Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 33 – La caída de la noche

ACTO 5 – El latido final

El cielo del Reflejo se oscureció más rápido que nunca. No era un simple atardecer, sino una caída abrupta de la noche que parecía devorar la ciudad reflejada, cubriendo sus calles líquidas y sus farolas danzantes con un manto de sombras profundas. Adrián y Seraphine avanzaban con cautela, sintiendo cada paso como un desafío, y cada susurro del Reflejo como un recordatorio de que esta prueba no era solo física, sino emocional y espiritual.

—Siento que… algo nos observa —murmuró Seraphine, con la voz cargada de ansiedad contenida—. No es Kael… es más profundo… la ciudad misma parece estar viva.

Adrián apretó su mano con suavidad, transmitiéndole calma.
—No importa lo que venga —dijo con voz firme—. Estemos juntos. Eso es suficiente para atravesar cualquier oscuridad.

Las farolas líquidas parpadeaban con un ritmo irregular, proyectando sombras que se retorcían y separaban, como si intentaran apartarlos el uno del otro. Cada calle se doblaba de manera inesperada, cada reflejo parecía distorsionar su percepción, y los ecos de pasos que no eran suyos aumentaban la tensión. El Reflejo estaba probando su determinación, su confianza mutua y la fuerza de su vínculo.

De repente, una serie de obstáculos surgieron ante ellos: muros de cristal líquido que cambiaban de forma, calles que se desvanecían y reaparecían, y sombras que imitaban sus propios movimientos, desafiando cada paso que daban. Adrián respiró hondo, recordando todo lo que habían superado hasta ahora.
—Nada de esto nos va a separar —dijo, mirando a Seraphine a los ojos.

Ella asintió, y su mirada transmitía una confianza silenciosa que hablaba más fuerte que cualquier palabra.
—Juntos —susurró—. Siempre.

Cada obstáculo físico se convirtió en una prueba emocional: tenían que coordinarse sin hablar, confiar en los gestos y en la intuición del otro, y mantener la calma mientras la noche se volvía más intensa. Cada sombra que parecía dividirlos se disipaba cuando entrelazaban las manos, demostrando que su conexión emocional era más poderosa que cualquier ilusión o magia del Reflejo.

Eldric apareció a lo lejos, proyectando una luz que parecía guiar su camino, pero no intervenía directamente.
—La última prueba es la más difícil —dijo con voz firme—. No solo mide fuerza o habilidades, sino la profundidad de sus emociones y la confianza que se tienen mutuamente.

Adrián tomó una respiración profunda y cerró los ojos por un momento, recordando los momentos en que la oscuridad había sido casi insoportable: la primera sombra de Kael, los espejos de ilusión, los recuerdos dolorosos y los sacrificios que habían enfrentado. Cada experiencia los había preparado para este instante, y ahora comprendía que la fuerza del amor implícito y la confianza mutua serían su verdadero escudo.

Cuando abrió los ojos, Seraphine lo miraba con ternura y decisión, y un simple gesto de ella fue suficiente para disipar cualquier duda. Juntos comenzaron a avanzar por el camino más peligroso, las sombras se retorcían a su alrededor, pero cada paso que daban fortalecía su vínculo, haciendo que la ciudad reflejada misma pareciera reconocer su resolución.

Las calles líquidas se movían a su ritmo, como si la ciudad respondiera a su sincronía. Cada obstáculo mágico exigía decisiones rápidas, confianza implícita y la certeza de que no podían dudar el uno del otro. Los espejos reflejaban sus emociones más profundas, desde el miedo hasta la esperanza, y cada reflejo era superado no con fuerza física, sino con la fuerza de sus corazones unidos.

Cuando llegaron al centro de la plaza reflejada, la noche parecía más oscura que nunca. Allí, un espejo gigantesco los esperaba, reflejando no solo sus rostros, sino también sus emociones, decisiones y recuerdos compartidos.
—Este es el último desafío —dijo Eldric desde la distancia—. Miren dentro del espejo y enfrenten lo que realmente temen.

Adrián y Seraphine se tomaron de las manos, y juntos miraron el reflejo. Lo que vieron no eran monstruos ni ilusiones externas, sino sus miedos internos: la posibilidad de perderse, de fallar, de no ser suficientes el uno para el otro. Cada reflejo golpeaba directamente su corazón, poniendo a prueba su confianza mutua.

—No importa lo que veamos —susurró Adrián—. Mientras estemos juntos, nada puede separarnos.

Seraphine apoyó suavemente su frente contra la de él, cerrando los ojos y respirando profundamente.
—Juntos —repitió—. Siempre.

Al hacerlo, el espejo vibró suavemente y comenzó a disiparse, transformando la plaza reflejada en un mar de luz líquida que abrazaba la ciudad. Las sombras se retiraron, los caminos se iluminaron y la ciudad reconoció que su vínculo era verdadero, más fuerte que cualquier prueba.

El corazón de la ciudad parecía latir a su alrededor, un recordatorio silencioso de que la magia más poderosa no estaba en los hechizos ni en las pruebas, sino en la confianza, el amor implícito y las decisiones compartidas. Adrián y Seraphine caminaron por la plaza, sabiendo que habían superado la última prueba física y emocional, y que su unión era ahora indestructible.

Mientras la noche se asentaba suavemente y las luces líquidas bailaban a su alrededor, ambos comprendieron que el Reflejo ya no era un enemigo, sino un aliado silencioso que había reconocido su fuerza y su vínculo. Sus manos permanecieron entrelazadas, y con cada paso, su amor implícito se consolidaba más, preparado para los desafíos que aún pudieran venir, pero invencible mientras permanecieran juntos.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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