Cuando nace una estrella.

Capítulo 4. ¿Siempre?

Damián.

—Tu novia ya respondió.

Salí corriendo para llegar hasta la habitación de mi hermano y le arrebaté el teléfono. Me aventé boca abajo en su cama y abrí impacientemente la conversación.

—¿Qué le digo? ¿Qué le digo? —la desesperación me dificultaba el poder pensar con claridad.

—No sé. Tú eres quien la está conquistando, no yo.

—Tú eres el mujeriego, tienes experiencia en esto. Ayúdame —le supliqué a Esteban.

—No lo sé.

Si lo sabía, pero no me quería ayudar.

—Por favor —le imploré, haciendo un puchero.

—N.O.

—Nunca me ayudas en nada —le saqué la lengua y me fui al sillón donde estaba Fer—. ¿Alguna vez te he dicho que eres mi mejor amiga y la mejor manager?.

—¿Qué quieres que haga? —cuestionó resignada, como si estuviera acostumbrada a que le pidiera favores

—Que lo ayudes a conquistar a su novia —se entrometió Esteban.

—Me caes mejor cuando te callas.

—Me caes mejor cuando te callas —me arremedó haciendo voz tonta—. Tú me caes mejor cuando no te veo.

Con fuerza, le lancé la almohada que estaba cerca y le hice cara fea.

—¿Qué le respondo? —me giré por completo hacia Fer, mi única salvación—. Ayúdame, por favor.

—Veamos su historia y de ahí le comentas algo —me sugirió y yo accioné. Abrí la imagen, donde solo aparecía su mano sosteniendo una hoja—. Ponle algo esperanzador sobre que sea ella misma y triunfará.

Le hice caso por primera vez en nuestra amistad y me tumbé en el sofá por completo, dejando caer el celular al piso.

—Mi teléfono, animal —renegó mi hermano desde el otro lado de la sala.

Levanté el dispositivo y se lo arrojé desde donde estaba.

Festejé que él apenas lo logró atrapar.

***

Via

—Tenemos que celebrar que sobrevivimos —propuso Anny al verme salir del lugar—. Salgamos a comer a un restaurante.

—No —me apresuré a negar—. No tengo ganas de seguir conviviendo con tanta gente —mentí nuevamente.

No podía salir a comer a cualquier lugar. No me podía arriesgar a comer lo que fuera. Si íbamos a algún restaurante, no sabría cuántas calorías tendría cada comida, y ya había comido mucho en los últimos dos días a causa de la ansiedad. No podía darme el lujo de comer de más.

Ya me había fallado; un día más sin seguir mi régimen alimenticio no sería correcto.

—Cierto, ya estuvimos rodeadas de mucha gente. ¿Quieres venir a mi casa a comer? —me invitó con su sonrisa tierna.

Lo más rápido y fácil era negar nuevamente, pero, para lo poco que la conocía, sabía que ella no lo permitiría.

—Sí, me encantaría —acepté, dudosa.

Tenía que encontrar la manera de que no se diera cuenta. Tal vez podría tirar la comida a la basura antes de que lo notara, dejar todo en mi plato y decir que me dolía la panza o simplemente comerlo y salir a correr en la noche.

Ya me inventaría algo.

—Me alegro, porque irá Andrés también —mencionó alegremente—. Tengo el raro presentimiento de que, no importa lo que pase, si nos dan el papel o no, creo que todos seremos grandes amigos —dio pequeños saltitos mientras aplaudía levemente de la emoción.

Ella estaba sonriente y feliz. Creo que sí deseaba que todos fuéramos amigos.

—Mi novio vendrá por nosotros tres para irnos todos juntos en el auto —anunció Anny.

No importaba. Debía ser profesional. No pasaba nada, podía convivir con mis compañeros actores.

Pero Andrés era otra historia.

Sí, era guapo. Sí, era musculoso. Sí, era alto.

Podía ir en el auto al lado de él sin problema.

—Todo estuvo muy rico. Gracias, Anny —agradecí, para quitar la atención de los platos de comida, puesto que el mío tenía más de la mitad.

—Fue todo gracias a Josh. Él es bueno para cocinar.

—Gracias, Josh —me levanté y recogí los platos, apresurándome a tirar lo que restaba de la comida a la basura.

—Es un placer cocinar para ustedes —respondió Josh.

Regresé a mi lugar a lado de Andrés.

—Siempre creí que estabas enamorado de mí, pero supuse que no querías que Anny se enterara —bromeó Andrés.

—Lo acepto, es que eres tan guapo —le siguió el juego Josh.

—Ya bésense mejor —siseó Anny, retractándose al instante, pues parecían ser capaces de hacerlo—. No, mejor yo me beso a Josh y pues.. —nos señaló a Andrés y a mí—, hagan lo que mejor les parezca.

—No me molestaría —comentó, despreocupado Andrés—. No es como si nunca nos hubiéramos besado antes.

Mis ojos casi se salieron de las órbitas por la impresión. En la escena sí hubo beso, he de decir que cierta parte de mi ser lo sabía; únicamente que no quería reconocerlo.

Yo permanecía en silencio ante tales palabras. ¿Cómo estaba tan tranquilo diciendo eso? Si nos besábamos fuera de escena, sería irrespetuoso para su novia.

—¿Te comió la lengua Andrés cuando se besaron o por qué no dices nada? —me preguntó Anny, tratando de ser chistosa.

La vergüenza inundó mi cuerpo y mi cara se tornó roja. Intenté defenderme, pero no sabía qué decir. Por suerte, la llamada entrante en el teléfono de Anny me salvó el pellejo.

—¡Cállense, cállense, cállense! Es la productora —todos nos quedamos pasmados, en silencio, mirándonos confundidos—. Ajá... Ajá...Sí, claro... Por supuesto. Ahí estaremos.

Los nervios se volvieron nuestros peores enemigos. Andrés tomó mi mano y la apretó, en manera de darme ánimos y prepararse él también, al no saber que se avecinaba.

Anny terminó de hablar por teléfono y se nos quedó viendo, sin decir nada, sin moverse. Dios mío, nunca me había ilusionado tanto como en este momento.

—Me eligieron para el proyecto —mencionó emocionada, casi llorando.

—¡Felicidades! —dijimos Andrés y yo al mismo tiempo, ocultando nuestra decepción al no ser llamados, pero igual muy felices por ella.




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