Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 32 – El corazón del Reflejo

La ciudad reflejada parecía latir al compás de sus propios pensamientos. Cada calle, cada farola líquida, cada esquina curva, parecía responder a la presencia de Adrián y Seraphine. No era solo un lugar; era un ser consciente, capaz de sentir emociones y reconocer vínculos. Y en su centro, se encontraba el corazón del Reflejo, un lugar donde la magia que unía ambos mundos se hacía tangible, visible y palpitante como un cristal líquido que respiraba.

—Adrián… —susurró Seraphine, con los ojos brillantes—. Mira eso…

Frente a ellos se alzaba una esfera de luz etérea, suspendida entre dos torres de cristal. Cada destello parecía contener fragmentos de memorias y posibilidades, ecos de mundos paralelos y reflejos de vidas que podrían haber sido. La esfera vibraba suavemente, proyectando ondas que resonaban en sus corazones y les hablaban sin palabras.

—Es… hermoso —murmuró Adrián, tomando la mano de Seraphine y entrelazando sus dedos con cuidado—. Nunca imaginé que algo así existiera.

Ella le sonrió, apoyando su frente contra la suya, y por un instante, todo lo demás desapareció: los peligros, Kael, las sombras del Reflejo. Solo existían ellos, unidos por un lazo silencioso, y la esfera que parecía premiar su confianza mutua.

—Esto… —dijo Seraphine, respirando hondo—. Es la magia que conecta ambos mundos. No solo el Reflejo y la ciudad moderna… sino también nuestros corazones.

Adrián sintió un calor recorrer su pecho. La esfera no solo era mágica; era un espejo de su vínculo con Seraphine, que reflejaba la fuerza de sus emociones, la profundidad de su amor implícito y la seguridad de que podían enfrentar cualquier desafío juntos.

De repente, la esfera proyectó imágenes ante ellos: momentos de miedo, decisiones difíciles, pruebas que habían enfrentado juntos. Cada recuerdo se entrelazaba con los gestos más íntimos que habían compartido, desde una mirada cómplice hasta un toque silencioso que hablaba de confianza. El Reflejo parecía enseñarles que la verdadera magia residía en su unión emocional, más que en cualquier hechizo o prueba.

—Mira —dijo Adrián, señalando un reflejo de su primer encuentro en la ciudad moderna—. Todo comenzó allí, y todo nos ha traído hasta aquí. Cada susurro, cada sombra… todo nos fortaleció.

Seraphine asintió, sus ojos llenos de emoción.
—Y ahora entiendo —susurró—. No importa cuántos peligros nos espere el Reflejo… ni cuántos mundos tengamos que atravesar. Mientras estemos juntos, podemos sostenerlo todo.

La esfera comenzó a girar suavemente, proyectando rayos de luz que se entrelazaban con sus manos y sus cuerpos. Cada destello parecía insinuar caminos, revelar secretos y ofrecer protección, como si el corazón del Reflejo reconociera que su vínculo era genuino y fuerte.

—Adrián… —dijo ella, tomando su rostro entre las manos—. Esto no es solo magia. Esto es nosotros. La fuerza que tenemos juntos.

Él la abrazó suavemente, apoyando la frente contra la suya.
—Sí —dijo—. Y nada ni nadie podrá romperlo. Ni Kael, ni las sombras, ni el tiempo. Mientras nos tengamos el uno al otro, todo tiene sentido.

La ciudad reflejada vibró a su alrededor, y por primera vez, Adrián y Seraphine sintieron que la frontera entre ambos mundos no era una barrera, sino un puente, un lugar donde la magia, la confianza y el amor implícito podían coexistir. Las luces líquidas bailaban a su alrededor, proyectando caminos que solo podían ser recorridos con el corazón y no solo con los pies.

—Tenemos que seguir adelante —dijo Adrián, con un suspiro de determinación—. Pero ahora sé algo: podemos enfrentar cualquier desafío. Juntos.

Seraphine sonrió, y por primera vez desde que cruzaron la frontera, sintió que el miedo se había transformado en esperanza, que cada obstáculo previo había sido solo un escalón hacia este momento de unión.
—Juntos —repitió, entrelazando sus manos con más fuerza.

Kael estaba en algún lugar, observando, pero ahora la sombra que proyectaba parecía más débil. La esfera, el corazón del Reflejo, había validado su vínculo, y eso significaba que cualquier intento de separarlos requeriría un poder que él no poseía.

Mientras caminaban hacia la esfera, sintieron que cada paso consolidaba no solo su relación, sino también la esencia de la ciudad reflejada, mostrando que la magia más poderosa no estaba solo en hechizos, sino en la confianza, el amor implícito y la certeza de que los corazones unidos podían trascender mundos y tiempos.

Al llegar al centro, Adrián y Seraphine colocaron sus manos sobre la esfera, y la luz los envolvió suavemente. Sus cuerpos no necesitaban contacto físico más allá de su cercanía; sus emociones, sus promesas silenciosas y sus recuerdos compartidos activaron un vínculo que brillaba más que cualquier hechizo.

—Esto… —dijo Seraphine con una sonrisa temblorosa—. Esto es para siempre, ¿verdad?

Adrián asintió, apretando suavemente su mano.
—Sí… para siempre.

La esfera del corazón del Reflejo los cubrió con su luz, y en ese instante, ambos comprendieron que el verdadero poder no estaba solo en cruzar mundos, sino en mantenerse juntos mientras los mundos los probaban. Y mientras caminaban, cada paso resonaba con la certeza de que su amor implícito, su confianza y su unión emocional serían la magia más fuerte que cualquier Reflejo podría ofrecer.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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