Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 65 – El despertar de la ciudad

Cuando Adrián y Seraphine cruzaron el último umbral del laberinto de memorias, se encontraron en una plaza central del Reflejo que parecía dormir desde tiempos inmemoriales. Cada edificio, cada farola líquida, cada reflejo en los canales brillantes parecía contener una conciencia propia, esperando algo que ellos mismos debían ofrecer.

—Es como si la ciudad estuviera… viva —susurró Seraphine, apoyándose en el brazo de Adrián—. Como si nos estuviera observando, esperando nuestra decisión.

Adrián asintió, sintiendo cómo el aire vibraba con energía latente, como si cada emoción compartida con Seraphine potenciara la magia del lugar.
—No nos mira para juzgar —dijo—. Nos observa para responder. Todo aquí está conectado con lo que sentimos y lo que decidimos.

Lyra flotó a su lado, iluminando el horizonte con destellos azulados y dorados:
—El Reflejo no solo recuerda el pasado —explicó—. Puede despertar, reconstruirse y fortalecerse según lo que aporten quienes cruzan sus puertas. Cada elección que hagan, cada gesto de confianza y amor, le dará vida y dirección.

Eldric permaneció un paso atrás, con mirada grave pero llena de respeto:
—Nunca han enfrentado algo así —dijo—. La ciudad despierta cuando sus guardianes reconocen la pureza del vínculo de quienes la cruzan. Deben demostrar que su amor y su unidad son más fuertes que cualquier sombra o duda que persista.

A medida que avanzaban, el suelo comenzó a brillar suavemente, formando senderos de luz que respondían a sus pasos y emociones. Los reflejos en los edificios cambiaban, mostrando visiones de lo que la ciudad podría ser: un lugar de armonía, magia y esperanza, donde los mundos podían coexistir en equilibrio gracias al amor y la determinación de quienes lo cruzaban.

—Cada paso que damos —dijo Adrián, tomando la mano de Seraphine— parece activar algo dentro de este mundo. Siento que la ciudad se despierta con nosotros.

Seraphine sonrió, apoyando su frente contra el hombro de Adrián:
—Es hermoso… y un poco aterrador —susurró—. Pero sé que podemos hacerlo juntos.

A lo lejos, un resplandor creciente surgió de las profundidades de la ciudad, como si el corazón mismo del Reflejo estuviera tomando forma. Cada farola, cada edificio y cada calle comenzó a responder a su presencia, creando un espectáculo de luces que parecía bailar al ritmo de sus emociones compartidas.

—Estamos viendo —dijo Lyra con voz suave— cómo la ciudad despierta. No por azar, sino porque ustedes demostraron que su vínculo es verdadero y fuerte. Todo lo que se construya ahora dependerá de la sinceridad de lo que sienten y de las decisiones que tomen a continuación.

El aire se llenó de susurros suaves, reflejos de los recuerdos y emociones de los que habían caminado antes por el Reflejo, todos convergiendo en un momento de armonía que parecía eterno.

Adrián miró a Seraphine y dijo con firmeza:
—No importa lo que venga ahora. Mientras estemos juntos, podemos enfrentar cualquier desafío. Nuestra fuerza no está solo en la magia o en el Reflejo, sino en lo que compartimos.

Ella le devolvió la mirada, con lágrimas brillando en sus ojos:
—Siempre juntos —susurró—. Hasta que nuestros corazones dejen de latir.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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