Via
Recordaba lo que tanto me decía mi abuela Dani:
Si está destinado a ser, será.
Repetía las palabras una y otra vez en mi mente mientras acariciaba el tatuaje en mi antebrazo izquierdo.
—Si lo piensas mucho, no saldrá como esperas —comentó una linda chica a mi lado.
Aunque lucía amigable, su postura y su belleza me hacían sentir insegura.
—¿Cómo sabes qué es lo que estoy pensando? —respondí.
Alcé una ceja, sin despegar los ojos de la pared frente a mí.
—Soy Anny. Por cierto, lindo cabello —estrechó mi mano, dedicándome una sonrisa inexplicable.
—Via —me presenté, ignorando su supuesto cumplido. Así no le daría la oportunidad de mofarse de mí—. Un gusto.
Sin dejar de mover la pierna, mi espalda comenzaba a molestarme. Me obligaba a mantener una postura recta, pretendiendo que sabía que era lo hacía. Esto solo sería una oportunidad más, anexada a mi gran cementerio de fracasos.
Forzando una sonrisa, esperaba que Anny entendiera que quería estar sola. Mi intención no era ser su amiga. Menos deseaba coquetear. Simplemente quería que ese incómodo momento pasará.
Al cumplir con la audición, después podría ir a casa a dormir.
—Si te preocupas de más, te sobreestimulas —volvió a hablar, buscando la manera de captar mi intención.
Para tener una voz tan dulce, sus palabras sonaban crudas, conocía este mundo y, de no ser por mis nervios, no habría problema. Podríamos hablar y compartir lo que sentíamos, pero no era momento de jugar a las amiguitas.
—Cierto —acoté, dejando salir un profundo suspiro.
<<Por favor, deja de hablar y vete>>
—Si sobrepiensas, te dañas a ti misma.
Sus palabras me hicieron girarme hacía ella.
—Sí, claro —expresé con la ilusión de que captara la indirecta de dejarme en paz.
La cual había funcionado por un segundo, hasta que escuché su parlanchina voz:
—Si me sigues ignorando y nada más fingiendo que me prestas atención, seguiré hablando. ¿Hablas conmigo o no te dejo en paz?
Puse los ojos en blanco y me crucé de brazos.
<<¿Qué quería de mí? ¿Esperaba que sacara una taza de té y platicáramos de nuestra vida? No, mejor que jugáramos a las muñecas y así nos convirtiéramos en mejores amigas >>.
Me sostuvo la mirada, sin parpadear ni un segundo. No tenía más remedio que hablar con la hermosa mujer a mi lado.
¿Por qué hablaba conmigo si técnicamente estábamos compitiendo por lo mismo?
Éramos rivales que peleaban por un lugar en esta producción.
—Está bien —admití, resignada.
—¡Andrés! —gritó Anny, casi reventando mis tímpanos—. Ven, ven —Agitó su mano, invitándolo a que se acercara—. Te quiero presentar a mi nueva amiga.
<<¿Nueva amiga?>>
Fruncí el ceño al escucharla llamarme así, y al ver que el chico que, al parecer, se llamaba Andrés se paraba justo delante de mí, el deseo de huir me invadió.
La figura del hombre alto, con su porte elegante y su postura recta, me hizo sentir una bolita pequeñita en el lugar. Lo analicé desde sus zapatos de vestir, negros y pulcros, hasta sus lindos y verdosos ojos.
¿Yo lo conocía?
Claro que reconocía esa gran espalda.
Esos bíceps. Ese cabello. Y ni se diga ese pecho musculoso.
Era Andrés.
¿¡Andrés!?
Tragué grueso y me quedé sorprendida, boquiabierta. ¿Cómo le hacía frente al mismo hombre a quien miraba a través de mi teléfono?.
Lo reconocía por las fotos de sus redes sociales y por sus proyectos. El actor que se había convertido en mi amor platónico desde que lo vi. Quien me hacía ver sus películas y sus series solo porque él salía en ellas.
El hombre que interpretaba, en cada uno de mis sueños y mis escenarios ficticios, a mi esposo, mi novio y el padre de mis hijos.
Bueno, eso había dejado de pasar desde ayer.
Nunca consideré que, al ser actriz, en algún punto podría conocer a personas con las que he estado enamorada/obsesionada toda la vida. Nunca formé un plan de emergencia en estos casos.
¿Qué se hacía cuando conoces al hombre con el que te habías creado una vida de ensueño antes de dormir?
Bajé mi vista en un intento de ocultar mi nerviosismo o, más bien, de ocultarme de él.
—Anny —habló con voz grave, abrazándola.
Vaya, era igual de guapo en persona que como lo era en la tele, y su voz concordaba con la voz de mi cabeza cuando lo imaginaba.
—Ella es Via, mi nueva mejor amiga.
<<¿En qué momento pasamos de ser extrañas a amigas y ahora a mejores amigas?>>
—Hola —me saludó.
Al no recibir mi respuesta, terminó agachándose en cuclillas para poder ver mi rostro.
—Soy Andrés.
<<Vamos, cerebro, reacciona. No importa lo guapo que era, ni su delicioso perfume.>>
—Hola —titubeé en cada letra.
—Es un placer, Via —estiró su mano para saludarme.
Subí mi vista para mirarlo y caí en sus encantos. Esas gemas verdes que tenía por ojos me atraparon, robándome la respiración.
Al estar nuestras manos en contacto, los escalofríos recorrieron mi cuerpo y un raro sentimiento se acumuló en mi estómago.
—Igualmente —respiré profundo, y él solo sonrió.
Su hermosa sonrisa iluminó su rostro, digna de una foto que ocuparía espacio en mi mente, como lo fue la fantasía de una vida juntos.
Una notificación llegó a mi teléfono, haciéndome soltar su mano. Andrés arrugó su nariz, como si le hubiera molestado mi rechazo. Se enderezó y se sentó a mi lado, sin dejar de platicar con Anny.
Ignoré la conversación, sin dejar de notar las pequeñas miradas que me dedicaba Andrés.
Un nuevo seguidor, acompañado de una solicitud de mensaje en mis redes sociales, despertó mi nuevo interés.
Estrella fugaz: ¿Sabías que, en realidad, estamos compuestos por estrellas muertas?
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Editado: 07.07.2026