Cuando los relojes dejan de latir

Capítulo 67 – La luz definitiva

El corazón del Reflejo latía con fuerza a su alrededor. Adrián y Seraphine avanzaban lentamente hacia la esfera central, que ahora se había transformado en una columna de luz pura, suspendida entre el suelo y el cielo etéreo del Reflejo. Cada destello iluminaba los recovecos de la ciudad reflejada, mostrando paisajes urbanos que se entrelazaban con puentes de luz y calles líquidas.

—Nunca había sentido algo así —susurró Seraphine, sus ojos brillando con emoción—. La ciudad… no solo nos observa, nos reconoce.

—Y nos acepta —dijo Adrián, entrelazando sus dedos con los de ella—. Cada paso que dimos, cada miedo que enfrentamos, nos trajo hasta aquí.

Lyra flotaba cerca, su luz azul mezclándose con destellos dorados que irradiaban paz y poder.
—Este es el momento —dijo suavemente—. La luz definitiva surge cuando quienes cruzan el Reflejo actúan desde la sinceridad de su corazón y la fuerza de su amor. No hay sombra que pueda resistir la armonía que generan juntos.

Eldric observaba desde la distancia, con la mirada llena de respeto.
—Lo que hagan aquí marcará el equilibrio de ambos mundos —dijo—. Cada gesto de confianza, cada demostración de cuidado, cada elección de amor verdadero alimentará esta luz.

Al tomar la mano de Seraphine, Adrián sintió cómo una corriente de energía fluía entre ellos, sincronizando sus latidos con la vibración de la ciudad reflejada. La esfera central respondió, expandiendo su resplandor hasta cubrir cada calle, cada reflejo y cada farola líquida. Era como si el Reflejo entero se llenara de su amor, transformando la magia del lugar en armonía pura y tangible.

—Adrián… —dijo Seraphine, apoyando su frente contra su pecho—. Siento que… somos parte de todo esto. Que lo que sentimos aquí puede sostener algo más grande que nosotros.

Él la abrazó, sintiendo la fuerza del vínculo que habían construido.
—Somos más que nosotros mismos —respondió—. Cada emoción compartida, cada momento de confianza y ternura, construye el mundo que queremos proteger.

La luz de la esfera creció, iluminando secretos antiguos y memorias olvidadas, mostrando cómo el amor y la magia podían transformar incluso las sombras más profundas del Reflejo. Los guardianes antiguos, invisibles hasta ahora, se mostraron en destellos de energía, reconociendo la pureza de su unión.

Adrián y Seraphine caminaron juntos hacia el centro, dejando que sus emociones fluyeran y se mezclaran con la luz. Cada gesto, cada mirada y cada pensamiento fortalecía la armonía, y la ciudad reflejada respondía creando puentes de luz que conectaban mundos y corazones.

—Nunca imaginé que algo tan simple como estar juntos pudiera tener este poder —dijo Seraphine, sonriendo entre lágrimas de emoción.

—Y sin embargo, es lo más poderoso que existe —respondió Adrián—. Nuestro amor, nuestra confianza, nuestra decisión de caminar juntos… eso hace despertar la ciudad.

La esfera alcanzó su máxima intensidad, envolviéndolos por completo. La luz líquida parecía danzar a su alrededor, formando figuras de su historia, recuerdos de cada prueba y cada risa compartida. En ese instante, ambos comprendieron que habían superado la prueba final: su vínculo había transformado la ciudad y fortalecido el Reflejo, creando un equilibrio que trascendía el tiempo y los mundos.

Aún con la luz cegadora alrededor, Adrián susurró:
—Siempre juntos, hasta el final.

Seraphine respondió con una sonrisa radiante:
—Y más allá de cualquier final.



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En el texto hay: fantasia, misterios, romance

Editado: 04.01.2026

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