Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 42 – La armonía latente

El Reflejo estaba más silencioso de lo que Adrián recordaba, pero no era un silencio vacío: era un susurro continuo, un murmullo que parecía responder a sus pasos y pensamientos. Cada calle, cada esquina, tenía un brillo tenue que parecía latir con la memoria de quienes habían pasado antes por allí. Las luces líquidas de los faroles se reflejaban en los charcos, y en ellas Adrián podía ver fragmentos de decisiones pasadas, momentos de miedo, de coraje y de confianza que habían moldeado no solo su camino, sino también el del Reflejo.

—Es como si… cada calle nos recordara —dijo Seraphine, caminando lentamente, dejando que sus dedos rozaran las paredes pulidas que emitían un calor leve y reconfortante—. Cada paso que dimos, cada error, cada acierto… todo está aquí.

Adrián asintió, sintiendo un cosquilleo en el pecho, esa mezcla de maravilla y responsabilidad que siempre le provocaba el Reflejo.
—Sí… y no podemos olvidar que esta armonía no es automática —susurró—. Hay que mantenerla, día tras día, decisión tras decisión.

Se detuvieron en una plaza pequeña, donde las farolas líquidas formaban un círculo perfecto. Allí, el aire parecía más denso, cargado de magia contenida, y ambos pudieron escuchar sus propios latidos amplificados, como si el Reflejo los escuchara y los reflejara en un ritmo acompasado.

—¿Sabes? —dijo Seraphine, apoyando su frente suavemente contra el brazo de Adrián—. Creo que lo que hemos construido aquí no es solo paz, sino algo… vivo. Algo que respira con nosotros.

Adrián cerró los ojos un instante, dejando que la calidez de su proximidad se mezclara con la sensación de responsabilidad y esperanza que siempre le traía el Reflejo.
—Vivir con esto significa que nuestras emociones importan —dijo, con voz firme pero suave—. No solo para nosotros, sino para todos los que aún están aprendiendo a confiar en la magia y en sí mismos.

Lyra apareció entonces, con Eldric a su lado, mostrando una sonrisa tranquila pero cargada de autoridad.
—Hay portales menores que aún no exploraron —explicó Lyra—. Algunos llevan a áreas del Reflejo que guardan secretos antiguos y desafíos que podrían reaparecer. No son peligros mortales… pero sí pruebas de paciencia, ingenio y confianza mutua.

Eldric agregó, con voz grave y pausada:
—La armonía que sienten ahora es real, pero frágil. Un solo descuido, un paso en falso, y las sombras del pasado podrían activarse de nuevo. Por eso debemos estar atentos.

Adrián y Seraphine se miraron. No necesitaban palabras para expresar lo que sentían; la ciudad misma parecía entenderlos, mostrando luces que danzaban suavemente al ritmo de sus corazones, reflejando su calma y su fuerza conjunta.

—Vamos a hacerlo juntos —dijo Seraphine, con una convicción que hizo sonreír a Adrián—. Lo que encontremos, lo resolveremos de la misma manera que hemos enfrentado todo hasta ahora: juntos.

Mientras exploraban los portales menores, Adrián notó que el Reflejo no solo respondía a sus emociones, sino también a su curiosidad y alegría. Los rincones ocultos revelaban escenas de antiguas promesas, de pequeños momentos que habían quedado suspendidos en el tiempo, como si la ciudad quisiera que aprendieran de ellos antes de avanzar.

En un momento, se detuvieron ante un espejo líquido que reflejaba no solo sus rostros, sino también figuras de sus aliados, proyectadas en actitudes de apoyo, paciencia y enseñanza. Cada figura parecía susurrar lecciones silenciosas, recordándoles que el equilibrio se construye y se sostiene con decisiones conscientes.

—Nunca había sentido algo así —admitió Adrián, tomando la mano de Seraphine con delicadeza—. No es solo magia, es… cuidado, compromiso y amor. Todo en un mismo latido.

Seraphine sonrió, con los ojos brillantes, mientras las sombras y luces danzaban a su alrededor.
—Exacto. Y aunque la armonía sea latente ahora, debemos mantenerla viva. No solo para nosotros, sino para todos los que dependen de esta ciudad y del Reflejo.

Al final del capítulo, se detuvieron en la cima de una torre reflejada, observando el horizonte líquido donde las luces de ambas ciudades se mezclaban. Cada paso que dieron, cada decisión tomada, cada gesto de cariño o confianza, se sentía fundamental para mantener viva la conexión entre mundos.

El capítulo cierra dejando la sensación de paz y esperanza, pero también de responsabilidad continua, con la puerta abierta para futuras aventuras, desafíos y el fortalecimiento del amor de Adrián y Seraphine.



#406 en Fantasía
#84 en Magia

En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.