El Reflejo había cambiado. Las calles líquidas parecían moverse y reorganizarse a cada paso, formando un laberinto que parecía vivo. Adrián y Seraphine caminaban con cuidado, tomando de la mano la seguridad del otro mientras exploraban un espacio que desafiaba la lógica y la percepción.
—Nunca pensé que un lugar pudiera… cambiar a medida que caminamos —dijo Adrián, admirando cómo la luz líquida se ondulaba entre columnas transparentes—. Es como si la ciudad respirara con nosotros.
Seraphine sonrió, dejándose guiar por él.
—Sí… y cada giro, cada calle, nos enseña algo. No solo sobre el Reflejo, sino sobre nosotros mismos —murmuró—. Cada elección nos muestra quiénes somos y cómo nos conectamos.
Lyra apareció flotando suavemente, con la mirada concentrada.
—Este laberinto —explicó— no está diseñado para perderlos. Está diseñado para que comprendan la relación entre luz, sombra y emociones. Cada giro refleja lo que sienten y cómo se apoyan mutuamente.
Adrián apretó suavemente la mano de Seraphine, y juntos comenzaron a notar cómo las paredes líquidas reflejaban fragmentos de recuerdos, tanto suyos como de antiguos viajeros del Reflejo. Momentos de valentía, miedo, amor y pérdida danzaban ante ellos, recordándoles que la magia del lugar estaba viva y era consciente.
—Mira esos destellos —dijo Adrián, señalando un pasaje que se iluminaba con tonos dorados y verdes—. Cada uno es un recuerdo de algo que se hizo bien… o algo que debemos aprender a entender.
Seraphine asintió, sintiendo que la luz respondía a su estado emocional: cada sonrisa iluminaba un corredor, cada gesto de duda generaba sombras que luego se desvanecían.
—Es hermoso y aterrador al mismo tiempo —susurró—. Como nuestra vida. Como nosotros.
Eldric apareció, observando con calma.
—El Reflejo les recuerda que la armonía no es algo estático —dijo—. Debe cuidarse con paciencia y confianza. Cada paso que den aquí, juntos, fortalece ese puente entre mundos y corazones.
Adrián miró a Seraphine, y por un instante, el laberinto desapareció ante sus ojos, dejando solo la sensación de intimidad y conexión profunda.
—Mientras estemos así, confiando el uno en el otro, podemos enfrentar cualquier sombra, cualquier giro —dijo—. El laberinto no puede separarnos.
Seraphine le devolvió la mirada con un brillo suave en los ojos.
—Ni siquiera los secretos más oscuros.
A medida que avanzaban, los laberintos se hicieron más intrincados. Cada giro mostraba un eco de decisiones pasadas, pero también reflejaba su amor silencioso y creciente, demostrando que incluso en los desafíos más complejos, la confianza y la comprensión podían iluminar los caminos más oscuros.
El capítulo termina con Adrián y Seraphine en el centro del laberinto, rodeados de luz líquida que parecía responder a cada latido de sus corazones, reafirmando que la verdadera magia del Reflejo no era solo hechizos ni portales, sino la conexión profunda entre ellos y los mundos que protegían.
Editado: 04.01.2026