Cuando me haya ido

12. Charlas

 

Diego acompañó a Silvia a la habitación y le recomendó que se acostara un rato, él hizo lo mismo, no porque estuviese cansado, sino porque sentía que estaba viviendo una especie de vida alternativa que le agradaba, y deseaba rememorar cada momento del día.

—Te gusta ella —afirmó Silvia mientras observaba el techo de la habitación.

—No de nuevo —pidió Diego llevándose una almohada a la cara.

—Se te nota en la mirada, Diego. Cuando Fio y yo vinimos con los helados, se estaban mirando de una forma tan... como si el resto del mundo no existiera —agregó con voz romántica.

—Ok, señorita sabelotodo, hay algo en ella sí, lo admito, pero no es para mí, somos de mundos completamente distintos, Silvia, así que será mejor que te saques esa loca idea de la cabeza —admitió Diego y advirtió.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó la muchacha girándose para verlo.

—Sé que en tus novelas la chica pobre se queda con el chico multimillonario y cosas así, pero en la vida real esas cosas no suceden. Ella pertenece a un mundo del cual yo no formo parte, es conocida, vive una vida completamente diferente a la mía. Yo soy solo un camarero —musitó y cerró los ojos, como si esa información le doliera—. No somos compatibles.

—No seas tonto, eso solo son etiquetas, Diego —agregó su hermana—. No es lo que importa en realidad y algún día tú serás un gran médico. —Le sonrió con orgullo.

—Es hermosa y dulce —dijo Diego volteándose para mirar a su hermanita con ternura—. Hay algo en ella que me llama de una forma especial, pero ella jamás se fijaría en mí, y además, tiene novio... Es mejor dejar de soñar, Silvi. Sé que te encantaría que algo así sucediera, pero lo cierto es que no tengo absolutamente nada que ofrecerle.

—Diego, no es porque sea ella. Tienes que saber que, aunque se trate de Tiziana o de cualquier chica, eres la mejor persona que conozco, tienes todo lo que eres para ofrecer a cualquier mujer a la que elijas. Y la chica elegida por ti debería estar agradecida con la vida por tener un hombre como tú a su lado...  —Él sonrió al oírla decir esas palabras con tanto énfasis.

—Eso lo dices porque eres mi hermana y me amas —añadió con dulzura.

—Puede ser, pero, aun así, Diego, eres la mejor persona que conozco. Serías capaz de hacer feliz a cualquier chica, solo necesitas confiar en ti un poco más. Además, eres guapo, pero muy guapo —añadió y luego cerró sus ojos para dormir un rato.  

Diego se quedó pensativo. Sabía que Silvia tenía razón en la parte en la que se habían mirado con intensidad. ¿Qué habría sido eso? ¿Por qué? ¿Qué le pasaba con esa chica?

***

Tiziana y Fiorella volvían del ensayo y se disponían a entrar a la habitación para descansar. Al día siguiente sería el concierto y Tizi debía dormir temprano.

—¿Ahora me vas a contar? ¿O quieres que te ruegue más? —preguntó Fio al ingresar a la habitación—. ¡Yo primero al baño! —gritó y se metió al sanitario.

—¿Qué te tengo que contar? —respondió Tiziana ingresando al tiempo que dejaba su bolso sobre la cama y se recostaba.

—¿Que fue esa mirada? —gritó la chica desde el cuarto de baño.

—No lo sé Fio, solo estábamos hablando, luego nos miramos y nos quedamos ahí, era como si él quisiera decirme cosas y yo quisiera decirle algunas otras, pero no salían palabras, eran solo miradas... —respondió Tiziana cerrando los ojos como si quisiera volver a ese momento.

—¿Que querías decirle? —insistió Fio al salir del cuarto de baño.

—No lo sé... Le había dicho que me gustaba hablar con él y él me dijo que le pasaba lo mismo. Fue ahí cuando nos miramos, era como sentirse cómoda, como conocerlo desde siempre, como saber que me entiende —musitó—. Sé que es una locura…

—¡Woooo! Esto se está poniendo buenísimo —sonrió Fiorella y se acercó a ella empujándola para que le hiciera espacio a su lado en la cama.

—¡No exageres! —respondió Tiziana apartándose para dejar lugar a su amiga.

—¿Viste cómo te miraba? ¡Hasta Silvi se dio cuenta! —exclamó Fiorella—. Ella me preguntó qué pasaba ahí y si interrumpíamos o no.

—¿En serio? ¿Tan obvio?

—Sí, muy obvio, amiga —asintió.

—No sé qué decir… —admitió Tiziana con un suspiro.

—Disfruta lo que sea que te está sucediendo y déjalo fluir —dijo Fio y sin más se levantó para buscar ropa y darse un baño, de paso dejaba a su amiga pensando un poco sobre lo sucedido.

El celular de Tiziana vibró y ella lo revisó para ver quién le escribía.

«¿Qué tal todo por ahí? Te llamé más temprano y no me atendiste». Era Javier.

«Todo bien, estaba probando sonido, será un buen concierto... ¿Tú?».

«Bien, todo igual. Ahora yo debo probar micrófonos».

«Qué bien. Yo dormiré temprano, ya sabes, para estar descansada para mañana».

«Que te vaya lindo, Tizi». 

«Igual».

Tizi se quedó pensando cuanto tiempo hacía que no se decían «te amo» o algo parecido. Entonces, volvió a tomar su celular, pero esta vez para escribir a Diego.

«¿Cómo te parece que debe ser una relación de pareja?». Escribió un mensaje para Diego.

«¿Eh? Hola... ¿Qué tal tu prueba de sonidos?». Contestó él con una sonrisa en los labios.

«Bien, todo en orden... Quería que vinieras, bueno que vinieran...». Tiziana sonrió al escribir aquello y se acomodó en la cama para continuar con más comodidad lo que parecía ser una conversación interesante.

«No podía dejar sola a Silvi, ella ya estaba cansada. También me hubiera gustado ir, nos hubiera…».

«Lo sé, lo siento. Pero será genial que estén mañana conmigo en camarines». Ofreció ella.

«Será genial. ¿Qué era esa pregunta que me hiciste?». Quiso saber.

«Que si cómo piensas que debería ser una relación de pareja. ¿Crees que cuando pasa un par de años las cosas se enfrían? ¿Se acaban las palabras dulces y el romanticismo?».




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