ACTO 7 – Horizontes del Reflejo
El aire del Reflejo tenía un aroma ligero, casi metálico, que recordaba a los primeros días de lluvia sobre la ciudad moderna. Cada calle reflejada brillaba con luces suaves, pero en ellas Adrián percibía algo distinto: un destello de recuerdos no compartidos, secretos que el Reflejo había guardado durante siglos, esperando el momento adecuado para mostrarlos.
—Mira… —dijo Seraphine, señalando un muro líquido donde se dibujaban símbolos dorados que cambiaban según su proximidad—. Estos no estaban aquí antes.
Adrián frunció el ceño, fascinado y cauteloso a la vez.
—Parece que… el Reflejo está tratando de enseñarnos algo —susurró—. Como si supiera que estamos listos para comprender.
Lyra apareció de repente, con paso silencioso.
—Son fragmentos de antiguas decisiones, actos de amor, coraje y error —explicó—. Algunos son simples recuerdos, otros contienen lecciones que pueden fortalecer el vínculo entre ustedes y la ciudad. Pero deben elegir qué aceptar y qué dejar atrás.
Adrián tomó la mano de Seraphine, y juntos caminaron entre los símbolos que vibraban con energía, sintiendo que cada uno respondía a sus emociones. La ciudad parecía leer sus corazones, amplificando su alegría, sus dudas y su curiosidad.
—Cada vez entiendo más —dijo Adrián—. El Reflejo no es solo un lugar para explorar, sino un espejo que nos muestra quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.
Seraphine asintió, con un brillo en los ojos que reflejaba tanto emoción como amor silencioso.
—Y si caminamos juntos, aprendiendo y comprendiendo, podemos mantener este equilibrio. No solo para nosotros, sino para todos los que dependen de esta ciudad y sus secretos.
Avanzaron hasta una plaza circular donde la luz líquida del suelo formaba un patrón en forma de reloj. Allí, los símbolos dorados giraban lentamente, como si marcaran un tiempo que solo ellos podían percibir. Cada giro les ofrecía un destello de antiguas promesas, algunos cumplidos y otros olvidados, pero todos con un significado profundo que conectaba el pasado con el presente.
—El Reflejo nos recuerda que todo está conectado —murmuró Eldric—. Los secretos del pasado iluminan los pasos del presente y guían las decisiones del futuro.
Adrián y Seraphine compartieron un momento de intimidad emocional, sin palabras, dejando que el ambiente reflejara lo que sentían. Cada gesto, cada mirada y cada sonrisa fortalecía su vínculo. No necesitaban grandes actos: la magia estaba en la confianza, la paciencia y el amor silencioso que compartían.
Lyra señaló un portal menor, parcialmente oculto entre columnas de luz líquida:
—Ese portal guarda secretos que aún no están listos para todos. Solo ustedes dos pueden abrirlo, juntos. Pero tengan cuidado: no todo lo que brilla es seguro. La verdad puede iluminar… o desafiar.
Adrián tomó aire profundamente y miró a Seraphine.
—Juntos —dijo con firmeza—. No importa lo que haya allí. Caminaremos de la mano, como siempre.
El capítulo cierra con una sensación de expectativa y magia latente. Los secretos que iluminan el Reflejo no solo mostraban desafíos, sino oportunidades de crecimiento emocional y romántico. Adrián y Seraphine comprendieron que su viaje apenas comenzaba a revelar su verdadero alcance, y que el amor y la confianza serían las llaves para enfrentar todo lo que estaba por venir.
Editado: 04.01.2026