando mantener la calma a pesar del miedo que recorría su cuerpo.
—Siento… algo —murmuró Seraphine, deteniéndose un instante para escuchar los susurros del Reflejo. Su voz temblaba ligeramente—. No es como antes… hay una intención. Algo oscuro.
Adrián asintió, apretando su mano con suavidad, transmitiéndole la certeza de que no estaba sola.
—Lo sé —dijo—. Y no vamos a enfrentarlo sin estar juntos. Pase lo que pase, Seraphine, confío en nosotros.
Las palabras no eran solo un acto de valentía: eran un recordatorio silencioso de su vínculo, un puente invisible entre dos corazones que ya habían superado pruebas imposibles.
Entonces, surgió la sombra. No era un ser común: su figura era alta y difusa, sus bordes temblaban entre la realidad y la ilusión, y su voz resonó en sus mentes antes de aparecer físicamente.
—Adrián… Seraphine… —dijo Kael, su tono cargado de sarcasmo y amenaza—. Creyeron que podían controlar este mundo… pero el Reflejo no se deja engañar.
Adrián dio un paso al frente, mientras su corazón palpitaba con fuerza. Sentía la presión de cada calle, cada farola y cada sombra de la ciudad, pero sabía que no podían retroceder.
—Kael —dijo con voz firme—. No vamos a dejar que rompas lo que hemos construido.
Seraphine se colocó a su lado, apoyando su mano en la de él, una demostración de confianza que hablaba más que cualquier palabra.
—Estamos juntos —susurró ella—. Y eso es más fuerte que cualquier sombra.
Kael sonrió con desdén, pero sus ojos brillaban con curiosidad y frustración al mismo tiempo. Movió la mano, y de las paredes líquidas surgieron sombras que comenzaron a cercarlos, formando muros y laberintos que intentaban separarlos. Cada obstáculo era una prueba de su vínculo y su determinación, y cada murmullo del Reflejo parecía amplificar los temores más profundos de ambos.
Adrián respiró hondo y cerró los ojos por un instante, recordando los momentos en que habían confiado el uno en el otro, los gestos silenciosos, las palabras susurradas y los recuerdos compartidos. Cuando abrió los ojos, la luz de las farolas reflejadas en la ciudad se alineó, mostrándoles un camino que solo podía ser seguido si permanecían unidos y confiaban plenamente.
—No nos separarás —dijo Adrián, con firmeza—. Ni tú, ni nadie.
Seraphine lo miró, y su sonrisa era un rayo de luz en medio de la oscuridad.
—Nunca —contestó, apoyando su frente contra la de él por un instante—. Juntos. Siempre.
Kael no estaba preparado para ver la fuerza de un vínculo verdadero. Con cada paso que Adrián y Seraphine daban, las sombras que él había conjurado se disolvían lentamente, como si la ciudad misma reconociera la sinceridad de su relación y su confianza mutua.
Sin embargo, Kael no desistió. Movió sus manos nuevamente y proyectó un espejo de ilusiones frente a ellos: recuerdos distorsionados de momentos dolorosos, decisiones pasadas que los hicieron dudar, fantasmas de errores que podrían haberlos separado. Cada reflejo era un eco de sus miedos más profundos, pero esta vez, Adrián y Seraphine se miraron a los ojos y, sin necesidad de palabras, compartieron fuerza y comprensión.
—No —dijo Adrián, con voz firme, tomando su rostro entre sus manos—. Nada de esto es real mientras estemos juntos.
Seraphine asintió, y el calor de su cercanía disipó los últimos restos de ilusión que Kael había proyectado. Los ecos de sus miedos se desvanecieron lentamente, y por un instante, la ciudad reflejada quedó en silencio, como si contuviera la respiración, reconociendo que el amor implícito y la confianza podían superar incluso las sombras más oscuras.
Kael retrocedió, frustrado, pero no derrotado. Sabía que el conflicto aún no había terminado, que la frontera entre mundos todavía tenía sus secretos, y que estos dos corazones unidos serían el obstáculo más grande que jamás enfrentaría.
Adrián y Seraphine respiraron hondo, apoyándose uno en el otro, sintiendo que cada desafío, cada susurro, cada sombra, los acercaba más. La tensión del ataque de Kael se disipaba lentamente, pero el recuerdo de la prueba los acompañaría siempre: un recordatorio de que su vínculo era su verdadero poder, más allá de la magia, más allá de las sombras, más allá de cualquier obstáculo del Reflejo.
Con cada paso que daban, el mundo parecía abrirse nuevamente ante ellos, pero esta vez con la certeza de que juntos podían enfrentarlo todo, y con la promesa silenciosa de que su amor implícito, construido con confianza y gestos, sería la luz que los guiaría incluso en la oscuridad más profunda.
Editado: 04.01.2026