Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 46 – Latidos entre mundos

El aire del Reflejo parecía cargado de un zumbido invisible, apenas perceptible, como un latido profundo que resonaba en cada piedra y en cada reflejo líquido de la ciudad. Adrián y Seraphine caminaban despacio, entre los edificios que parecían vivir y respirar con ellos. La sensación era extraña, casi sobrecogedora, porque no solo estaban conectados entre sí, sino con todo el mundo que los rodeaba. Cada pensamiento, cada emoción, se reflejaba en el ambiente y provocaba leves ondulaciones de luz y sombra.

—¿Sientes eso? —preguntó Seraphine, deteniéndose ante un arco de cristal líquido que parecía ondular al ritmo de su corazón—. Es como si la ciudad nos hablara.

Adrián asintió, tomando su mano con suavidad y dejando que la calidez del contacto le recordara que no estaba solo.
—Sí… y creo que nos dice algo importante: que lo que sentimos aquí no se queda solo en nosotros. Cada emoción, cada decisión, afecta a todo a nuestro alrededor.

Mientras avanzaban, las luces del Reflejo se mezclaban con sombras suaves que parecían susurrar secretos antiguos. No eran sombras hostiles, sino recuerdos vivos, ecos de quienes habían pasado antes por estos caminos. Cada figura, cada destello, reflejaba un momento de valentía, de amor o de error, recordándoles que la armonía era un equilibrio delicado, que debía cuidarse con atención y consciencia.

Lyra apareció a su lado, observando el ambiente con ojos atentos.
—Estas áreas del Reflejo —dijo— no solo muestran recuerdos, sino posibilidades. Muestran cómo podrían evolucionar las decisiones, cómo los lazos entre ustedes podrían fortalecerse o debilitarse según lo que hagan.

Eldric, en su postura habitual, añadió:
—Por eso cada paso que den es vital. Cada gesto de confianza, cada acto de cuidado, refuerza los puentes que unen este mundo con el suyo. La magia no solo se manifiesta en hechizos, sino en sus corazones.

Adrián miró a Seraphine, y en sus ojos vio la mezcla perfecta de amor, respeto y determinación.
—Entonces debemos estar atentos —dijo—. No solo por nosotros, sino por todos los que dependen de este equilibrio.

Seraphine asintió, sintiendo que cada palabra y cada pensamiento se entrelazaban con los del Reflejo, creando un tejido de energía viva que parecía protegerlos y a la vez probarlos.
—Y mientras caminemos juntos, cada sombra, cada luz, cada latido… nos guiará hacia donde debemos ir.

Un portal se abrió ante ellos, mostrando una visión de mundos conectados, donde sus acciones y decisiones habían generado ondas de cambio. En ese momento, Adrián comprendió que no solo estaban explorando un mundo mágico, sino que estaban moldeando la realidad misma, hilo a hilo, emoción a emoción.

—Nunca había sentido algo así —murmuró—. No es solo magia, es… responsabilidad, confianza, amor… y un puente entre todo lo que somos y todo lo que aún podemos ser.

Seraphine le sonrió, apoyando suavemente la cabeza en su hombro.
—Exactamente. Cada latido, cada emoción, cada decisión… nos mantiene unidos y mantiene el Reflejo vivo.

Mientras caminaban hacia la parte más alta de la ciudad reflejada, la luz líquida formaba caminos que seguían el ritmo de sus corazones, creando un espectáculo de brillo y sombra que parecía contar su propia historia: una historia de amor, de cuidado mutuo y de aprendizaje constante.

El capítulo termina con una sensación de calma y fortaleza, pero también de expectativa. Las sombras aún respiraban, los portales menores aún tenían secretos, y los latidos del Reflejo seguían marcando un ritmo que los guiaba. Adrián y Seraphine comprendieron que, aunque la armonía estaba presente, la verdadera magia consistía en mantenerla viva, juntos, cada día, fortaleciendo los puentes que conectaban sus corazones y ambos mundos.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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