Cuando me haya ido

42. Despedida

Estaban todos en la habitación de Silvia cuando un enfermero ingresó y los saludó.

—Está todo listo, señorita —informó a Tiziana—. Vengo a buscar a la paciente para trasladarla a la ambulancia.

—¿Qué? —inquirió Diego confundido.

—Vamos… estoy lista —añadió Silvia.

—¿A dónde? —preguntó Luis.

—Tú ve con ella en la ambulancia, Luis —comentó Tizi—. Nosotros los alcanzaremos allá con Diego.

—¿Alguien me puede explicar de qué se trata todo esto? —quiso saber Diego.

—Lo hago en el camino —añadió Tizi.

Tiziana le dijo a Diego a dónde iban y le explicó que Silvia le había pedido que le ayudara a organizar aquello, que no sabía más que eso.  Diego se mostró molesto y nervioso, ya que le parecía una locura sacarla del sanatorio y exponerla al aire fresco del exterior, más a las alturas, y también porque no se lo habían preguntado.

—Si te lo decíamos no lo ibas a permitir —dijo Tiziana—. Tenemos el permiso del doctor, Silvia lo desea —insistió.

Y tras aquello, Diego se mantuvo en silencio.

Cuando llegaron al lugar, el enfermero trasladó a Silvia en una silla de ruedas hasta el sitio que habían acordado. Allí ya los esperaban Fio y Miguel, Tiziana había mandado preparar un hermoso y acogedor sitio donde ella podría recostarse en una reposera y cubrirse con mantas llenas de mariposas y corazones. Alrededor, había una silla para cada integrante del grupo.

Todos tomaron sus puestos y Diego abrigó bien a su hermana. Silvia se acomodó y sonrió, levantó la vista y la perdió en el cielo azul, todos hicieron silencio.

—Bien, estoy muy feliz de estar aquí, de poder respirar todo este aire puro, de poder estar rodeada de las personas que quiero de verdad. Es importante para mí que me escuchen lo que tengo para decirles porque pronto ya no tendré fuerzas para hacerlo. Yo sé que están tristes aunque intenten ocultarlo, sé que tratan de ser fuertes para y por mí, pero no tienen que estar tristes, yo no lo estoy. —Hizo un silencio mientras los demás intentaban no llorar—. Miren allá abajo —añadió y señaló las barandas—. Si nosotros ahora estuviésemos abajo, solo podríamos ver la puerta y las paredes de los edificios que están alrededor, quizás a un par de personas que estuvieran cerca… pero si ustedes ahora se acercaran a las barandas, podrían ver mucho más. Quizá a toda la gente que viene de un lado y del otro, los edificios desde otra perspectiva, a la gente que está en la plaza que queda en frente. Podríamos incluso hacer un pequeño mapa porque seríamos capaces de comprender dónde se unen las calles aledañas…

Se detuvo un rato para respirar y poder continuar, últimamente hablar así le cansaba demasiado.

—Quería que estuvieran todos aquí para recordarles que siempre podemos mirar las cosas desde otra perspectiva y que eso muchas veces nos puede brindar las respuestas que buscamos. Ustedes se enfrentan a la pérdida, piensan con tristeza porque saben que voy a morir… pero si vemos desde otro modo, yo voy a ir a otro lado… Voy a poder ver a mis padres y abrazarlos, ya no voy a estar enferma… Y nos volveremos a ver, algún día, cuando ustedes tengan que ir también…

»Yo creo que eso es buena idea, imaginar que he hecho un largo viaje. Yo creo en la fuerza del amor, y el amor no se termina porque uno no esté físicamente con la persona que ama. Diego, tú sabes muy bien que yo no dejaré de amarte porque no esté, así que no quiero que estés triste. Estoy cansada de ver esa versión de ti, quiero verte feliz, cumpliendo tus sueños, creyendo en ti mismo… Te pasas la vida menospreciándote, sientes que te falta algo y que has tenido mala suerte, te regañas por oportunidades que no tuviste mientras dejas pasar las que sí tuviste…

»Tiziana, ¿y tú?... Me enseñaste a no rendirme, me dijiste que todo es posible y que debo luchar por mis sueños. Pero ¿dónde está tu lucha? ¿Por qué te resignas a vivir una vida a medias? Sabes por qué te lo digo…

»Y tú, Luis. No pienses que conmigo se te va la vida, no creas que soy tu única y última esperanza de amar... Tu corazón sanará y podrás volver a amar, y quiero que lo hagas, porque mereces ser feliz, tanto como yo lo soy contigo... Mereces a alguien que te ame tanto como te amo yo y te recuerde que la vida es más bella si amas y te sientes amado. Yo te amo y te amaré por siempre y también quiero que lo sepas, mucho más allá de esta vida... Gracias por hacerme tan feliz, por enseñarme a amar y a ser amada, y perdón por tener que irme…

»Fio y Miguel, los quiero, gracias por mostrarme que vale la pena luchar por los sentimientos y que el verdadero amor existe, gracias por nunca rendirse y por no dejarme sola nunca. Gracias Fio por las bromas, por las tardes de chicas, por levantarme el ánimo en más de una ocasión. Tizi y tú me enseñaron que las verdaderas amigas si existen y me dejaron ser parte de sus mundos.

»Los amo mucho a todos y quiero que siempre sean capaces de ver las cosas desde otro punto de vista, no solo desde el ángulo que lo están viviendo, porque eso es egoísta. Suban… vean por arriba de lo que ven los demás, pregúntense que harían si no fuesen ustedes, si tuvieran que aconsejar a alguien que está viviendo lo que ustedes viven. Sean empáticos, sean capaces de ver el todo de la situación, no ese pequeño detalle que los tiene encasillados en la tristeza o la desesperación. Solo así podrán entender el plan que el universo o Dios, o lo que quieran creer, tiene para ustedes. Ese plan termina siempre en la felicidad... No se desanimen por el tiempo perdido, ni pierdan más tiempo en nimiedades, solo vivan, disfruten, amen y sean felices…

»Porque cuando todo acabe y les toque hacer el viaje que voy a hacer ahora, solo llevarán consigo todo eso que hicieron, toda las alegrías que vivieron, el amor de las personas que están cerca y el amor que ustedes brindaron. No lleven remordimientos, culpas o cosas que pudieron haber hecho y no se hicieron...




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