Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 39 – Eco de un latido

La ciudad comenzaba a respirar con suavidad, como si cada calle, cada torre y cada reflejo supieran que el momento de calma había llegado. El Reflejo y el mundo real ya no estaban en conflicto; cada rincón de luz líquida y piedra sólida parecía responder a la conexión que Adrián y Seraphine habían construido.

Adrián caminaba despacio, observando los reflejos de su propia figura junto a la de Seraphine en el suelo. Cada movimiento estaba cargado de silencio y emoción. Por primera vez podía percibir el latido de todo lo que lo rodeaba, desde las calles que habían recorrido hasta las farolas que alguna vez susurraron secretos, y comprendió que la magia del Reflejo no residía en hechizos ni en portales, sino en las emociones que los guiaban.

—A veces pienso… —dijo en voz baja, más para sí que para ella—. Que la vida es solo un compás de latidos y decisiones. Cada elección marca el ritmo, cada acto sincero lo amplifica.

Seraphine lo escuchaba, apoyada en su hombro, dejando que las palabras fluyeran como un río tranquilo entre ellos.
—Y cada latido compartido —respondió ella— se convierte en un eco que perdura. No solo aquí, sino en todo lo que tocamos, en todos los mundos que cruzamos.

Adrián suspiró, sintiendo cómo la tensión de los días pasados se disolvía lentamente. Recordó la primera vez que escuchó los susurros entre farolas, el primer miedo, la primera prueba, y vio cómo cada experiencia había sido un paso hacia la comprensión de algo más grande: el amor que se elegía conscientemente, el vínculo que trascendía el tiempo y la magia que lo sostenía.

Mientras avanzaban por una plaza bañada en luz líquida, los reflejos comenzaron a dibujar imágenes de su historia: pruebas superadas, aliados que los habían acompañado, momentos de miedo y esperanza entrelazados. Cada recuerdo era un recordatorio de la fuerza silenciosa que había mantenido su corazón firme, incluso en los instantes más oscuros.

—Nunca me imaginé que un amor pudiera… ser así —dijo Adrián—. No solo sentirlo, sino vivirlo como un impulso que mueve mundos y cambia destinos.

Seraphine sonrió, con los ojos brillando de emoción contenida.
—Eso es porque no es un amor cualquiera —dijo—. Es uno que se construye con paciencia, confianza y valentía. Uno que no depende del tiempo, ni del espacio, ni de los obstáculos… sino de nosotros.

A lo lejos, Eldric y Lyra observaban en silencio, comprendiendo que el verdadero aprendizaje del Reflejo no estaba en la magia ni en las pruebas físicas, sino en la fuerza emocional que estos dos jóvenes habían demostrado. Cada gesto, cada decisión y cada elección hecha juntos había creado un puente de armonía entre mundos que parecía imposible de romper.

Adrián se inclinó suavemente hacia Seraphine, rozando su frente contra la suya. La ciudad reflejada susurró con un murmullo delicado, como si reconociera el eco de sus corazones.
—Prometimos elegir siempre juntos —murmuró él—. Y este latido, este momento… es la prueba de que todo lo que enfrentamos tuvo sentido.

Ella cerró los ojos, sintiendo que cada palabra era cierta y definitiva.
—Sí… y aunque el tiempo cambie, aunque los mundos intenten separarnos, siempre habrá un eco que nos recuerde que elegimos permanecer juntos.

Las calles líquidas vibraban con una luz suave, danzando al compás de sus emociones, mientras los reflejos de sus aliados celebraban silenciosamente la armonía restaurada. Cada sombra convertida en protectora, cada farola que había susurrado miedo, ahora emitía notas de confianza y serenidad, reconociendo que el aprendizaje había sido completo.

Adrián tomó la mano de Seraphine, entrelazando sus dedos con firmeza y ternura.
—Cada latido que escucho… —dijo con voz baja— me recuerda que no hay magia más grande que esta. Ni hechizo, ni portal, ni destino… solo nosotros y lo que elegimos sentir y proteger.

Seraphine apoyó su cabeza contra su hombro, disfrutando del silencio compartido, del ritmo de sus corazones sincronizados, y de la sensación de que cada prueba había valido la pena, cada miedo había sido superado, y cada elección había consolidado su vínculo para siempre.

—Entonces… —susurró ella—. Aunque los mundos cambien, aunque la vida nos desafíe… siempre habrá un eco de este latido.

Adrián la abrazó suavemente, sintiendo cómo sus cuerpos y almas se ajustaban, como piezas de un rompecabezas que finalmente encontraban su lugar.
—Siempre —dijo él—. Este latido será nuestra brújula, nuestra fuerza y nuestro recuerdo.

La ciudad reflejada, consciente de su triunfo silencioso, proyectó un último destello de luz líquida que cubrió las calles, las torres y los reflejos de los aliados, como un susurro final de aprobación y paz. Cada eco de latido, cada gesto compartido y cada decisión tomada había creado un mundo donde el amor y la armonía podían coexistir, y esa certeza llenó el aire con una vibración cálida que permaneció con ellos mucho después de que los portales y reflejos desaparecieran de la vista.

Adrián y Seraphine caminaron lentamente, tomados de la mano, sabiendo que su historia no terminaba allí, sino que continuaría en cada elección, en cada susurro de paz y en cada latido compartido, mientras la ciudad despertaba a un nuevo amanecer que llevaba consigo la promesa de amor, magia y unidad entre mundos.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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