El sendero de cristal los condujo hacia un área del Reflejo envuelta en niebla dorada, donde las luces parecían susurrar nombres, recuerdos y promesas olvidadas. Cada paso que daban hacía que la ciudad líquida respondiera a sus emociones, dibujando en el aire formas de recuerdos antiguos y futuros posibles.
—Siento… como si alguien nos estuviera hablando —dijo Seraphine, apoyando la mano en el brazo de Adrián—. Susurros que no son palabras, pero que entiendo perfectamente.
Adrián miró a su alrededor, notando que las sombras y la luz se entrelazaban, formando figuras etéreas de antiguos guardianes y viajeros que habían cruzado este umbral antes que ellos.
—Es el destino —susurró—. No nos guía de manera obvia, pero nos muestra lo que necesitamos ver.
Lyra flotaba a su lado, iluminando los contornos de la ciudad:
—Estos son los susurros del destino —dijo—. El Reflejo tiene memoria y visión. No solo refleja lo que han sido, sino también lo que pueden llegar a ser. Cada elección que tomen aquí resonará en ambos mundos.
Eldric los observaba desde la distancia, con una mirada cargada de sabiduría y preocupación silenciosa.
—Lo que escuchan no son advertencias ni amenazas —dijo—. Son recordatorios de su fuerza, su conexión y su capacidad de amar y proteger. Confíen en lo que sienten, y el Reflejo los guiará hacia la verdad.
A medida que avanzaban, los susurros se hicieron más claros: voces antiguas que mezclaban consejos, advertencias y promesas. Cada sonido era como un eco de historias de amor, sacrificio y coraje, y ambos lo sintieron directamente en el corazón.
—Adrián… —dijo Seraphine, tomando su mano—. Estos susurros… nos dicen que todo lo que hemos vivido nos ha preparado para esto. Que nuestro amor es nuestra fuerza, nuestra guía.
—Y no solo nuestro amor —respondió Adrián—. Nuestra confianza, nuestra paciencia, cada momento que compartimos… Todo tiene peso aquí. Cada emoción sincera fortalece este mundo y nuestro vínculo.
El Reflejo comenzó a responder a sus palabras y sentimientos, dibujando un patrón en el aire que se asemejaba a un corazón gigante formado por luces y reflejos líquidos. Era un recordatorio de que la ciudad misma reconocía su conexión, y que el destino los había unido para proteger algo más grande que ellos mismos.
Lyra señaló un portal lejano, iluminado con un resplandor intenso:
—Más allá de ese portal se encuentra el corazón del Reflejo —explicó—. Allí se revelarán secretos que definirán no solo su destino, sino el equilibrio entre los mundos. Pero solo aquellos que mantengan su vínculo sincero podrán cruzar.
Adrián y Seraphine se miraron, entendiendo sin palabras lo que debían hacer. Cada paso que daban hacia ese portal era una afirmación de su confianza y amor mutuo, una decisión silenciosa de enfrentar cualquier prueba juntos.
—Sea lo que sea lo que nos espere —dijo Adrián, con un suspiro lleno de determinación—, lo enfrentaremos juntos.
Seraphine sonrió, dejando que sus ojos hablaran por ella:
—Siempre juntos. No importa lo que venga.
Mientras avanzaban, las luces danzaban a su alrededor, formando senderos brillantes que marcaban la dirección correcta y disuadían cualquier duda. Cada susurro del destino parecía celebrar su unión, recordándoles que aunque las pruebas fueran más complejas y peligrosas, su amor y su vínculo eran la fuerza más poderosa del Reflejo.
Editado: 04.01.2026