El aire estaba cargado de una energía palpable, un zumbido suave que parecía resonar en cada fibra del Reflejo. Adrián y Seraphine avanzaban lentamente, sintiendo cómo cada paso hacía que la ciudad líquida vibrara con historias y emociones aún no reveladas. Cada farola reflejaba un fragmento de sus recuerdos, de sus miedos y de su confianza recién consolidada.
—Todo esto… —murmuró Seraphine, con la voz temblorosa de emoción—. Es como si la ciudad misma nos recordara quiénes somos y por qué estamos aquí.
Adrián la tomó del brazo, apretando suavemente su mano.
—Y también nos recuerda lo que podemos ser. Cada paso nos acerca, no solo entre nosotros, sino a la armonía que debemos proteger.
Lyra flotaba a su lado, iluminando los senderos que parecían moverse con vida propia.
—El Reflejo responde a quienes lo caminan con honestidad —dijo—. Cada emoción, cada latido, influye en lo que vendrá. Ahora han llegado a un punto decisivo: el equilibrio depende de su claridad y confianza mutua.
Eldric los observaba con una calma que parecía sostener toda la ciudad reflejada.
—Han aprendido a enfrentar sombras, a escuchar sus susurros y a fortalecer su vínculo —comentó—. El Acto 7 concluye aquí, no como un final, sino como un umbral que los prepara para lo que viene. Cada decisión que tomen en adelante será más crítica, y cada elección definirá el destino del Reflejo y de sus corazones.
Adrián y Seraphine se miraron, comprendiendo que habían superado pruebas de confianza, miedo y amor silencioso, y que cada desafío los había unido más. La ciudad reflejada parecía asentir, sus luces danzando en armonía con los latidos compartidos de sus corazones.
Editado: 04.01.2026