Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 60 – Ecos de promesas

Las calles del Reflejo vibraban con un murmullo apenas audible, una melodía de recuerdos y emociones que parecía surgir del propio suelo líquido. Adrián y Seraphine avanzaban con pasos cautelosos, conscientes de que cada gesto, cada mirada, cada respiración dejaba una huella tangible en la ciudad.

—¿Escuchas eso? —preguntó Seraphine, deteniéndose un instante—. Son como… voces. Susurros que nos hablan.

—No son solo voces —respondió Adrián—. Son ecos de promesas, recuerdos de quienes vinieron antes que nosotros, de los guardianes que caminaron estos senderos y de los amores que sostuvieron el equilibrio del Reflejo.

Lyra flotaba frente a ellos, iluminando los contornos de edificios que parecían respirar suavemente, formando patrones de luz que recordaban los latidos de un corazón.
—Cada paso que den —dijo— deja un eco que persiste. No se trata solo de lo que ven, sino de lo que sienten. Cada emoción sincera fortalece la armonía del Reflejo y deja una marca imborrable.

Mientras avanzaban, Adrián notó figuras etéreas reflejadas en las paredes líquidas, escenas de antiguos viajeros que enfrentaron pruebas similares: decisiones difíciles, momentos de miedo y valentía, y gestos silenciosos de afecto que transformaban la ciudad misma. Cada escena parecía susurrar lecciones, recordándoles que su vínculo debía ser fuerte, confiado y verdadero.

Seraphine se detuvo frente a uno de los reflejos, fascinada.
—Mira… —susurró—. Ellos también caminaron juntos, enfrentando dudas y desafíos. Pero lo lograron, y su amor se reflejó en cada calle, cada luz, cada sombra.

Adrián la tomó del brazo y la miró con intensidad:
—Entonces nuestra promesa también dejará eco. No importa lo que venga, mientras estemos juntos, podemos superar cualquier sombra, cualquier prueba.

A medida que avanzaban, el murmullo del Reflejo se intensificaba, mezclando risas, susurros de cariño y palabras que parecían surgir de la propia ciudad. Era como si la ciudad les hablara directamente, recordándoles que el amor y la confianza eran el verdadero poder aquí.

Lyra señaló un camino que se bifurcaba entre luces doradas y sombras azuladas.
—Ese es el sendero de las promesas —dijo—. Cada paso que den debe reflejar sinceridad, valentía y afecto mutuo. Solo así podrán avanzar hacia los secretos que aún esperan ser descubiertos.

Eldric, observando desde atrás, añadió con gravedad:
—Los ecos no solo muestran lo que han hecho, sino lo que son capaces de ser. La magia de este lugar responde a la pureza de su intención y a la fuerza de su vínculo. No subestimen la importancia de cada gesto, cada mirada, cada palabra.

Adrián respiró profundamente, sintiendo cómo el corazón de Seraphine latía al unísono con el suyo.
—Cada promesa que hagamos aquí —dijo— será como un faro, un recordatorio de que no estamos solos. Que nuestra conexión tiene peso, forma y fuerza en este mundo y en el Reflejo.

Seraphine le sonrió con suavidad, dejando que su mirada transmitiera lo que las palabras no podían.
—Y cada eco nos guiará, recordándonos quiénes somos y lo que podemos construir juntos —susurró.

Mientras continuaban su camino, las luces del Reflejo comenzaron a danzar en patrones que recordaban corazones entrelazados, mostrando que la ciudad no solo registraba sus emociones, sino que las celebraba y amplificaba, preparando a los protagonistas para las pruebas que estaban por venir y para los desafíos que consolidarían su amor y su valor.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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