Cuando me haya ido

36. Secreto

Esa noche se reunieron en el quincho de las cabañas, cocinaron algo entre todos, comieron, se rieron y cantaron con la guitarra que había llevado Miguel. Se divirtieron mucho y luego cada uno fue a su habitación. El domingo estuvo cargado de actividades, jugaron un pequeño partido de futbol de chicos versus chicas y luego del almuerzo las chicas se pusieron a tomar sol mientras los chicos fueron a hacer senderismo.

Por la tarde volvieron a la ciudad. Diego manejaba y todos sus pasajeros iban dormidos. Cuando llegaron a la casa los despertó para que fueran a dormir a sus habitaciones. Luis se despidió para ir a su casa y les agradeció por todo.

Diego fue a acostarse y Tizi ya estaba durmiendo así que la rodeo con los brazos y se durmió a su lado. Esto se sentía hermoso para él.

El lunes se despertó temprano y se fue a trabajar. Tizi se despertó después de un rato y encontró una nota al lado de la cama, todos esos días había encontrado una. Esta vez decía «Fue un fin de semana perfecto, tú eres perfecta... PD: Te Amo». Sonrió y luego fue a prepararse algo para desayunar, Silvia estaba sentada tomando un café, la miró y bajó la vista.

—¿Qué pasa? —le preguntó ella.

—Nada —dijo Silvia.

—Mmmm… ¿Por qué me parece que me estás mintiendo? —preguntó Tizi.

—No te estoy mintiendo —dijo Silvia llevándose su café a la boca, Tizi se terminó de preparar el suyo y se sentó frente a ella mirándola.

—Sabes que puedes confiar en mí, ¿no?

—Lo sé... —dijo Silvia.

Continuaron tomando el desayuno en completo silencio, Tizi terminó y fue a lavar su taza.

—¿Se cuidaron? —le preguntó entonces.

—Sí... —dijo Silvia.

—¿Y te sientes bien al respecto? —le preguntó volviendo a sentarse esta vez al lado de Silvia.

—Sí... —respondió ella sonrojada.

—¿Fue muy doloroso? —preguntó Tizi y le tomó de la mano con dulzura.

—No tanto... un poco…

—¿Él fue dulce? —inquirió.

—Sí... fue tierno y dulce... y también fue su primera vez —susurró.

—¿En serio? Eso es bueno, será especial para los dos —sonrió Tizi haciéndole una caricia en la mano.

—¿Crees que me he equivocado? —le preguntó Silvia.

—¿Lo pensaste bien antes de tomar la decisión? —quiso saber Tiziana.

—Sí... —respondió ella—. Lo amo, será por siempre mi gran amor... —Tizi sonrió.

—¿Te arrepientes?

—No —respondió Silvia con convicción.

—¿Entonces?

—Siento que les fallé a Diego y a ti —dijo Silvia con tristeza—. Diego me amenazó con que no hiciera nada.

—Diego solo es un hermano celoso y sobre protector que quiere lo mejor para su hermanita pequeña, no quiere que sufras ni que salgas lastimada de todo esto... A mí no me fallaste, no pienses eso... es tu vida, son tus decisiones y yo jamás te juzgaría Silvia —sonrió abrazándola—. Lo importante es que te sientas bien con tus decisiones. Vamos a mantenerlo en secreto de todas formas, Diego no tiene que saberlo... Solo prométeme que se cuidarán.

—Lo prometo —sonrió Silvia—. Eres la mejor persona que conocí en mi vida después de Diego, ustedes están destinados a estar juntos Tizi... prométeme que no te rendirás.

—¿Por qué lo dices? —quiso saber Tizi.

—Cuando los momentos sean difíciles Tizi, lucha por él... no te olvides que te ama y que siempre te amará. Ustedes deben estar juntos... solo ten siempre en mente eso…

—Silvia...

—Solo ten en mente eso y la promesa que me hiciste de que no lo dejarás nunca solo —sonrió.

—Está bien —respondió Tiziana con una sonrisa dulce—. ¿Qué haremos hoy?

—¿Qué quieres hacer? —preguntó Silvia.

—Vamos por Fio y vamos al cine, ¿te parece?

—Sí, eso suena genial.

***

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