Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 41 – Susurros del nuevo amanecer

ACTO 6 – Susurros del nuevo amanecer

El amanecer real y el reflejado coincidieron en un instante de luz cálida que parecía derramarse sobre toda la ciudad, fundiendo los matices de ambos mundos sin borrar la identidad de ninguno. Adrián y Seraphine caminaban por calles que ahora tenían un aire familiar y, a la vez, distinto: los reflejos que antes parecían inestables ahora danzaban suavemente sobre los muros y pavimentos, como si saludaran cada paso de los protagonistas.

—Es extraño —murmuró Seraphine, con los ojos recorriendo la ciudad que parecía despertar—. Cada vez que miro estas calles siento que nos pertenecen y que, a la vez, siempre tendrán secretos.

Adrián asintió, apretando su mano con suavidad.
—Los secretos son parte de su magia. Y parte de la nuestra también —dijo—. Cada reflejo, cada susurro que nos guiaba antes… nos preparó para esto. Para elegir nuestro camino juntos.

Mientras avanzaban, las figuras de aliados y antiguos guardianes del Reflejo comenzaron a aparecer entre farolas líquidas y calles reflejadas: algunos reparando edificios, otros guiando luces que antes eran sombras, y todos observando la reconciliación de mundos con una mezcla de respeto y admiración.

Lyra se acercó con pasos silenciosos.
—El Reflejo ha aprendido a calmarse —dijo—. Pero todavía existen lugares que guardan ecos de miedo y desconfianza. Necesitamos que ustedes sigan guiando su energía, como lo han hecho hasta ahora.

Adrián respiró hondo, comprendiendo que su misión aún no estaba completamente terminada, aunque la sensación de triunfo ya dominaba.
—No se trata solo de nosotros —dijo—. Se trata de todos los que aprendieron a caminar entre luces y sombras, de todos los que aceptaron las decisiones difíciles y la confianza mutua.

Seraphine sonrió, apoyando su frente contra el brazo de Adrián.
—Y de eso se trata la magia real —susurró—. No de los portales ni de los hechizos, sino de cómo afectamos a quienes nos rodean.

La ciudad reflejada comenzó a mostrar imágenes de posibilidades futuras: calles llenas de luz, guardianes aprendiendo sin miedo, y ecos de nuevos retos que requerirían el mismo coraje y amor que los habían llevado hasta aquí. Cada reflejo parecía recordarles que el equilibrio se construye día a día, y que el amor que compartían era la fuerza que sostenía todo.

—Mira —dijo Lyra, señalando un destello que se movía entre torres—. Cada latido, cada decisión y cada paso que han dado tiene un eco que se propaga. No solo aquí, sino en todas las partes donde la magia del Reflejo y el mundo real se encuentran.

Adrián se inclinó suavemente hacia Seraphine, rozando sus frentes.
—Y este eco será nuestra guía —murmuró—. Para continuar, para proteger y para amar, incluso cuando surjan nuevos desafíos.

Seraphine cerró los ojos, sintiendo cómo cada latido de la ciudad y de su propio corazón se sincronizaba con el de Adrián, como si todo el Reflejo y la ciudad real estuvieran cantando una melodía de esperanza y unidad.

Mientras caminaban, los aliados secundarios comenzaron a trabajar en la reconstrucción de áreas que habían sufrido daños: calles, plazas y pequeños refugios. Cada acción, aunque silenciosa, tenía un significado profundo, demostrando que la paz alcanzada no era pasajera, sino el inicio de un equilibrio sostenido y consciente.

Adrián y Seraphine se detuvieron en el centro de la plaza principal, rodeados por los reflejos de las torres, los faroles líquidos y las sombras transformadas.
—Cada amanecer —murmuró Adrián— nos recordará que los mundos pueden reconciliarse. Que la magia y el amor siempre tendrán un latido constante si elegimos escucharlos.

Seraphine asintió, entrelazando sus dedos con los de él.
—Y mientras lo hagamos, los secretos que guardan estas calles no serán miedo, sino sabiduría para el futuro.

El reflejo del sol líquido iluminó sus rostros, proyectando sombras suaves que parecían bailar al ritmo de sus corazones sincronizados. Cada aliado, cada sombra transformada y cada farola susurrante parecía reconocer la fuerza de su vínculo, confirmando que el amor y la valentía podían sostener mundos enteros.

Y así, mientras la ciudad despertaba, Adrián y Seraphine comprendieron que este amanecer no solo marcaba un punto final, sino un nuevo comienzo, un instante donde sus corazones y decisiones serían siempre la brújula que guiaría el Reflejo y el mundo real.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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