El Reflejo estaba más silencioso que nunca. Las calles líquidas y las torres de cristal proyectaban un brillo tenue, reflejando cada movimiento de Adrián y Seraphine con un halo etéreo que parecía detener el tiempo por un instante. Frente a ellos se abría un portal, un resquicio de luz y sombra que conectaba la ciudad reflejada con su mundo original. La elección estaba clara: podían quedarse en el Reflejo, con su magia y secretos, o regresar a la ciudad moderna, donde la vida continuaba, pero los lazos mágicos se desvanecerían lentamente.
Seraphine respiró hondo, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—Adrián… —murmuró, con un tono cargado de incertidumbre y emoción—. ¿Y si elegimos mal?
Él le tomó la mano suavemente, apretándola con delicadeza.
—No hay elección “mal” —dijo con firmeza, aunque su propia mente estaba llena de dudas—. Solo hay caminos distintos. Lo importante es que lo enfrentemos juntos.
El portal vibraba ante ellos, proyectando imágenes de ambos mundos: los recuerdos cotidianos de la ciudad moderna, calles que conocían y sonidos familiares, y la riqueza del Reflejo, con luces danzantes, farolas que susurraban y caminos que cambiaban al compás de su corazón. Cada mundo ofrecía oportunidades y riesgos distintos, y la decisión parecía pesar sobre ellos como una sombra invisible.
—Siempre soñé con algo como esto —dijo Seraphine, sus ojos brillando—. Un lugar donde todo es posible, donde las emociones y los pensamientos tienen forma y voz. Pero… el mundo que dejamos atrás… también tiene valor.
Adrián asintió, y por un instante ambos se quedaron en silencio, escuchando solo el latido de sus propios corazones y el eco del Reflejo. Cada pensamiento era una pregunta: ¿valía la pena arriesgar la certeza de lo conocido por la maravilla de lo imposible? ¿Podían sostener su vínculo si elegían regresar?
De repente, las sombras del Reflejo comenzaron a moverse a su alrededor. No eran peligros físicos, sino manifestaciones de sus miedos y dudas internas: la posibilidad de separarse, la incertidumbre de la vida fuera de la ciudad reflejada, la responsabilidad de decidir por los dos. Cada sombra intentaba sembrar desconfianza, pero cada gesto de Adrián y Seraphine —un apretón de manos, una mirada cómplice, un susurro de ánimo— disipaba la oscuridad y reafirmaba su vínculo.
—Mira lo que hemos superado —dijo Adrián, recordando cada prueba, cada obstáculo y cada desafío que los había acercado—. Todo esto nos ha preparado para este instante. Y pase lo que pase… lo enfrentaremos juntos.
Seraphine sonrió suavemente, apoyando su frente contra la suya.
—Siempre juntos —susurró—. Eso nunca cambiará, ni aquí, ni allá.
El portal comenzó a fluctuar, mostrando destellos de luz más intensos que reflejaban emociones profundas: amor, confianza, miedo y determinación. Cada destello parecía responder a sus pensamientos y sentimientos más íntimos, poniendo a prueba la fuerza de su conexión.
—Creo que… no importa dónde estemos —dijo Adrián, con voz firme—. Mientras estemos el uno con el otro, cualquier lugar puede ser nuestro hogar.
Ella asintió, sintiendo cómo el calor de su cercanía disipaba todo temor.
—Entonces… decidamos juntos —dijo—. No uno sin el otro.
Con esa resolución, caminaron hacia el portal, tomados de la mano, sintiendo cómo la luz los envolvía, como si el Reflejo mismo validara su elección y su vínculo emocional. No necesitaban palabras; sus emociones compartidas hablaban por sí mismas, mostrando la fuerza silenciosa de un amor implícito pero profundo.
Cuando cruzaron el portal, una sensación de plenitud los envolvió. No importaba si regresaban a la ciudad moderna o permanecían en el Reflejo: lo esencial estaba intacto. Su confianza, su cariño y su unidad emocional habían superado cualquier barrera de mundos o tiempo.
El Reflejo los despidió con un susurro suave, casi como un reconocimiento de su madurez y determinación. Las luces líquidas se ondulaban en señal de respeto y el aire vibraba con la energía de su vínculo fortalecido. Adrián y Seraphine caminaron juntos, sabiendo que cada decisión que tomaran a partir de ese momento estaría guiada por la certeza de que lo más importante era mantener su conexión intacta, pase lo que pase.
—¿Sabes algo? —dijo Seraphine, con una sonrisa ligera—. Creo que por fin entiendo… no se trata de elegir un mundo, sino de saber que donde estemos, siempre habrá magia mientras nos tengamos el uno al otro.
Adrián la miró y asintió, sintiendo que cada palabra era cierta y definitiva.
—Exactamente. Y eso… es más poderoso que cualquier hechizo, cualquier prueba o cualquier obstáculo.
Mientras avanzaban hacia el horizonte del portal, la ciudad reflejada los observaba en silencio, consciente de que ese vínculo, nacido de confianza, coraje y amor implícito, sería la magia que sostendría ambos mundos, ahora y siempre.
Editado: 04.01.2026