Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 37 – Voces que susurran paz

El Reflejo amanecía con un silencio cálido, diferente al brillo líquido y parpadeante de la noche. Las calles reflejadas respiraban suavemente, como si cada piedra y cada torre de cristal entendiera que las pruebas más duras ya habían sido superadas. Adrián y Seraphine caminaban juntos, tomados de la mano, mientras sus pasos resonaban con un eco que parecía acompañarlos, como un recordatorio de que no estaban solos y que las decisiones tomadas habían dado frutos.

Lyra apareció a su lado, con una expresión de alivio y satisfacción.
—Nunca pensé que lo lograrían —dijo con una sonrisa ligera—. Las voces que antes susurraban dudas y miedos… ahora susurran paz.

Eldric los siguió desde una distancia prudente, observando cómo cada uno de los aliados y personajes secundarios que habían conocido durante el viaje comenzaba a encontrar su propio equilibrio. Las pruebas habían dejado cicatrices, pero también enseñanzas; la ciudad reflejada parecía responder a ese aprendizaje, iluminando senderos que antes estaban ocultos y suavizando los rincones oscuros que habían sido escenario de miedo y tensión.

—Mira a tu alrededor, Adrián —dijo Seraphine, señalando a los guardianes y habitantes del Reflejo—. Todos ellos han encontrado su lugar, su propósito. El caos ha cedido paso a la armonía.

Adrián asintió, sintiendo un profundo sentimiento de gratitud y alivio. Cada aliado, cada personaje secundario que habían conocido en su travesía, tenía ahora una razón para continuar, una historia que seguir, y su presencia reforzaba la sensación de que cada sacrificio había valido la pena.

Lyra se acercó, y con un gesto delicado, tocó suavemente la luz líquida de una farola que parpadeaba ante ellos.
—Las voces… —dijo—. Ellas ya no susurran miedo, sino reconocimiento. Paz. Y todo gracias a ustedes.

Seraphine sonrió, apoyando su cabeza en el hombro de Adrián, sintiendo cómo el vínculo entre ellos había alcanzado una estabilidad que iba más allá del amor romántico: una conexión profunda con el mundo, con los demás y consigo mismos.
—Es curioso —murmuró—. Cada prueba, cada miedo, incluso las sombras de Kael… nos enseñaron que la verdadera fuerza no estaba solo en nosotros, sino también en aquellos que eligieron acompañarnos.

Adrián la miró, con una expresión de ternura silenciosa.
—Siempre hay voces que susurran paz —dijo—. Solo hay que aprender a escucharlas después de la tormenta.

Mientras caminaban, las calles reflejadas mostraban imágenes de momentos felices de los aliados: Lyra ayudando a los guardianes jóvenes a comprender la magia, Eldric supervisando la formación de los aprendices sin imponer miedo, y otros personajes secundarios reconstruyendo partes de la ciudad reflejada que habían sufrido en los días de caos. Cada escena era un testimonio del impacto que Adrián y Seraphine habían tenido en este mundo y en quienes lo habitaban.

Las luces líquidas se movían a su alrededor, proyectando reflejos que contaban historias sin necesidad de palabras. Adrián observó cómo Seraphine absorbía cada detalle, cómo sus ojos brillaban con comprensión y amor, y cómo cada gesto de los aliados consolidaba la sensación de tranquilidad que tanto habían esperado.

—Nunca creí que un lugar pudiera reflejar no solo nuestras emociones, sino también nuestras decisiones —dijo Adrián, con voz baja—. Cada elección, cada paso que dimos… creó este equilibrio.

Seraphine asintió, entrelazando sus dedos con los de él.
—Y ahora sabemos que, aunque el Reflejo pueda desafiar todo, si nos mantenemos juntos y escuchamos las voces que importan, siempre habrá paz.

El viento del Reflejo susurró entre las torres de cristal, acariciando sus rostros como una caricia que reconocía su esfuerzo y su determinación. Las sombras, que antes habían intentado separarlos, ahora danzaban suavemente a su alrededor, acompañando sus pasos sin amenaza. Cada aliado los seguía a distancia, respetando su momento íntimo, como si todos comprendieran que el verdadero triunfo no estaba solo en sobrevivir, sino en crear un equilibrio donde cada vida tuviera un significado.

Adrián se inclinó ligeramente hacia Seraphine, rozando su frente contra la suya.
—Prometimos elegir siempre juntos —dijo—. Y ahora… no solo hemos elegido el amor, sino también la paz que surge de él.

Ella sonrió, cerrando los ojos, sintiendo cómo cada susurro de la ciudad reflejada, cada latido de sus corazones y cada gesto de sus aliados, confirmaba la promesa silenciosa que habían hecho.
—Siempre —susurró ella—. No importa el mundo, el tiempo ni la sombra que intente separarnos.

Las farolas líquidas comenzaron a brillar más fuerte, proyectando caminos de luz que indicaban que la ciudad reflejada, aunque aún misteriosa, reconocía la armonía que habían instaurado. Cada calle, cada esquina y cada torre parecía susurrar gratitud y esperanza, mostrando que la verdadera magia del Reflejo no estaba solo en sus portales o hechizos, sino en la fuerza de las emociones compartidas y los lazos construidos con valentía y confianza.

Adrián y Seraphine caminaron lentamente hacia la plaza central, tomando conciencia de que cada aliado, cada sombra transformada y cada reflejo de luz era un recordatorio de que las voces que susurraban paz siempre estaban allí, esperando a ser escuchadas por quienes tenían el coraje de abrir su corazón y mantener sus promesas.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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